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Jesús Herrero Marcos
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02 Diccionario de símbolos B

Báculo

 

La función natural del báculo, bastón, vara o cayado, es el de apoyo y ayuda para caminar. No obstante, el uso que se le ha dado como atributo a lo largo de la historia tiene matices más trascendentes.

 

Panteón de los Reyes en San Isidoro de Leon

Panteón de los Reyes en San Isidoro de León.

 

En Egipto, por ejemplo, era uno de los símbolos del poder real, por lo cual es corriente verle en manos de los faraones. Su origen, sobre todo del “heqat”, es el cayado curvo de los pastores, mientras que el “uas” suele aparecer tan sólo en escenas de tipo funerario.

 

Templo de Wadi el Sebua El faraon se presenta ante Horus que porta en su mano el cetro Uas

Templo de Wadi el Sebua (Orillas del lago Nasser) El faraón se presenta ante Horus que porta en su mano el cetro Uas.

 

En Grecia, tanto los jueces como los maestros, utilizaban el bastón, unos como atributo de su poder para juzgar las buenas y las malas acciones, y los otros como símbolo de sabiduría y capacidad para transmitirla a los alumnos.

Podemos, pues, considerar el bastón o báculo como símbolo del poder. En este sentido es significativo el episodio bíblico narrado en el Éxodo (7, 8-12): «Habló Yahvé a Moisés y a Aarón, y dijo: Cuando el faraón os diga: Haced algún prodigio, dirás a Aarón: Toma tu cayado y échalo a los pies del faraón, y que se convierta en serpiente. Se presentaron, pues, Moisés y Aarón ante el faraón e hicieron lo que Yahvé había ordenado: Aarón echó su cayado delante del faraón y sus servidores y se convirtió en serpiente. También el faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos hicieron con sus encantamientos las mismas cosas: Echó cada cual su vara y se convirtieron en serpientes, pero el cayado de Aarón devoró sus varas. De esta manera quedó patente el poder de Yaveh sobre el faraón y los dioses egipcios».

 

Aarón echo su cayado delante del faraón y se convirtio en serpiente

Aarón echó su cayado delante del faraón y se convirtió en serpiente. Biblia Legionensis.

 

Posteriormente, ya fuera de Egipto, extendiendo su bastón sobre las aguas del mar Rojo, Moisés abrió, con el poder de Dios, un paso para los hebreos entre las olas que, después, se cerraron sobre los egipcios haciéndoles perecer ahogados. Más tarde, ya en pleno desierto, cuando el pueblo elegido estaba a punto de morir de sed, Yahvé ordenó a Moisés golpear la roca de Horeb con su cayado, de la que brotó agua para que el pueblo bebiera.

Por lo tanto, el simbolismo del báculo, reviste a quien lo lleva, no sólo del poder de Dios, sino que además lo habilita como guía espiritual o maestro.

Esto es justamente lo que simboliza el báculo episcopal, rematado normalmente en el extremo superior con la espiral formada por el cuerpo de la serpiente, en parte para recordar el episodio de Moisés con el faraón, y en parte para simbolizar la creación, pues el grafismo de la “espiral”, ya desde tiempos remotos, es símbolo de la creación y del eterno devenir en perpetua expansión, y precisamente esa forma tienen las galaxias en desarrollo, tal como las podemos observar hoy a través de un telescopio.

Tanto la “serpiente” como el “dragón”, –que veremos adornando no sólo los báculos episcopales, sino también las letras capitales de muchos manuscritos e incluso nervios de cúpulas y bóvedas–, aparecen como constelaciones estelares en muchas culturas de las que el cristianismo extrae esta iconografía de significado cósmico y solar.

 

Báculo episcopal conservado en los Museos Vaticanos

Báculo episcopal conservado en los Museos Vaticanos.

 

Algunos cayados o bastones se rematan por la parte superior en forma de tau. Para los judeo-cristianos era el signo de Yahvé, que incluso, como nos recuerda un pasaje de Ezequiel, se escribía sobre la frente de los miembros iniciados de la comunidad mesiánica («…los conoceréis por sus frentes..».). Algunos apóstoles usan un bastón de este tipo en la iconografía cristiana, como Santiago Apóstol.

En ocasiones, el arcángel san Gabriel también es portador de una vara en la escena de la Anunciación. Se trata de uno de los atributos tradicionales y clásicos de los heraldos de los dioses, y cuyo origen se halla en la vara de Mercurio, mensajero de Júpiter. La referencia es clara como ayuda al que recorre un determinado camino para cumplir una misión encomendada por la divinidad. A veces esta vara ha sido adaptada definitivamente por el cristianismo añadiendo una cruz en su extremo superior.

 

 

Balanza

 

En general podemos decir que la balanza representa a la Justicia en la iconografía de casi todas las culturas o religiones. En ellas se usa para representar la toma de decisiones de los dioses con respecto al destino de los hombres.

En Egipto es el instrumento habitual en la escena de la “psicostasia”, en la que el alma del difunto es pesada en uno de los platillos y en presencia de Maat –diosa de la Justicia– y Osiris. Si las acciones buenas del difunto durante su vida inclinaban el platillo del lado de la Justicia, el alma accedía con todas las garantías al mundo de ultratumba. De lo contrario perecería inmediatamente en las fauces de Ammit, diosa devoradora de los muertos, representada con cabeza de cocodrilo, parte delantera de león y trasera de hipopótamo, con lo que el acceso a la eternidad le quedaba vedado sin remedio y para siempre.

 

Libro de los Muertos Papiro de Hunefer con la de la escena de la psicostasia o pesaje del alma

Capítulo 125 del Libro de los Muertos. Papiro de Hunefer con la de la escena de la psicostasia o pesaje del alma.

 

Mitra, siguiendo esta misma tradición, pesa con una balanza los espíritus de los que se disponen a atravesar el puente del destino. También aparecerá la misma escena en algunos vasos griegos, en los que veremos a Hermes pesar las almas de Aquiles y Patroclo, o a Temis –hija de Urano (cielo) y Gea (tierra) –, significativa portadora de la balanza donde se equilibran ambos mundos. También Zeus pesa en la balanza de oro el destino de los hombres, de lo cual encontraremos numerosas citas en la literatura clásica.

En la Biblia, hay algunos pasajes referentes a esta tradición, como en el libro de Job (31, 5-6): «¿He caminado junto a la mentira? ¿He apretado mi paso hacia la falsedad? / ¡Péseme Él en balanza de Justicia, conozca Dios mi integridad!», lo cual tiene indudables paralelismos con el “Libro de los Muertos” egipcio.

El dios ibero Untibeles, asumido por Roma como Indovélico Máximo, será también portador del instrumento de justicia y de aquí, junto a la tradición egipcia trasmitida a través del mundo hebreo y posteriormente el árabe, pasará al cristianismo y al románico, donde san Miguel asume el encargo de portador de la balanza que, a partir de ese momento será uno de los atributos más usados en la iconografía del arcángel.

 

Capitel del claustro de la Concatedral de San Pedro en Soria con la escena del pesaje del alma

Capitel del claustro de la Concatedral de San Pedro en Soria con la escena del pesaje del alma.

No podemos olvidar la connotación cósmica de la balanza como integrante del Zodíaco, plasmación del orden universal creado por Dios Cronocrátor, o Dominador del Tiempo. El signo de Libra, una de las doce divisiones, encajada en el equinoccio de otoño, tiene como función equilibrar en el fiel de la balanza la duración de los días y las noches. Su antecedente clásico es Saturno-Cronos, dios del Tiempo. Por lo tanto, a la idea de Justicia habría que añadirle, cuando se trata de su iconografía zodiacal, la de equilibrio, contrapeso y moderación entre fuerzas contrapuestas.

 

 

Baldaquino

 

La forma semiesférica que cubre en ocasiones algunos altares tiene una relación directa con el simbolismo de las cúpulas de los templos, como vimos, es decir, se trata de la representación en la tierra del espacio cósmico donde se ubica la Casa de Dios. Los orígenes de este elemento arquitectónico son remotos y se producen en casi todas las culturas.

 

Baldaquino cubriendo uno de los altares laterales de la iglesia del Monasterio de San Juan de Duero en Soria

Baldaquino cubriendo uno de los altares laterales de la iglesia del Monasterio de San Juan de Duero en Soria.

 

Su posible uso como protección contra los elementos de las mesas de ofrendas a los dioses tal vez sea el antecedente lógico y justifique su presencia posterior, aunque con usos más matizados.

En el románico los veremos, en algunas iglesias de nuestra geografía, cubriendo el altar, donde a veces se guardaban las formas consagradas y, en cualquier caso, se materializaba la presencia de Dios en esa simbólica tienda que mandó construir a su pueblo para habitar en medio de ellos. Los actuales sagrarios responden, en el fondo, a la evolución del baldaquino a lo largo de la historia.

 

El baldaquino de Bernini en la Basilica de San Pedro en Roma

El baldaquino de Bernini en la Basílica de San Pedro en Roma.

 

Y refiriéndonos a otras culturas, como apuntábamos más arriba, no podemos olvidar el paralelismo con el naos egipcio, una especie de mueble en forma de nicho o sagrario que se ubicaba en la zona más oscura y secreta del templo, en cuyo interior se guardaba la estatua del dios,  fuera del alcance de las miradas del pueblo. Paralelismo simbólico en cuanto a lo arquitectónico y, al mismo tiempo, en cuanto a lo funcional, pues las columnas que sostenían el baldaquino de los templos cristianos servían, además, para instalar las cortinas o telones que cubrían a las miradas de los fieles el espacio interior donde se desarrollaba la función religiosa a la que asistían. Esta costumbre de ocultar los movimientos rituales del sacerdote es corriente en muchas culturas, además de la egipcia y, en lo que al cristianismo se refiere, llegó hasta los momentos previos a la eclosión del románico. Podríamos citar como antecedente inmediato la iglesia de San Julián de los Prados, en Asturias, en cuyas pinturas murales se puede ver iconografía alusiva al respecto.

Por otra parte, el baldaquino se relaciona con el palio, también con antecedentes en estas mismas culturas, como en China, donde este baldaquino móvil simboliza directamente el cielo o la casa cósmica, al tiempo que protegía y realzaba la figura del emperador, el cual se desplazaba en procesiones rituales; o bien, de forma estática, y como elemento arquitectónico y ornamental, cuando cubría la figura del soberano sobre el trono, debidamente elevado sobre altos estrados.

 

 

Basilisco

 

Basilisco en uno de los capiteles del portico de la iglesia parroquial de la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre

Basilisco en uno de los capiteles del pórtico de la iglesia parroquial de la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre.

 

Para Plinio (“Historia Natural” VIII, 78), …el basilisco es como una pequeña serpiente con una mancha blanca en forma de corona sobre la cabeza. Mata y seca los árboles jóvenes, quema los pastos y resquebraja las piedras solo con su aliento. Si un caballero la atraviesa con su lanza, muere éste junto con su montura, pues el veneno del reptil sube por el palo de la lanza hasta su brazo y hace presa en él… a pesar de lo cual, añade Plinio …este monstruo terrible es débil ante las comadrejas, pues en la naturaleza todo tiene su equilibrio…

En Egipto, según algunos autores clásicos, fue equiparado el basilisco con el Ureo, representación de la Eternidad, pues como dice Horapolo en su “Hyeroglyphica”, …es la única especie de serpiente que no muere. Mata a cualquier animal solo con el veneno de su aliento sin necesidad de atacarlo…

A partir de ese momento, el basilisco comienza a ser elemento maligno hasta llegar a convertirse en símbolo demoníaco.

 

Basilisco sujetando la balanza en la escena del pesaje de las almas en la iglesia de Santa Maria en la localidad de Wamba Valladolid

Basilisco sujetando la balanza en la escena del pesaje de las almas de la iglesia de Santa María en la localidad de Wamba (Valladolid).

 

En el salmo 90, 13 de David titulado “Bajo las alas divinas”, salmo en el que se describe la protección que Yahveh proporciona al justo, se dice: …sobre la culebra y el basilisco caminarás, y pisarás al león y al dragón…y más tarde, en Isaías (14, 29), en su profecía contra los filisteos: …No te alegres, Filistea toda, porque se haya roto la vara del que te hería, pues de la raíz de la culebra nacerá el basilisco y su fruto será el dragón volador… Siguiendo con Isaías, en el salmo penitencial (59, 5), se dice sobre los impíos: …incuban huevos de serpientes y tejen telas de araña; el que come los huevos muere y si los rompe sale un basilisco…

Y aquí se origina una cierta confusión entre los distintos animales que intervienen en la creación del monstruo y que luego dará lugar a inconcreciones iconográficas a la hora de ser representado en los bestiarios.

En realidad, y al margen de las variadas y múltiples teorías que se han dado a lo largo de la historia, la opinión mayoritaria es que el basilisco nace de un huevo de gallo empollado por un sapo sobre estiércol. Eclosionado el huevo, el monstruo resultante es una serpiente, más o menos draconiana, con cabeza, cresta y alas de gallo y cola de serpiente. El cuerpo es lo que más variaciones admite a la hora de su plasmación en capiteles, pinturas y miniaturas medievales. En un capitel del pórtico de la villa burgalesa de Rebolledo de la Torre, lo encontraremos con cuerpo humano y cabeza de gallo, aquí representando al demonio a punto de conducir al rico Epulón de la parábola evangélica, directamente al infierno. El rico Epulón paradigma de la avaricia, cuyo pecado se representa precísamente por medio de la bolsa que lleva colgada al cuello.

Este papel de conductor de almas al infierno también lo encontraremos, aunque muy deteriorado,  en uno de los capiteles de  portada de la ermita de la villa palentina de Vallespinoso de Aguilar.

Y como psicopompo, es normal verle en escenas de psicostasia, o pesaje de las almas, sujetando uno de los platos de la balanza frente al arcángel san Miguel, valedor de las almas en el juicio definitivo. Incluso el propio san Miguel será plasmado en ocasiones alanceando al reptil.

Regresando a la historia del monstruo, en Asiria, Nergal, dios de la guerra, estaba representado por un gallo con cuerpo de dragón, al que hay que añadir dos o cuatro patas y alas.

 

Basilisco sobre la portada de la iglesia de Santa Maria en la localidad navarra de Sanguesa

Basilisco sobre la portada de la iglesia de Santa María en la localidad navarra de Sangüesa.

 

En el mundo cristiano, el basilisco siempre fue la viva imagen del diablo, haciéndose eco de su maldad histórica. Su gestación dio lugar a grandes debates, en muchos casos con elevadas dosis de comicidad, sobre todo cuando algunos reconocidos filósofos y teólogos cristianos, entre los que no faltó san Alberto Magno, se enzarzaron en el importante asunto de si el bicho nace de un huevo de gallo -no gallina- viejo, que al principio, después de su eclosión parece un pato; o no lo parece; o el huevo no tiene cáscara pero sí una piel durísima que no puede romperse; o que el huevo lo incuba un buho con una víbora, o para otros un sapo;incluso que es fecundado por el propio infierno…

En resumidas cuentas no hacían otra cosa que recoger todas las leyendas clásicas y demás historias que luego irían a parar a las “Etimologías” de san Isidoro (XII, 4, 6-9) y que al final serían la base de los textos de los bestiarios medievales. En ellos se dice que su nombre, en griego “basiliscus” y en latín “regulus” -reyezuelo-, viene porque este reptil es considerado rey de las serpientes, …pues éstas huyen, junto con el resto de los animales, ya que con solo su venenoso hedor les mata… -como ya vimos-.

 

Basilisco en uno de los capiteles del portico norte de la iglesia de San Martin en la ciudad de Segovia

Basilisco en uno de los capiteles del pórtico norte de la iglesia de San Martín, en la ciudad de Segovia.

 

También se dice que “…al hombre le fulmina tan solo con la mirada…” por lo que en muchas leyendas se narra como, al igual que con Medusa, había que atacarle provistos de un espejo donde al reflejarse su mirada, él mismo moría.

Como solo las comadrejas le pueden hacer daño, “el hombre las lleva a su escondrijo …y apenas las ve el monstruo, huye, pero éstas le persiguen hasta matarle…”

Con las medidas del basilisco -medio pie, lo que no es mucho para animal tan dañino-, y la mención a las manchas blancas de su cuerpo o cabeza, concluyen los bestiarios el epígrafe, al que no añaden ninguna consideración de tipo moralizante.

 

 

Batracio, sapo, rana.

 

Miniatura del Comentario al Apocalipsis del monje Beato Apoc XVI 13 Folio 220 v del Beato que Fernando I encargo a Facundo siglo XI depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Miniatura del Comentario al Apocalipsis del monje Beato (Apoc. XVI, 13). Folio 220 v. del Beato que Fernando I encargó a Facundo (siglo XI), depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid.

 

La figura del batracio como objeto simbólico se remonta al Paleolítico Superior, como lo demuestra un grabado sobre hueso encontrado en la cueva de Les Trois Freres, en el sur de Francia. Más tarde la encontraremos en el Neolítico grabada sobre piedra o silueteada en arcilla sobre la pared o modelada en cerámica, cual es el caso del yacimiento de Hacilar, Anatolia, representando, con cuerpo de batracio y cabeza de mujer, a la diosa Rana. Los abundantes grafismos conocidos, combinados habitualmente con elementos geométricos (retículas rojas o negras, círculos concéntricos y losanges) relacionan claramente a la diosa-batracio con el tema de la regeneración y el nacimiento.

El grado de estilización, fruto de lo habitual de sus representaciones a lo largo de la Prehistoria, la convierte casi en grafismo geométrico en la Cerámica Lineal de la zona centroeuropea, además de Creta y sur de Italia a comienzos de la Edad del Bronce, donde se prodiga en forma de figuras antropomorfas usadas como amuleto de fertilidad.

Esta tradición se mantendrá posteriormente, como en la ciudad minoica de Phaistos, donde aparecen los batracios decorando ánforas y ubicados bajo signos uterinos.

La ogdoada hermopolitana, o Hemenu-Sesenu de Egipto, -que comprende a cuatro parejas de dioses, implicados en la génesis de la creación y que fueron llamados Los Padres y Madres que crearon la Luz-, es representada con cabeza de serpiente en el caso de los dioses masculinos y ranas en las diosas femeninas. Son manifestaciones del dios Tot -las almas de Tot- y la razón de ser representados por estos animales viene dada por el hecho de ser los primeros que surgen y se manifiestan al comenzar la época de la crecida del Nilo y, además, los encargados de hacer nacer al sol de un huevo de loto fecundado por los dioses que permanecían en lo profundo del río.

 

Batracio con serpiente Canecillo de la iglesia de San Juan en la localidad de Arroyo de la Encomienda Valladolid

Batracio con serpiente. Canecillo de la iglesia de San Juan en la localidad de Arroyo de la Encomienda (Valladolid).

 

Curioso es, por lo tanto, verlos representados juntos en un canecillo de la iglesia de San Juan, -en Arroyo de la Encomienda (Valladolid)-, dejando a un lado la discusión de cómo llegó hasta allí esta iconografía y si los que la plasmaron conocían su verdadero origen, pues sabido es que no siempre la intención acompañaba al conocimiento de los autores.

Por lo tanto, los batracios eran considerados en Egipto símbolo de la fertilidad; en la época ramésida la rana se representa en el jeroglífico que significa la renovación de la vida e incluso de la resurrección, pues desaparece en la estación invernal para reaparecer en primavera en la mano del dios Nilo, cuyas aguas fecundaban la tierra. Así pues, se la llegó a llamar la que hace nacer. Hequet, Naunet, Keket y Niat, las diosas de la ogdoada, tienen en sus manos la llave de la vida y se las representa con cabeza de rana, aunque en este caso más relacionada con la idea de resurrección, por lo que se asocia también al batracio con los difuntos. Incluso se han llegado a encontrar sus momias embalsamadas en algunas tumbas junto amuletos con su icono.

Los primeros cristianos en Egipto relacionaron por ello a la rana con la resurrección de Cristo, uno de tantos símbolos que, una vez depurados de su mística pagana, pasó a formar parte de su particular iconografía.

Sin embargo, los hebreos consideraron a los batracios como animales inmundos y en el Apocalipsis (16, 13) se dice: …y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta salían tres espíritus inmundos como ranas…

En cuanto a los bestiarios medievales, ya desde el Fisiólogo, y sin diferenciar claramente ranas de sapos, distinguen algunos tipos de rana, entre ellos la seca, que puede morir si le sorprende la lluvia y se moja y la acuática, que vive cerca del agua y cuando sale el sol se sumerge. Las ranas secas son comparadas a los cristianos que ponen en peligro su alma si les sorprende la lluvia, es decir la lujuria, los fastos mundanos y las tentaciones en general. Las acuáticas representan a los que no pueden sufrir la abstinencia, el calor del sol y se lanzan al agua del pecado. Otro tipo de rana es la garrulitas o charlatana, porque va croando locamente y sin sentido.

En los bestiarios árabes las ranas terrestres son nocivas para quien las toca. Fácil es comprender que se están refiriendo a los sapos y sus variedades, entre las que ya empiezan a distinguir diferencias.

 

Simbolo de la lujuria en la portada oeste de la iglesia de Santa Maria en la localidad navarra de Sanguesa

Símbolo de la lujuria en la portada oeste de la iglesia de Santa María en la localidad navarra de Sangüesa.

 

Por otro lado, no podemos olvidar el hecho de que los batracios, y en particular el sapo, forman parte importante, junto a la serpiente, del prototipo iconográfico del pecado de la lujuria en el románico, es decir, una mujer desnuda con serpientes que muerden sus senos y uno o varios sapos que devoran su sexo. Este patrón se remonta a las diosas micénicas y las matronas romanas que representaban a la Madre Tierra, en este caso tumbada y desnuda en su mitad superior y con serpientes succionando sus pechos. El cristianismo incorpora el batracio a su iconografía para matizarla con signo negativo, pues dicho animal es aquí tenido por demonio que inflinge un castigo a su víctima. A todo ello hay que añadir que es un sapo el que empolla el huevo del que nacerá el basilisco, animal fantástico encargado de conducir las almas de los condenados al infierno.

 

 

Bautismo

 

Para los cristianos, el sacramento del bautismo es el mecanismo ritual por el cual, y a través del agua, se limpia el pecado original, se ingresa en la comunidad y se adquiere el estado de gracia.

Todas las culturas y religiones históricas han tenido una relación directa en sus entramados teológicos y rituales con el elemento agua y siempre como elemento purificador, regenerador, o como primer paso hacia la iniciación en una determinada línea de conocimiento de grupos cultuales. De la misma manera, la práctica del ritual acuático también conserva, desde tiempos remotos, los mismos ingredientes, tanto desde el punto de vista iconográfico como del mobiliario utilizado.

En cuanto a este último, elemento imprescindible es la bañera o pileta en la que el neófito se sumerge y que, posteriormente, ya en la época medieval, evolucionará hacia la pila bautismal, recuerdo a su vez del Mar de Bronce ubicado a la entrada del templo de Jerusalén como agente purificador.

En estas bañeras, piletas o piscinas rituales se lavaban y se sumergían las estatuas de los dioses con el fín, no sólo de purificarlas, sino también de regenerar su poder al entrar en contacto con el líquido dador de vida, el agua primordial. Es el caso de Egipto, Grecia o Roma, por citar  ejemplos significativos. Este mismo ritual lo llevaban a cabo las vírgenes que iban a contraer matrimonio que, además de purificarse, se imbuían del poder fertilizador del agua, cualidad que siempre ha tenido, ya desde tiempos prehistóricos, por simple experiencia diaria y visual.

Pitágoras era partidario de purificar el cuerpo como forma de acceder más rápidamente al conocimiento. Esto se hacía por medio de expiaciones y abluciones, previas a toda iniciación de catecúmenos, particularmente los dedicados a los misterios de Eleusis. La purificación del cuerpo alcanza también al alma y por esta razón se produce un renacimiento espiritual y, por lo tanto, el acceso a un nuevo estado de conocimiento.

 

Pila bautismal de Calahorra de Boedo Palencia con la escena de las mujeres ante el sepulcro

Pila bautismal de Calahorra de Boedo (Palencia), con la escena de las mujeres ante el sepulcro.

 

No obstante, los Padres de la Iglesia siempre consideraron el agua con recelo, no en vano era un elemento tradicionalmente pagano que, por derecho propio, había sido el eje mágico de culturas de tipo telúrico, típicas desde el neolítico, donde el agua que manaba de manantiales y cuevas era considerada como fuente de vida, y sus grafismos –líneas dentadas y onduladas–, decoraban vulvas y senos de figuras y diosas femeninas, amén de gran cantidad de vasijas contenedoras del líquido mágico y ritual, como se vio.

No hablemos ya del peligro que podía significar la sensualidad derivada del excesivo apego a los cuidados del cuerpo, sobre todo cuando se trataba de los baños calientes, tan extendidos en el mundo romano y que los Padres consideraron directamente pecaminosos e inmorales por excitar y exacerbar los sentidos y las bajas pasiones, poniendo en peligro la virtud de la castidad. Como remedio se extendió rápidamente la costumbre de bañarse en agua fria y, si era posible, helada, para apagar los fuegos inconvenientes, costumbre que llegó casi hasta nuestros dias con las mismas connotaciones y con evidente desprecio por la integridad física ante la más importante integridad espiritual.

 

En el año 661, Recesvinto dedica la basílica de San Juan de Baños a san Juan Bautista. Anteriormente había allí un templo romano dedicado a Esculapio y en su interior se descubrió un ara, –la llamada ara de las Ninfas– actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, con una dedicatoria que reza: «Numini sacrum voto soluto», es decir, «al numen del manantial, voto cumplido». Además, las excavaciones llevadas a cabo en el recinto, demostraron la existencia de una pequeña bañera ritual en la zona norte de la cabecera, con las correspondientes conducciones que acercaban el agua desde el manantial anexo. Todo ello coincide con el escenario de antiguos ritos paganos de purificación acuática por inmersión, potenciados además por el tradicional poder curativo que las aguas de este manantial poseían. Lo mismo sucedía en esos momentos en toda Europa, como lo demuestran la gran cantidad de romerías y fiestas que todavía en la actualidad se siguen produciendo en fuentes, manantiales y cuevas.

 

Iglesia de San Juan en Venta de Baños Palencia

Iglesia de San Juan en Venta de Baños (Palencia).

 

La representación gráfica del elemento purificador –líneas onduladas paralelas, normalmente dispuestas en semicírculo– empleada en escenas del románico como el bautismo de Cristo en el Jordán, o la Ascensión de Jesús, etc., coincide también, en los tres casos con elementos no sujetos a forma sustancial o identificadora definida o, por mejor decir, con grafismos similares, es decir, agua, aire y fuego, elementos purificadores a través de los cuales el espíritu asciende.

Por otra parte, el elemento tierra, también indirectamente purificador –pues a la tierra se desciende como paso previo a la resurrección física–, comparte la idea de inmersión purificadora que caracteriza al agua, es decir, el paso a través del elemento hacia otra etapa distinta en la vida, mientras que los otros dos serían más bien vehículos de ascensión.

Recesvinto, aquejado por añadidura de piedras en el riñón, enfermedad contra la que estas aguas tenían una especial eficacia curativa, paró a descansar en el lugar después de sus batallas contra los vascones y, seguramente en agradecimiento por su curación, levantó la basílica y cristianizó el ritual pagano de las aguas, aprovechando para ello, no sólo el mobiliario que ya existía, sino también las afinidades rituales y teológicas del rito pagano previo, con lo cual el pueblo pasó a convertirse sin recelos al cristianismo pues, en realidad, nada había cambiado drásticamente en sus costumbres.

Esta actitud táctica de Recesvinto de aprovechar todo lo anterior para, sin apenas transformación, cambiar radicalmente a la feligresía de bando, funcionó perfectamente y fue ámpliamente utilizada en los primeros años del cristianismo para la extensión de la doctrina.

 

Como adelantábamos en el epígrafe sobre el agua, en el Islam también se contemplan las purificaciones del alma como paso previo a la ascensión espiritual a través de los cuatro elementos que, a excepción del elemento tierra, quedan englobados en la misma idea, como veremos en la iconografía románica. Esta asociación del agua con los otros dos elementos purificadores –aire y fuego–, queda recogida también en el cristianismo, lo que demuestran numerosos ejemplos y citas bíblicas como en (Jn. 3, 1.9), «…el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios…», o en (Mt. 3, 11) en el que Juan Bautista se dirige a sus seguidores: «…Yo os bautizo con el agua pero el que viene detrás de mi os bautizará con el fuego del Espíritu».

 

 

Beato

 

El monje Beato es el supuesto autor del conocido “Comentario al Apocalipsis”. Su autoría no está totalmente confirmada ya que en algunos manuscritos medievales que hacen referencia al caso, la obra figura como de autor anónimo. Sin embargo, los expertos, basados en la pista cierta, y nada desdeñable, del prefacio del libro, en el que el supuesto autor dedica el mismo a su compañero Eterio –por lo que conocemos, muy unido a Beato– han atribuido a éste su redacción.

El monje Beato se refugia en Liébana con Eterio, procedentes ambos del sur de España, probablemente de Córdoba, en el último tercio del siglo VIII, huyendo de los árabes.

Allí se dedica a la tarea de redactar sus textos que servirán como instrumento para canalizar el espíritu de contestación del pueblo cristiano –oprimido en esos momentos por la invasión musulmana– hacia lo que luego sería la Reconquista, de la misma forma y con la misma intención con que el autor del Apocalipsis utilizó su obra en los primeros tiempos del cristianismo, cuando éste era objeto de persecución por parte de Roma. En efecto, en esos primeros años de la era cristiana, el Apocalipsis de Juan constituye, sobre todo, un instrumento de esperanza en la victoria definitiva sobre la “Bestia-Roma”, con la consiguiente venganza por la sangre derramada de los mártires cristianos, lo cual se pide vehementemente, incluso contradiciendo el propio espíritu evangélico, desde una de sus páginas.

Con estas premisas podría explicarse el enorme éxito y difusión que alcanzó el Comentario de Beato en la geografía cristiana. Pero Beato no se limitó a esto, sino que en su lucha ideológica y teológica contra el paganismo y la desviación de la iglesia –sometida complacientemente a los dictados de los musulmanes–, inventó e impulsó el culto a Santiago, fundamentalmente en su himno “O Dei Verbum”, en donde podemos leer: «¡Oh Apóstol Santísimo y digno de alabanza, / cabeza refulgente y dorada de España, / defensor nuestro y Patrono Nacional, / sé nuestra salvación celestial contra la peste / y aparta de nosotros toda enfermedad, llaga y maldad!». En poco tiempo, sobre todo a raíz del hallazgo de su tumba, Santiago se convertiría, además, en Matamoros para discurrir, ancha es Castilla, por el camino de peregrinación de la Ruta Jacobea, ya protegida de las incursiones agarenas por un relativamente amplio territorio.

 

Unica pagina que se conserva del que se supone primer ejemplar del Beato guardada en el Monasterio de Santo Domingo en Silos Burgos

Única página que se conserva del que se supone primer ejemplar del Beato guardada en el Monasterio de Santo Domingo en Silos (Burgos).

 

El original y la primera copia de la obra están datadas en los años 776 y 784 respectivamente, aunque ambos se perdieron, a excepción de lo que se sospecha puede ser una única página del manuscrito original que se conserva en el monasterio de Silos.

El original está escrito en latín y se compone básicamente con los textos del libro de Juan a los que Beato añade sus comentarios, en general extractados de las obras de diversos autores, entre los que destacan los Padres de la Iglesia.

El libro consta de una Introducción en la que se incluye una dedicatoria de Beato al obispo de Osma donde se citan las fuentes –a saber: san Jerónimo, san Agustín, san Ambrosio, san Fulgencio, san Gregorio, san Ireneo, san Aspringio, san Isidoro y, por último, Ticonio–, un Prólogo que Beato atribuye a san Jerónimo, una Epístola de éste último a Anatolio y una especie de índice del libro. A continuación el texto se divide en doce capítulos que comienzan, cada uno de ellos, con un párrafo del Apocalipsis al que acompaña el comentario de Beato. Cierra el libro san Jerónimo con un comentario al Libro de Daniel.

 

Por otro lado, hemos de hacer especial hincapié en la enorme importancia de los Beatos en la historia de la cultura y del arte, no sólo porque en su momento fueron un punto y aparte en la evolución de las corrientes artísticas del momento, sino también porque sus patrones iconográficos influyeron de manera decisiva en el desarrollo de los modelos y cánones del románico.

La propia estética de la ilustración de los Beatos, sobre todo de los primeros, asume y responde a ese espíritu de lucha con esos colores puros primarios, drásticos en sus contrastes violentos, hieráticos los personajes en sus posturas y acciones, resumidas al máximo, hasta lo esencial de su significado como seres anclados en la eternidad en la que se aúnan espíritu y materia, y en la que triunfaran sobre la Bestia, concretada ahora en el mundo árabe. Tan resumidos que casi  podrían ser considerados como símbolos, ideogramas o escuetos resúmenes de conceptos e ideas mucho más amplios, tal vez comparables, salvando las distancias formales, a los jeroglíficos egipcios, de cuya cultura no anda muy alejada ésta.

En resumen, esta rebelión creciente contra el mundo mozárabe fue lo que impulsó la enorme difusión del “Comentario” de Beato entre los centros de cultura –y por tanto de poder– que comenzaban a multiplicarse por la geografía castellana.

 

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en el Beato de Fernando y Sancha

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en el Beato de Fernando y Sancha.

 

Actualmente se conocen veintisiete “Beatos” que son los siguientes:

-Beato de origen Catalán, del siglo XII, sin ilustraciones. Depositado en el Archivo de la Corona de Aragón.

-Beato procedente del sur de Italia, de principios del siglo XII, con 55 ilustraciones a pluma y depositado actualmente en Berlín.

-Beato del Burgo de Osma, del siglo XI, con 71 ilustraciones.

-Beato posiblemente procedente de San Millán de la Cogolla, de finales del siglo X y principios del XI, con 52 ilustraciones y depositado en la biblioteca del Monasterio de El Escorial.

-Beato de origen desconocido, del siglo XVI, solo tiene capitulares y también se encuentra en el Escorial.

-Beato de Tábara, del siglo X, con 111 miniaturas y depositado en la catedral de Gerona.En el archivo Histórico de León se conserva una miniatura de un beato de mediados del siglo XII.

-Beato de San Mamed de Lorvao, del siglo XII, con 66 dibujos a pluma y depositado en Lisboa.

-Beato de Accobasa, del siglo XIII, con capitulares y algunas viñetas, se conserva en la Biblioteca Nacional de Lisboa.

-Beato de Silos, de los siglos XI-XII, con 90 miniaturas y depositado en la British Library.

-Beato de San Millán de la Cogolla, del siglo XI, con 49 miniaturas, algunas de ellas mozárabes. Se encuentra en la Academia de la Historia en Madrid.

-Beato de San Salvador de Tábara, del siglo X, del que quedan sólo 9 ilustraciones. Depositado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

-Beato de San Millán de la Cogolla, del siglo X, del que queda 27 miniaturas, depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid.

-Beato de Fernando y Sancha, procedente de San Isidoro de León, del siglo XI, con 98 ilustraciones y también depositado en la Biblioteca Nacional de Madrid.

-Beato de San Pedro de Cardeña, de los siglos XII-XIII, del que quedan 35 miniaturas. Se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.

-Beato del Marqués de Astorga, León, del siglo XII, con 110 miniaturas, se conserva en la John Rylands Library de Manchester.

-Beato de Medina de Rioseco, del siglo XIII, conserva una sola miniatura y se encuentra en el Archivo General de la Nación en México.

-Beato posiblemente procedente de León, del siglo XI y sin ilustrar, depositado en la Abadía de Monserrat.

-Copia del Beato de Tavara, del siglo XIII, con 112 ilustraciones, actualmente en la Morgan Library de Nueva York.

-Beato de San Miguel de la Escalada, del siglo X, con 89 ilustraciones, también en la Morgan Library de Nueva York.

-Beato de San Sever, Gascuña, del siglo XI, con 102 miniaturas, depositado en la Biblioteca Nacional de París.

-Beato procedente de Navarra, de finales del siglo XII, con 60 miniaturas, en la Biblioteca Nacional de París.

-Beato de San Andrés de Arroyo, Palencia, de finales del siglo XII y principios del XIII, con 69 miniaturas y, como los dos anteriores, en la Biblioteca Nacional de París.

-Beato procedente de Aragón, de principios del XII, con 8 miniaturas, actualmente en la Biblioteca Corsiniana de Roma.

-Beato de Poblet, del XII, sólo con capitulares, actualmente en Salamanca.

-Beato procedente de León o posiblemente de la Rioja, del siglo X, con 90 miniaturas, depositado en la Seo de Urgel.

-Beato posiblemente procedente de Nájera, de finales del siglo IX o principios del X, del que solo queda una página con una miniatura. Se conserva en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

-Beato de Gerona, siglos XI-XII, con 106 miniaturas, conservado en la Biblioteca Nacional de Torino.

-Beato de Valcabado, Palencia, del siglo X, con 87 miniaturas, Se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Valladolid.

 

 

Bestiario

 

Dentro del amplio mundo de la iconografía que da cuerpo al románico en general y en lo que al arte se refiere en particular, es destacable, simplemente y aunque sólo sea por su entidad cuantitativa, el apartado de los animales (del latín animalis: seres vivos, dotados de anima o principio vital).

Los animales siempre han rodeado al hombre, unas veces sirviéndole de sustento, convirtiéndose en caza, otras de compañía como animales domésticos, otras como peligro en su estado salvaje y otras muchas, cuando el conocimiento científico era más limitado, como objeto fantástico para su imaginación, en los momentos en los que el descubrimiento casual de restos fósiles antediluvianos de descomunales proporciones, movía la inventiva del hombre empujándole a cubrir esos huesos de enormes y amenazantes alas, o de fauces monstruosas, miradas torvas, etc.

 

Bisonte de Altamira en Santillana del Mar Cantabria

Bisonte de Altamira en Santillana del Mar, Cantabria.

 

La representación de los dioses

La representación de la divinidad, entidad de físico desconocido, fuera del alcance de la experiencia, se hizo necesaria desde tiempos remotos, entre otras razones, por la necesidad imperiosa de comunicarse con ellos, y al mismo tiempo de comunicarse con un dios de aspecto físico lo más familiar posible, lo menos terrorífico posible o, dicho de otra manera, de acercarse a los dioses dotándoles de formas amigables y, como poco, conocidas y dominables.

A este aspecto físico convenía, en consecuencia, añadirle una serie de atributos o reflejos psíquicos de las características que se pretendía que tuvieran los mencionados dioses.

Obviamente, algunas características, bien físicas o de comportamiento de los animales, podían servir para revestir, describir o calificar a la divinidad: La fuerza que emana de la presencia del león, la potencia y agresividad de un toro, la agudeza visual de un águila, capaz de mirar al sol directamente sin cegarse, como dicen los bestiarios, la mansedumbre y dulzura de una paloma o la bondad de un cordero…

 

El dios Anubis con cabeza de chacal y el dios Horus con cabeza de halcon

El dios Anubis con cabeza de chacal y el dios Horus con cabeza de halcón.

 

No faltaron a lo largo de la historia opiniones contrarias a la posibilidad de representaciones figuradas de los dioses, precisamente por no parecerse en nada a lo conocido, y además porque las características exclusivamente espirituales de éstos, no tenían comparación o similitud posible con respecto a las humanas o animales, de naturaleza distinta, tal vez sin pensar que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, según la Biblia, o que el hombre combina una parte material con otra espiritual, propia o exclusiva de Dios, por lo que de alguna manera, tiene algo de divino que puede ser representado.

No obstante, a pesar de este período anicónico puntual dentro de la historia de las religiones, todas ellas hacen uso de las representaciones animales, cargadas de contenido simbólico, sagrado o mágico y aunando este aspecto del icono con la estética, potenciándose ambos para convertirse en obra de arte.

 

Leon en la portada oeste de la iglesia de Santa Maria de Piasca en Cantabria

León en la portada oeste de la iglesia de Santa María de Piasca en Cantabria.

Desde tiempos prehistóricos nos vienen las imágenes de las diosas pájaro, el buitre psicopompo símbolo de la muerte, los bisontes, caballos y cérvidos de Altamira -a través de cuyas representaciones se accedía de forma mágica a su posesión-, el bestiario egipcio -donde los dioses eran representados de forma zoomorfa descriptiva de sus funciones como tales-, los grifos asirios y caldeos -animales fabulosos, guardianes de tesoros y templos-, lo mismo que el bestiario oriental desbordante de imaginación, o el mundo romano, con sus escenas de cacerías entre otras muchas representaciones, sin olvidar las descripciones de la literatura clásica, en la que podemos incluir, no sólo las Fábulas de Esopo con fines moralizantes, algunas de las cuales se representan en el románico, sino también gran cantidad de textos, como algunos de Homero, donde se narran luchas entre animales.

En algunas de estas culturas y religiones mencionadas más arriba, de características telúricas, era patente el teriomorfismo (representación de la divinidad a través de los animales). Con la introducción paulatina de las religiones celestes, dichas representaciones se vuelven antropomorfas, habiendo períodos o épocas en que se combinaron las dos tendencias, representando a la divinidad con cabeza de animal y cuerpo humano, intentando adjetivar así las características psicofísicas de los dioses.

 

Comienzan los Bestiarios

Los fabulistas grecorromanos (siglo VI a.d.C.), entre los que se encuentra Esopo, son los primeros en acercarse al mundo de los animales, pero es Plinio, con su Historia Natural, en el siglo I d.C. quien se acerca de una manera más sistemática a describir a las bestias, sus características y costumbres, como el Phisyologus, obra de importancia capital, sobre todo hasta el siglo XIII, en cuyo período fue la obra más popular después de la Biblia. Todos los indicios apuntan a que dicho texto fue confeccionado en Alejandría, entre los siglos II y IV, como una obra que podríamos calificar como científica, para los conocimientos de la época en la que fue creada. El saber del mundo grecorromano se había diluido poco a poco para dar paso a una concepción judeo-cristiana del mundo, en el que Dios era el eje sobre el que se construía el orbe conocido, de forma que el rigor más científico de la cultura clásica fue sustituido por una visión moralizante, en la que la inteligencia camina hacia Dios y lo conoce a través de sus criaturas. Así pues, podríamos decir que desde el Physiologus hasta los bestiarios del siglo XIII, se prescinde de la investigación empírica de las cosas, y del mundo animal en particular, para, aprovechando los conocimientos anteriores, añadir las propuestas moralizantes estructuradas en el cristianismo.

 

Bestiario de Oxford en el que se describen las características del tigre

Bestiario de Oxford en el que se describen las características del tigre.

 

El Physiologus fue escrito en griego y sus antecedentes incluyen una amplia relación de obras clásicas entre las que se encuentra la Physica del Pseudo Salomón, el Koriamiden atribuido a Hermes Trimegisto, la Historia Animalium de Aristóteles, Historias de Herodoto, Moralia de Plutarco la Hyerogliphica de Horapollo y la obra de Plinio.

Se difunde al ser traducido a diversas lenguas a lo largo del siglo V, entre ellas el armenio, el sirio, etíope, árabe y latín, del cual, la primera versión conocida es del siglo VIII. Posteriormente comienzan a circular versiones con distintos añadidos al texto original, en las que comienzan a notarse claras influencias de  las Etimologías de san Isidoro y posteriormente de Honorio de Autum, con su Speculum Ecclesiae, Rábano Mauro con De Portentis y De Universo y el Aviarium de Hugo de Saint-Victor.

La mayor parte de estas copias del Physiologus fueron ilustradas, lo que añadía un mayor atractivo a su difusión. Para la realización de las miniaturas, a veces el autor marcaba pautas muy concretas, pero en otras ocasiones el ilustrador empleaba libremente todo su poder creativo, debida y previamente contrastado, para encajar la figura en el hueco que previamente había dejado el copista, en el caso de que no fuera el mismo. En algunos casos también existían modelos o cartones que se calcaban sobre el soporte a pintar por el procedimiento de punzar las siluetas con puntos para luego unirlos.

En definitiva, se trataba de profundizar en las características de los animales, exagerándolas e inventándolas a veces y tratando de hacerlas más reconocibles para añadirles los correspondientes matices moralizantes con más facilidad.

 

Hidra y centauro en un capitel interior del Monasterio de San Juan de Duero

Hidra y centauro en un capitel interior del Monasterio de San Juan de Duero.

 

También en el siglo X aparecen los hadices musulmanes, el Libro de las Maravillas de Ibn Zohr (siglo XII) y Disciplina Clericalis de Pedro Alfonso, quien trata en su texto de ejemplificar desde el punto de vista cristiano, como ya hemos visto, las actitudes del individuo en su relación con Dios y el resto de los humanos. Así, a cada animal se le asignan roles de signo negativo o positivo, según sus hábitos y particularidades físicas, al margen de la ambivalencia de algunos de ellos, dependiendo de su entorno iconográfico en los patrones compositivos de determinadas escenas, como iremos viendo, o de los cambios doctrinales que pudieran adoptarse en distintos momentos.

 

Capitel con aguilas en la iglesia de Villanueva en Asturias

Capitel con águilas en la iglesia de Villanueva en Asturias.

 

Todo ello sin menoscabo de su función decorativa, no sólo importante sino íntimamente ligada a la simbólica, a pesar de las opiniones acerca del sentido únicamente ornamental de parte de la temática iconográfica medieval, entre la que se suele incluir el bestiario. Su carácter simbólico queda fuera de toda duda solo con mirar todos estos antecedentes. Como dijo Juan Escoto: “El símbolo es el signo sensitivo que muestra las semejanzas con las realidades espirituales”.

 

 

Biblia

 

A lo largo de la historia de la humanidad, todas las religiones han sustentado sus creencias y las han plasmado en un “libro sagrado” que, mayoritariamente, suele ser considerado de “inspiración divina”. Se suelen recoger en estos libros todo tipo de normativas y doctrinas relacionadas con prácticas rituales, éticas o morales, todos los asuntos de carácter hagiográfico, histórico y simbólico de los dioses y sus actos, y cuestiones relacionadas con la escatología, asunto este de vital importancia para todos los fieles que, sin excepción, suelen necesitar las expectativas de una nueva vida más allá de la muerte y, si es posible, mejorando la presente.

La Biblia es el libro sagrado del Cristianismo y el Judaísmo y está compuesta por un “corpus” de “libros canónicos”, es decir, catalogados por la Iglesia como auténticamente sagrados, recopilados de distintas fuentes a lo largo de casi de mil años (desde el 900 a.C. hasta el 100 d.C.). Fueron escritos en hebreo, arameo y griego originalmente y luego traducidos al latín y, posteriormente, hasta nuestros días, a varios centenares de lenguas.

 

Adan y Eva, protagonistas del Genesis Biblia Legionensis de San Isidoro de Leon

Adán y Eva, protagonistas del Génesis. Biblia Legionensis de San Isidoro de León.

La palabra ”Biblia” procede de una expresión griega que viene a significar “libros santos” y que se menciona por primera vez en el libro de los Macabeos (12, 9), en una carta de salutación que Jonatan, sumo sacerdote judío, escribe a los espartanos y en la que se dice: «…nosotros tenemos como consuelo los libros santos que están en nuestras manos…» (“ta Biblia ta agia”), y se utiliza como plural de “biblion” (rollo, libro), término que, a su vez, se origina en la ciudad de Biblos, lugar donde se comerciaba y se fabricaba el soporte físico de la escritura.

Básicamente podemos dividir la Biblia en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.

 

El Antiguo Testamento está compuesto por cuatro grandes apartados:

“La Ley”, que es el Pentateuco (la Torá), (debido a su volumen se dividió el Pentateuco en estas cinco partes, de donde deriva su nombre) contiene los libros del Génesis, que relata la creación del mundo en varios capítulos: La historia primitiva con el acto de la creación, la historia del pecado de Adán y Eva, el diluvio universal y la historia patriarcal, donde se evoca la figura de Abraham y la “Tierra Santa” que Yahveh le promete, además de la relación de patriarcas (Isaac, Jacob y la historia de José).

En el Éxodo se narra la salida del pueblo hebreo de Egipto y la alianza de Yahveh en el Sinaí con las tablas de la ley y la estancia del pueblo elegido en el desierto.

El Levítico es un libro de carácter legislativo donde se especifican las normas relacionadas con los rituales sacrificiales, investiduras sacerdotales, todo lo relativo a lo que debe ser considerado puro e impuro y, por último, el calendario litúrgico.

En los Números se reanuda la marcha del pueblo hebreo por el desierto y se realiza un censo poblacional. Se narran también todas las batallas de los elegidos con diversas tribus y pueblos de la zona y, para terminar, se dictan nuevas disposiciones.

El Deuteronomio, por último, es una especie de código de leyes civiles y religiosas donde, además, se recogen los discursos y muerte de Moisés y se exhorta a la fidelidad a Yahveh.

 

Comienza el Deuteronomio Biblia Legionensis

Comienza el Deuteronomio. Biblia Legionensis.

 

Los “Libros Históricos” o de “crónicas” (Josué, los Jueces, Rut, Samuel, los Reyes, Crónicas de Esdrás y Nehemías, los libros de Tobías, Judit y Ester y los Macabeos), donde se narra la relación de Yahveh con su pueblo a través de sus profetas, que son los portavoces de su palabra después de la desaparición de Moisés. Se describe cómo Yahveh ayuda a su pueblo a tomar conciencia de su identidad y de la necesidad de la intervención divina imprescindible en todas sus conquistas, todas ellas necesarias para asentarse definitivamente en la “Tierra Prometida”.

 

En los Libros Poéticos y Sapienciales (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Libro de la Sabiduría), se insta al hombre a aceptar las leyes naturales del universo. Es una narración típica de la época y de la zona geográfica y cultural, donde proliferaron este tipo de textos (Asiria, Egipto, Mesopotamia) de carácter más bien profano aunque, en el caso bíblico, están finalmente impregnados de la necesidad del conocimiento y del temor de Yahveh y una matiz claramente moral encaminado a definir y delimitar los territorios del “bien” y del “mal”.

 

En los Libros Proféticos se relaciona toda la nómina de profetas, que son los encargados de trasmitir directamente la palabra de Yahveh al pueblo, una palabra que no pueden acallar ya que han sido expresamente elegidos para cumplir esta función. Los deseos de Dios pueden ser trasmitidos al profeta de muchas maneras, bien por “visiones”, “audiciones” o “inspiración interior” que luego son trasladados al pueblo de forma oral o por escrito, en forma poética, de relatos o parábolas. Sin los profetas no hay comunicación ni trasmisión de la doctrina o de los deseos de los dioses en ninguna religión, y en el caso de la Biblia, como no podía ser menos, este conjunto de libros es el que cumple esta función de trasmitir la “revelación” imprescindible para el desarrollo religioso del pueblo.

 

 

En el Nuevo Testamento se engloban los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de San Pablo y Santiago y el Apocalipsis.

A los Evangelios de san Mateo, san Marcos y san Lucas se les denomina “Sinópticos” por sus semejanzas y paralelismos narrativos y sus concomitancias estilísticas y estructurales. En el caso de san Juan, su Evangelio parece estar impregnado de la conciencia de la importancia del “conocimiento”, corriente de pensamiento característica de la secta de los “esenios”, así como también por la exaltación del “amor fraterno”, todo lo cual lleva a una comprensión más profunda de la revelación de Dios a través, en este caso, de la vida de Jesucristo encarnado como “Salvador”.

 

La duda de santo Tomas en uno de los relieves del claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos Burgos

La duda de santo Tomás en uno de los relieves del claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

 

Los Hechos de los Apóstoles parecen haber sido escrito por Lucas, acompañante de Pablo en sus viajes. Se narran los comienzos de la comunidad cristiana en Palestina, Jerusalén, Antioquía, etc. donde los apóstoles viajan para difundir la doctrina.

El relato se nutre tanto de las propias anotaciones de Lucas como de las informaciones trasmitidas por el resto de los apóstoles sobre sus actividades proselitistas en distintas regiones y países.

Las Epístolas de san Pablo son un compendio de cartas a distintos pueblos y, a veces, a personas concretas, encaminadas a difundir con vehemencia la vida de Jesucristo, su Pasión, Muerte y Resurrección y la proclamación de la salvación gracias a su venida al mundo.

En cambio, las Epístolas de Santiago, Pedro, Juan y Judas, son denominadas como “Católicas”, básicamente porque no van dirigidas a una comunidad o persona concreta, sino a toda la cristiandad.

 

“Apocalipsis” quiere decir en griego “revelación”, por lo tanto debemos considerarlo dentro de la tradición profética en la que el autor tiene una visión en la que contempla una serie de hechos (vividos o imaginados) y cuyo valor reside únicamente en su contenido simbólico, el cual impregna de manera total todo lo vivido y luego narrado o descrito: Los colores, las formas, los números, los personajes, los objetos, los sonidos, las luces, los elementos (tierra, agua, aire y fuego), todo.

 

Cartografia del Paraiso en el Beato de Fernando y Sancha

Cartografía del Paraíso en el Beato de Fernando y Sancha.

 

Hay diversidad de opiniones con respecto a la atribución de la autoría del texto al apóstol Juan, autor de uno de los evangelios, a pesar de guardar un cierto parentesco y similitudes estilísticas con respecto al mencionado evangelio, aunque también hay notables diferencias conceptuales y teológicas que llevan a opinar lo contrario a muchos especialistas. Parece que fue escrito alrededor del año 95 d. C., reinando Domiciano, incluso, según la opinión de algunos expertos, se pudiera retrasar al reinado de Nerón. Lo cierto es que el texto fue confeccionado en una época de violentas persecuciones hacia los cristianos y encaminado a levantar la moral de los fieles trasmitiendo la idea de la victoria final anunciada por Jesucristo, vencedor del pecado y del demonio, y a sacar a la comunidad perseguida de su letargo, o actitud pasiva, con respecto a los acontecimientos para conducirla a un estado de esperanza en el triunfo definitivo.

 

 

Bóveda celeste

 

En las religiones solares la bóveda celeste representa la morada de los dioses.

En Egipto es la diosa Nut la que simboliza dicha bóveda y se la reproduce arqueada, con sus manos y pies apoyados sobre la tierra y orientados a los cuatro puntos cardinales. Tiene el cuerpo cubierto de estrellas ya que se trata de una personificación del universo en el que los astros flotan.

Al anochecer se traga al sol y lo devuelve renacido y en todo su esplendor al amanecer, al igual que hace simbólicamente con los difuntos, razón por la cual suele ser habitual encontrarla en el interior de la tapa de los sarcófagos o en los techos de las tumbas, en los que suele abundar una decoración de estrellas.

 

Camara sepulcral de la tumba de Tutmosis III en el Valle de los Reyes

Cámara sepulcral de la tumba de Tutmosis III en el Valle de los Reyes.

 

Desde el comienzo se aprecia en las representaciones de las bóvedas –tanto gráfica como arquitectónicamente–, no solo la voluntad de plasmar simbólicamente la morada de los dioses, sino también un ritual protector de estos hacia todo lo que está debajo, es decir, la tierra y lo que en ella habita. De ambos elementos –tierra y cielo– surgen espontáneamente los dos grafismos básicos que los definen: El cuadrado para la tierra y el círculo para el cielo (o bóveda celeste) que se apoya tectónicamente en un octógono que facilita estructuralmente su transición hacia la base cuadrada de lo terrestre. Con ello se establece una direccionalidad vertical que en el románico emplea la divinidad para “bajar” («…planta mi tienda entre vosotros») y en el gótico el pueblo para “subir” hacia lo alto en un ejercicio de ascenso espiritual y oración hacia la divinidad.

 

Boveda de media naranja sobre el crucero de la iglesia de San Martin de Tours en Frómista Palencia

Bóveda de media naranja sobre el crucero de la iglesia de San Martín de Tours en Frómista, Palencia.

 

En China, en ese mismo sentido, el cielo cubre y protege y la tierra soporta, concepto y simbolismo universal extensible a todas las culturas orientales y occidentales en clara aceptación de la experiencia visual cósmica del cielo, tanto nocturno como diurno.

 

 

Buey

 

Pintura mural en el Panteon de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de Leon

Pintura mural en el Panteón de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de León.

 

La bondad y la fuerza apacible junto a la potencia constante en el trabajo caracterizan al buey.

Para los griegos fue animal consagrado a Apolo y, al contrario que el toro, más fogoso y salvaje, fue relacionado con la agricultura desde el primer momento. Como animales sagrados participaban los bueyes en las conmemoraciones de los trabajos agrícolas iniciales de Triptolemo, hijo de Eleusis, que fue enviado por Demeter para sembrar los primeros granos de cereal en el mundo. Así pues, también los bueyes representaron un papel importante en los rituales religiosos como víctimas de frecuentes hecatombes ofrecidas a los dioses.

 

Capitel del presbiterio de la iglesia parroquial de la villa de San Salvador de Cantamuda en Palencia

Capitel del presbiterio de la iglesia parroquial de la villa de San Salvador de Cantamuda en Palencia.

 

Doce bueyes sirvieron de base al Mar de Bronce que Salomón situó a la entrada del templo de Jerusalén para contener el agua ritual y purificadora. Corriendo el tiempo, los comentaristas de los textos sagrados identificaron a estos bueyes con los doce apóstoles que, a su vez, sostuvieron la doctrina de la incipiente comunidad cristiana de los primeros tiempos. Por extensión también fue símbolo del sacerdote y predicador, no sólo por su continencia y su fuerza, sino además por cultivar la Tierra de Dios, el cual surcó con el arado de su cruz los campos incultos de las almas para sembrar la simiente de su salvación, motivo iconográfico éste que fue utilizado asiduamente en heráldica, sobre todo en la Baja Edad Media.Para san Isidoro el buey es llamado bos por los griegos y trionem o trio por los pueblos latinos, porque ara y tritura la tierra que ha de ser sembrada. Muestra lealtad hacia sus congéneres, especialmente al compañero que tira del arado con él. Cuando le falta emite mugidos para manifestar su soledad y afecto hacia el amigo. Perciben con claridad los cambios del tiempo de tal manera que antes de que llueva se recogen en sus establos y cuando sale el sol se aprestan a salir al campo, es decir, se resguardan del frío y de la lluvia como los fieles que evitan las tentaciones del diablo y los peligros del mundo, pero cuando luce y calienta el sol del Señor van gustosos a su encuentro.

 

 

Buitre

 

El buitre protector del faraón en Egipto siempre sobre su frente o desplegando sus alas a la entrada de los templos Detalle parcial del pectoral de Mereret 1840 aC con el buitre representando a la diosa egipcia Nekhbet

El buitre protector del faraón en Egipto, siempre sobre su frente o desplegando sus alas a la entrada de los templos. Detalle parcial del pectoral de Mereret (1840 a.C.) con el buitre representando a la diosa egipcia Nekhbet.

 

 

Por su color oscuro o negro y su impresionante vuelo, lento y majestuoso, y por alimentarse de carroña, este ave, no especialmente agresiva, representa básicamente a la muerte.

Una de sus primeras imágenes la encontraremos en el santuario de Çatal Húyük (Anatolia), -yacimiento neolítico de principios del séptimo milenio a. C.- Allí se representa, cerniéndose sobre varios cadáveres humanos decapitados, como la diosa que se lleva la Vida.

En Egipto el jeroglífico del buitre significa madre y se creía que por nutrirse de cadáveres estaba relacionada con la Madre Naturaleza que devuelve al polvo a los muertos. La diosa Nekhbet era representada con frecuencia como el ave, al tiempo que se la consideraba protectora de los nacimientos. Mut, diosa de la justicia, se cubría habitualmente la cabeza con sus alas.

 

Buitres atacando a un cuadrupedo en un capitel de la iglesia parroquial de Gredilla de Sedano en Burgos

Buitres atacando a un cuadrúpedo en un capitel de la iglesia parroquial de Gredilla de Sedano en Burgos.

 

En la India es símbolo de los espíritus protectores y de la abnegación y consejo espiritual, representando de esta manera a la paternidad. Los Parsis, por otro lado, ponían los cadáveres en lugares elevados para que los buitres los consumieran y así facilitar el renacimiento a una nueva vida.

Para los Mayas también es el símbolo de la muerte, ya que asegura la renovación y regeneración de las fuerzas vitales de la naturaleza, devolviendo a los seres que engulle a una nueva vida. Para ellos, como animal asociado a la regeneración, también está asociado a los grafismos geométricos que representan al elemento del agua.

En Roma es un pájaro adivinatorio ya que su vuelo ofrece presagios, como en el caso de la fundación de Roma, cuando Remo ve seis buitres posados sobre el Palatino y Rómulo doce sobre el Aventino como respuesta al interrogante sobre dónde contruir la ciudad. Además, sigue a los ejércitos porque sabe que va a haber una matanza de la que va a salir beneficiado con un gran festín, argumento que utiliza el cristianismo para comparar al buitre con el pecador, que imita el ejemplo de los soldados del diablo y se alimenta de la carroña que son los placeres mundanos causantes de la muerte del alma. Luego no puede levantar el vuelo por el peso de los pecados con los que se ha alimentado. Pero siempre hay una salida moralizante: A veces levanta el vuelo de la misma forma que lo hace el pecador arrepentido hacia el Señor, aunque lo haga con la lentitud propia del pecador que no acaba de abandonar nunca los placeres terrenales.

 

Buitre en un canecillo de la fachada oeste de la iglesia de San Martin de Tours en Fromista Palencia

Buitre en un canecillo de la fachada oeste de la iglesia de San Martín de Tours en Frómista (Palencia).

 

Para los Bestiarios medievales, al buitre (vultur) le viene su nombre del vuelo lento y suave que le caracteriza, pues por su tamaño le es imposible hacerlo con rapidez. Apostados a la sombra de los riscos, vigilan y se ciernen desde las alturas sobre las carroñas.

No se aparean con sus hembras, las cuales conciben por sí mismas y alumbran sin el macho. Las crías tienen una larga vida y algunos aseguran que dura cerca de cien años. Por eso no se puede dudar cuando nos dicen que una doncella dio a luz un hijo sin el trato de un hombre, como es el caso de la Virgen María, que concibió a Jesús en estado virginal. No dudamos del buitre y sin embargo lo hacemos con María…

 

Pareja de buitres en el Bestiario de Oxford manuscrito Ashmole 1511 de la Biblioteca Bodleian

Pareja de buitres en el Bestiario de Oxford, manuscrito Ashmole 1511 de la Biblioteca Bodleian.

 

A la hembra le resulta difícil la puesta de los huevos, por lo que el macho busca una piedra que hay en una zona de la India, la cual se asemeja a un huevo de gallina y en cuyo interior, al moverse, se oye un ruido como de otro huevo. Luego la coloca debajo de la hembra en el nido y ésta pone los huevos fácilmente. Esta piedra va bien para el parto difícil. Si la coge la mujer se lo facilita grandemente. Se la llama “piedra de buitre”.

2 comentarios.

  1. Luis Carrizo dice:

    Muy interesante, muy didáctico, muy bien ilustrado, muy bien escrito.

  2. Cathy Moncier dice:

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