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03 Diccionario de Símbolos C

Caballo

 

Caballo en uno de los capiteles del claustro del monasterio de San Juan de la Peña Huesca Aragon

Caballo en uno de los capiteles del claustro del monasterio de San Juan de la Peña (Huesca, Aragón).

 

En la mitología griega se dice que el caballo, imagen de la tormentosa ola, fue creado por Poseidón, dios del mar. Hijo de los vientos, fue sacrificado no sólo a este dios, sino también a Cibeles y Apolo. Lo mismo sucedía en los países escandinavos, aunque aquí más bien como vehículo para realizar augurios por la observación de sus entrañas.

En la Biblia aparece repetidamente: Tiraron del carro de fuego que arrebató al profeta Elías. Josías quemó, junto con su carro, a los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol a la entrada de la casa de Yahveh. Está claro que en este último caso se trató de suprimir de raíz una parte importante de las tradiciones rituales paganas, pues es obvio que la iconografía del caballo, y sobre todo enganchado a un carro de fuego en el que viaja el sol, es lugar común a muchas culturas, desde la egipcia a la mayor parte de las indoeuropeas, en las que otros dioses, además del sol, también viajan en el carro celeste.

 

Torneo entre caballeros en un capitel del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella Navarra

Torneo entre caballeros en un capitel del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella (Navarra).

 

En cualquier caso, la imagen del caballo conducido por el hombre, sobre todo si éste es jinete, constituye uno de los ideogramas de la sabiduría (jinete) y la inteligencia (caballo) más importantes de la simbólica tradicional del mundo antiguo, hasta tal punto que en Egipto este jeroglífico se traducía por dar inteligencia. Por lo tanto, el caballo, animal de bello porte y estampa irrepetible, terminó siendo montura de los dioses y héroes, y puesto que todo el mundo, en la medida de sus posibilidades, podía montar un caballo, se hizo necesario singularizar y dignificar a todos aquellos que eran montados por los dioses, héroes y gente de alcurnia, para distinguirlos de los del resto de los mortales. Famosos son los Bucéfalo de Alejandro Magno, Babieca del Cid Campeador -que además no se dejaban montar por nadie más- o Rocinante, de nuestro inolvidable hidalgo don Quijote de la Mancha, que es paradigma de las molestias y cuidados que hay que tomar para poner nombre a un caballo de fama, pues gracias a eso, dicho noble bruto será distinto a los demás y sus cualidades incluso brillarán mejor: …Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque (según decía él a sí mIsmo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido…

En casos aislados, y como suele ocurrir con casi todos los animales, el caballo fue símbolo de Cristo con cierta fuerza durante algún tiempo en la Edad Media, pero fue asunto más bien cogido por los pelos por un sector fundamentalista del clero, siempre dispuesto a traer como fuera a colación la presencia de Cristo en sus criaturas, sin tener para nada en cuenta la tradición de culturas anteriores en las que el animal era solo vehículo, pero no protagonista.

 

Mujer sobre la bestia en el folio 64 del beato de Girona siglos XI XII conservado en la Biblioteca Nacional de Torino

Mujer sobre la bestia en el folio 64 del beato de Girona (siglos XI-XII), conservado en la Biblioteca Nacional de Torino.

 

En el Apocalipsis, cuando el Cordero rompe los siete sellos, uno de los cuatro vivientes llama al autor para que observe lo que va a suceder: …Miré y había un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; se le dio una corona y salió como vencedor y para seguir venciendo… La exégesis cristiana ha visto  la figura de Cristo en el jinete armado con la palabra de Yahveh (arco y flecha), sobre todo a partir de la época en que se copió el Beato del Burgo de Osma (1086), ilustrado por Martino. En esta versión se muestra al jinete del caballo blanco con la corona cruzada que le identifica con Cristo, mientras que en copias anteriores al siglo X, por ejemplo la que se conserva en el Monasterio de El Escorial, ilustrado por Facundo, es coronado con insignias muy similares a las de los Sasánidas.

Y como siempre sucede, también el caballo tuvo su lado negativo en el cristianismo. Para san Agustín fue personificación del orgullo y para san Jerónimo y san Gregorio ejemplo y representante de la impureza, la lujuria y el desorden en general. Más adelante le veremos formando parte del centauro en su mitad inferior.

 

Fragmento del folio 162 del Codex Calixtinus con los soldados de Carlomagno sobre sus caballos Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela)

Fragmento del folio 162 del Codex Calixtinus con los soldados de Carlomagno sobre sus caballos. (Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela).

 

Casi todos los bestiarios hacen loas de la fogosidad de los caballos, sobre todo en el campo de batalla. También son valorados por su belleza, temperamento y color, extendiéndose con generosidad y multitud de matices y asociaciones sobre colores con castas y cualidades. Se nota claramente la situación predominante, desde el punto de vista social y económico -permítase la expresión-, del caballo en esta sociedad medieval, pues mientras se pasa de puntillas en los tratados sobre otros animales en lo referente a su descripción zoológica-científica para hacer incapié en sus cualidades moralizantes, negativas o positivas, en el caso del caballo se prescinde directamente de éstas últimas para hacer un prolijo estudio de todas las características y bondades que puedan ser útiles al hombre a la hora de acercarse a un caballo desde el lado estrictamente práctico (económico por mejor decir).

Así pues, en el románico el caballo tiene la importancia que le dio un mundo en el que el transporte de personas, guerreros, mercancías, vehículos y un largo etc. cabalgó sobre su lomo o circuló arrastrado por él.

 

 

Cabello

 

El cabello es uno de los elementos que conforma parte de la identidad del individuo, o la define parcialmente desde el punto de vista físico. Por ello se ha utilizado, por ejemplo, como relicario de algunos santos, o también como recuerdo de infancia guardado en cajas o contenedores especialmente fabricados.

 

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Detalle de un capitel del lado izquierdo de la portada de la iglesia de San Pedro, en la localidad palentina de Moarves de Ojeda, en el que se representa a Sansón desquijarando al león.

 

El cabello también fue utilizado como objeto simbólico para objetivar algunas virtudes o características individuales como la fuerza o la virilidad. Por ejemplo, en el caso de Sansón (Jueces, 16) cuando tiene que enfrentarse al león, suele ser representado sobre el lomo del animal con una abundante cabellera para simbolizar su fuerza.

Cuando fue traicionado por Dalila le fue cortado el cabello mientras dormía, lo cual le hizo perder toda su energía, momento que fue aprovechado por los filisteos para sacarle los ojos y encadenarle sin que pudiera ofrecer resistencia. No obstante el cabello de Sansón empezó a crecer de nuevo gracias a la voluntad de Yahveh y, en cuanto tuvo oportunidad, un día en que los filisteos le ataron entre dos de las columnas de sustentación del palacio donde se encontraban reunidos, le invocó para recabar su intervención y sacudió, con su ya recuperada potencia, las columnas, consiguiendo derrumbar el edificio y sepultar a sus ocupantes, aunque también muriera él.

 

En muchas culturas primitivas no se corta el cabello hasta después de pasado el primer año de vida con el fin de no destruir la personalidad o identidad del individuo.

El corte del cabello se solía llevar a cabo en el trascurso de una ceremonia destinada a impedir que el estado de debilidad ocasionado por el corte, facilitara o posibilitara el ataque de demonios y malos espíritus. Este era el momento aprovechado para darle nombre al niño, o sea, se le proporcionaba su identidad definitiva que, desde ese instante, comenzaba a desarrollarse.

En cambio en el bautismo cristiano no se corta el pelo sino que se derrama agua sobre él, en un acto simbólico de purificación, para lavarle la mancha del pecado original y de esta manera proporcionarle una nueva vida espiritual.

 

El hecho de que los eremitas no se cortaran nunca el pelo de la cabeza ni las barbas, era utilizado en este caso como símbolo del rechazo total y definitivo del mundo exterior, aunque a veces alguno de ellos, en determinadas épocas y países, se lo arreglaban ligeramente, pero nunca en intervalos inferiores a un año.

 

No cortarse temporalmente el cabello y la barba era práctica habitual en época de duelo, lo cual podía ir acompañado, además, de la carencia de otras medidas de higiene como el peinado o el lavado, a lo que habría que añadir, en ocasiones, el tiznado con ceniza, costumbre que se remonta documentalmente al Egipto de los faraones y que aún se conserva en el Cristianismo, que tiene establecido el “miércoles de ceniza” para recordar a todos los fieles que “son polvo y en polvo se han de convertir”.

 

En lo relacionado con la vida monástica, y casi desde sus comienzos, se ha practicado la tonsura para significar la humildad y la aceptación de los votos (pobreza, castidad y obediencia) o, lo que es lo mismo, el rechazo del mundo exterior ya apuntado. Una de las razones importantes para la práctica de la tonsura es el hecho de que los cabellos estuvieran asociados a la fuerza y vigor sexual, algo expresamente rechazado en el mundo del sacerdocio, tal vez como signo de pureza y distinción espiritual.

 

En cuanto al tipo de peinado o disposición del cabello y las barbas, no hay una sola cultura ni país que no disponga o tenga preferencia por determinadas formas que, generalmente, sirven para identificar niveles sociales, castas, actitudes o características morales o existenciales. Por ejemplo en Japón siempre fue característico el tocado y la coleta de los guerreros samuráis. En India los sijs tienen por norma no cortarse el pelo ni afeitarse la barba nunca en su vida, aunque esas costumbres tradicionales empiezan a cambiar poco a poco. También era característico de la cultura celta la ostentación de largas cabelleras, símbolo, además, de nobleza.

Todo ello referido básicamente al sexo masculino. En el caso de la mujer puede decirse que ha arrastrado tradicionalmente la adscripción del cabello largo como uno de sus atributos de femineidad, al margen de modas y convirtiéndose en signo genérico de estatus social relacionado con la soltería o el matrimonio, sobre todo en el Medioevo. Todo ello cambia en el modelo contemporáneo en que se diversifican las formas, aunque el hecho de llevarlo largo no ha dejado de ser estándar femenino con más o menos intensidad según épocas. Con la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres, estas últimas han adoptado peinados más cortos, al estilo masculino, tal vez para igualarse en parte a sus demandas de equidad y romper los patrones icónicos ancestrales.

 

Fachada oeste de la Colegiata de Santa Maria de Piasca Sobre la portada se abre una hornacina representando en uno de sus capiteles una enorme cabeza evocadora de la ancestral diosa Madre Tierra Al lado la figura de san Pedro con un ordenado cabello simbolo de su categoria apostolica.

Fachada oeste de la colegiata de Santa María de Piasca. Sobre la portada se abre una hornacina representando en uno de sus capiteles una enorme cabeza evocadora de la ancestral diosa Madre Tierra. Al lado la figura de san Pedro con un ordenado cabello símbolo de su categoría apostólica.

 

En el románico los cabellos desordenados, sueltos o encrespados suelen simbolizar generalmente personajes de carácter negativo, como por ejemplo el demonio o alguna otra figura de origen pagano como podrían ser las máscaras relacionadas con diosas femeninas de la Vieja Europa o, más concretamente, la Madre Tierra, que es representada en los templos medievales por medio de una cabeza enorme de cuya boca sale un capitel y, en ocasiones, tallos vegetales que entran y salen de esta boca simbolizando su capacidad de dar vida y consumirla al final de cada ciclo. Su cabeza suele coronarse con una cabellera dispuesta en seis mechones radiales o en forma de dientes de sierra para simbolizar los seis días genesíacos, como en el caso de la fachada oeste de la colegiata de Santa María de Piasca en Cantabria. En este caso las columnas en cuestión soportan los arcos bajo los que se cobijan la Virgen con el Niño en el centro, y San Pedro y San Pablo en los laterales, en ambos casos con cabellos cuidadosamente peinados para simbolizar así la nobleza y virtud del personaje.

 

Interior de la iglesia de Santa María de Siones Relieve de santa Juliana sujetando con contundencia al demonio por los pelos El cabello de la santa esta exquisitamente peinado y trenzado

Interior de la iglesia de Santa María de Siones. Relieve de santa Juliana sujetando con contundencia al demonio por los pelos. El cabello de la santa está exquisitamente peinado y trenzado.

 

En casi todas las épocas y culturas los cabellos largos y desordenados, pueden significar un cierto estado de salvajismo o incivilización y, en ocasiones, también un cierto grado de alejamiento de las imposiciones y usos sociales, religiosos o culturales. En cualquier caso puede considerarse como la reivindicación de una libertad que la sociedad tiende a recortar lo más posible a través de múltiples mecanismos encaminados a establecer controles, ya sean de carácter negativo o positivo.

En otro lado se encuentra el mundo de la milicia tradicional con sus rígidas normas de convivencia que tienden a automatizar los mecanismos de respuesta y donde el corte de pelo al cero, dicho en lenguaje cuartelario, no es más que un aviso a navegantes mediante el cual se le viene a informar subliminalmente al soldado que, a partir del rapado, es propiedad del mando inmediato superior y tiene que pedir permiso para todo.

 

Las connotaciones del carácter sexual del cabello femenino son una constante histórica en la mayor parte de las culturas. A veces el cabello largo y suelto es signo de disponibilidad y forma parte de los códigos de comunicación no verbal. En cambio el cabello corto o recogido viene a significar lo contrario. De hecho en la Edad Media llevar el cabello cubierto con algún tipo de tocado era utilizado por las mujeres casadas o no disponibles y las solteras lo llevaban suelto y sin cubrir, como se puede ver en la iconografía de muchas iglesias.

De ahí a considerar el cabello suelto de los personajes femeninos como atributo relacionado con la lujuria no hay más que un paso, así que es difícil no ver el patrón iconográfico de este pecado –una mujer desnuda con serpientes mordiendo o succionando los pechos- cubierta con una cabellera tan abundante como desordenada.

 

En el interior de la iglesia de Santa Maria de Siones se encuentra junto al relieve de santa Juliana este otro personaje patron iconografico de la lujuria cuya cabellera encrespada nos da una idea de su catadura

En el interior de la iglesia de Santa María de Siones se encuentra, junto al relieve de santa Juliana, este otro personaje, patrón iconográfico de la lujuria, cuya cabellera encrespada nos da una idea de su catadura.

 

En el mejor de los casos, reduciendo el problema al grado de tentación y no de pecado propiamente dicho, la Iglesia Católica recomienda encarecidamente a sus parroquianas entrar en los templos con la cabeza cubierta recatadamente para evitar cualquier atisbo de insinuación hacia el sexo contrario en lugar sagrado. En su día ello favoreció enormemente la artesanía y la fabricación de velos, algunos de ellos verdaderas obras de arte que solían lucirse con fatua y ostentosa pedantería como distintivo de nivel social.

 

 

Cabra

 

Cabras en un capitel del portico de la iglesia de Duraton Segovia

Cabras en un capitel del pórtico de la iglesia de Duratón (Segovia).

 

La figura de la cabra se remonta, en lo que a su iconografía se refiere, al 5.200 – 5100 a.C. en Tartaria, yacimiento próximo a la villa de Cluj, en Transilvania, en este caso, en un grafismo inciso sobre una placa en la que se representa al animal junto a un árbol, por lo que hay que asociarla a la idea de estimulación provocadora de la vida en general y vegetal en particular.

Más tarde, ya en los períodos minoico y subminoico, entre 1.300 y 1.100 a.C. vuelven a aparecer, -en cerámicas, discos y sellos-, asociadas a lunas, plantas y lo que podría calificarse como árbol vital y con el mismo significado simbólico. En uno de estos sellos bifaciales se representa, en una de sus caras, a una pareja de cabras copulando junto a un nuevo árbol de la vida en el centro, mientras en la otra cara lo hace una pareja humana, todo lo cual refuerza con claridad el simbolismo antes consignado.

La imagen de la cabra estimuladora de la vida continuó en épocas posteriores, siendo fácil encontrarla en vasos funerarios griegos de estilo protogeométrico y representada junto a plantas que empiezan a crecer, como en un vaso de la necrópolis de Kameinos en Rhodos, Grecia. Aquí ya con el matiz añadido de resurrección o renovación de la vida.

 

Pintura mural del Panteon de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de Leon

Pintura mural del Panteón de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de León.

 

En este mismo sentido se produce la mitología griega, en la que la Cabra Amaltea, símbolo de la humedad fecundante esparcida por las tormentas, fue nodriza de Zeus, que dio a las Ninfas uno de sus cuernos capaz de procurar y cubrir a los humanos todas sus necesidades, es decir, el famoso cuerno de la abundancia. A esta leyenda hay que añadir, por poner un ejemplo, el episodio mítico en el que Hefesto utiliza una piel de cabra para forrar el escudo de Palas Atenea, la égida, con el fin de proporcionarle una protección suplementaria.

En Creta, la Diosa Madre se representa en la figura de una cabra que amamanta a un niño y, en general, en las culturas mediterráneas, fue asociada a la iniciación por su tendencia a pastar en las alturas, cerca de los dioses y, por lo tanto, cerca del conocimiento.

En Siria y Caldea su imagen sirvió de amuleto contra las potencias malignas, pasando desde entonces a figurar como uno de los primeros signos zodiacales.

Fue en el mundo clásico donde la cabra comenzó a cambiar su destino como fuerza positiva y empezó a asociársela con la lujuria desenfrenada, en parte debido a la abundante iconografia de tiempos precedentes. Tertuliano decía de ella que no cometía torpes pecados sino verdaderas monstruosidades. A pesar de ello, todavía en los primeros tiempos del cristianismo se siguió viendo a la cabra como símbolo de la perfección y conocimiento por su agudeza y amplio campo de visión, todo ello basado en su reconocida afición a las cumbres desde donde divisaba grandes panorámicas. Habida cuenta de lo cual, san Gregorio la comparó con Dios, que todo lo ve con su mirada escrutadora. El resto de los Padres de la Iglesia no sólo apoyó esta idea sino que además convirtió a la cabra en emblema del Salvador.

 

Machos cabrios en la enjuta derecha de la portada de la iglesia de Santa Maria la Real de Sanguesa Navarra

Machos cabríos en la enjuta derecha de la portada de la iglesia de Santa María la Real de Sangüesa (Navarra).

 

Los bestiarios, continuadores de esta doctrina desde el Fisiólogo y Plinio, matizaron sus valencias asociándola a la omnisciencia de Cristo: …le gusta permanecer a la cabra en las cumbres elevadas y puede distinguir, por su aguzada vista, a un cazador de un simple caminante. De la misma manera, a Dios Nuestro Señor le gustan las altas montañas, es decir, los Apóstoles y los Profetas y como dicen las Sagradas Escrituras, el Dios Altísimo observa a los humildes y conoce de lejos a los soberbios. De la misma forma que las cabras distinguen de lejos al cazador, Jesucristo supo de la traición de Judas y dijo: he aquí que se acerca el que me ha de traicionar. La cabra también distingue las buenas hierbas de las venenosas, es decir, sabe diferenciar los buenos de los malos pensamientos. Si se hiere va en busca de una hierba que llaman dictamo y se la aplica sobre la herida, de la misma forma que los fieles a quienes hiere el pecado se precipitan sobre Cristo y, después de confesarse, son curados por Él…

Justo lo contrario habremos de decir del macho cabrío, pareja de la cabra. En realidad fue este animal el que cargó con todos los signos negativos en beneficio de su hembra. Los clásicos ya le tachaban abiertamente de libidinoso por su necesidad insaciable de copular, teniéndole así por animal impuro, y signo de maldición y reprobación. Como consecuencia de lo cual, en la Edad Media representó a la imagen del diablo, siendo fácil advertir su presencia por el tremendo hedor que despedía en sus funestas apariciones.

 

Capitel interior de la iglesia parroquial de la villa de Castrillo de Onielo en Palencia

Capitel interior de la iglesia parroquial de la villa de Castrillo de Onielo, en Palencia.

 

En los bestiarios también se habla de lo mismo: …el macho cabrío es un animal lascivo, impetuoso y con tendencia a atacar a todo el mundo. Cuando su lascivia le domina sus ojos dirigen su mirada de manera oblicua y de ahí viene su nombre de hircus, ya que para Suetonio esta palabra significa “el rabillo del ojo”. Es tan ardiente que puede disolver la piedra imán que ni el fuego ni el hierro reducen…

Todo lo cual, condujo al macho cabrío a descargar de la cabra todos los aspectos negativos que a ésta le habían asociado algunas culturas para asimilarlos él, hasta el extremo de convertirse en uno de los iconos más universales del demonio, una de cuyas imágenes más impresionantes se refleja en las pinturas negras de nuestro genial Goya.

 

 

Cabeza

 

En la cabeza reside la inteligencia y en ella se encuentran los sensores y emisores que ponen al individuo en comunicación con el mundo exterior. Por un lado se captan los estímulos que se reciben y, después de procesarlos en el cerebro, se traducen en emociones y sensaciones que posteriormente se emiten desde los propios órganos básicamente con la boca. También la capacidad expresiva del rostro es capaz de trasmitir emociones y estados de ánimo y, además, singularizar y reconocer a una persona.

 

Iglesia de San Miguel en la localidad burgalesa de Arlanzon Dos de los canecillos del alero de la fachada sur La cabeza de la derecha sugiere la figura de un demonio justo lo contrario que la de la izquierda

Iglesia de San Miguel en la localidad burgalesa de Arlanzón. Dos de los canecillos del alero de la fachada sur. La cabeza de la derecha sugiere la figura de un demonio, justo lo contrario que la de la izquierda.

 

En definitiva, a través de la cabeza y el rostro se refleja la personalidad del individuo en todos sus parámetros psicológicos y físicos y, en el aspecto iconográfico, sustituye al resto del cuerpo en representaciones artísticas de todo tipo, incluidas las numismáticas o filatélicas.

Con estas premisas se puede establecer, por ejemplo, que la cabeza simboliza en el guerrero la fuerza y el valor, lo cual explica la costumbre histórica y tradicional en muchas culturas de cortar la cabeza al enemigo vencido y exhibirla como trofeo que hace al combatiente proclamarse vencedor en el campo de batalla.

En la iconografía de la mayor parte de la geografía cultural de Oriente y Occidente, y lo mismo sucede en el románico, no es difícil ver representaciones de cabezas a modo de retratos sustituyendo al icono del personaje completo, ya sean individuos relacionados con el poder, ya sean religiosos o civiles, dioses o demonios o, simplemente personajes relacionados con la vida cotidiana, muchas veces evocando oficios o, en muchas otras ocasiones, vicios, virtudes o personajes relacionados con la Jerusalén Celestial, como por ejemplo los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis que rodean el trono del Cordero.

 

Iglesia de San Andres en la localidad burgalesa de Soto de Bureba Representacion de un demonio de encrespada cabellera en el arco de entrada al templo

Iglesia de San Andrés en la localidad burgalesa de Soto de Bureba. Representación de un demonio de encrespada cabellera en el arco de entrada al templo.

 

En ocasiones también menudean representaciones de cabezas trifaciales que vienen a simbolizar el triple poder de los dioses (religioso, político o militar como suele suceder en India), o bien las características de determinadas estructuras religiosas compuestas por tríadas familiares (padre, madre e hijo, como en el caso de los dioses egipcios), y otras como la Trinidad cristiana, en cualquier caso todas ellas derivadas de las teofanías indoeuropeas. A veces describen el poder de un dios en particular sobre los tres mundos (celeste, terrestre y de ultratumba, como es el caso de Hécate). En algunos otros son solamente dos cabezas, como el Jano romano o las cuatro de Brahman, que viene a tener una simbología paralela al Tetrarmorfos cristiano.

En el mundo medieval la cabeza viene a simbolizar, en general, la vida espiritual, por lo que es utilizada habitualmente para decorar canecillos subrayando con la expresividad de sus rasgos la evocación de demonios, pecados o virtudes como quedó dicho. Lo mismo podría decirse de las cabezas de los animales que son empleados para simbolizar de manera puntual, vicios y pecados.

 

 

Caduceo

 

Mercurio con su lira Estatua de marmol en el Museo Nacional de Arte Romano en Merida

Mercurio con su lira. Estatua de mármol en el Museo Nacional de Arte Romano en Mérida.

 

Al terminar una disputa entre Apolo y Mercurio, el primero, para sellar las paces, le regaló al segundo una vara de oro y  Mercurio a Apolo su lira de siete cuerdas. La vara en cuestión tenía la facultad de apaciguar las discordias.

Un buen día Mercurio encontró dos serpientes enzarzadas en una violenta lucha y decidió probar la eficacia de su vara. Se acercó a los reptiles y las tocó con ella. Inmediatamente se calmaron y se enroscaron en el bastón subiendo sobre él en direcciones contrapuestas.

Otras versiones hacer referencia a que Rea, para evitar el acoso y las impertinencias de Júpiter, que se había enamorado de la diosa, se trasformó en serpiente, pero el dios, no menos astuto, también tomó forma de reptil. Mercurio que andaba por allí contemplando con interés el curso de los acontecimientos, decidió intervenir con su vara y consiguió unirlos definitivamente.

El bastón de oro se convirtió en atributo de Mercurio a partir de entonces, al tiempo que el dios pasó a ser mediador entre los demás dioses y los hombres.

Ateniéndonos a esto, la iconografía del “caduceo” está formada con las dos serpientes que ascienden enroscadas en direcciones opuestas sobre la vara que, con el tiempo, en Grecia, se remató en la parte superior con un par de alas desplegadas simbolizando claramente su ascendencia de características celestes de origen indoeuropeo.

Los primeros emblemas del caduceo aparecen alrededor del 2600 a. C. en la India y también con el mismo origen mencionado más arriba.

Como quedó dicho son símbolo del apaciguamiento entre contendientes, de la concordia y del equilibrio entre fuerzas contrapuestas maléficas y benéficas, del bien y del mal, el día y la noche, lo femenino y lo masculino y, sobre todo, de la lucha interior entre fuerzas opuestas de carácter moral.

 

Una tosca representacion del caduceo sobre la portada de la iglesia de San Andres en Soto de Bureba Burgos

Una tosca representación del caduceo sobre la portada de la iglesia de San Andrés en Soto de Bureba (Burgos).

 

Mercurio era el dios protector sobre todo de comerciantes y viajeros, (incluido en este capítulo las almas de los que viajan al Hades, de quien era guía), por lo tanto el caduceo de Mercurio se convirtió en emblema del comercio y sus actividades. El icono evolucionó con el tiempo y fue modificado y adaptado por distintas sociedades y culturas. Así por ejemplo, las dos serpientes, siempre presentes, enroscadas sobre un falo, son símbolo y amuleto de fertilidad.

Más tarde, hacia el siglo IX, hallándose Esculapio, dios de la medicina e hijo de Apolo, en casa de un paciente llamado Glauco, apareció una serpiente que el médico aplastó con su bastón. Nada más hacerlo apareció otra serpiente con un manojo de hierbas en la boca que depositó junto a la serpiente muerta, la cual revivió en el acto. Esculapio observó sorprendido el acontecimiento e inmediatamente cogió las hierbas y se las administró a Glauco, que se hallaba al borde de la muerte, y también sanó completamente. Desde ese momento, el bastón de Esculapio, en este caso con una sola serpiente enroscada, pasó a convertirse en el emblema de la ciencia médica.

 

 

Calendario

 

No ha habido civilización o cultura importante en la historia de la humanidad que no tuviera un calendario que marcara el “paso del tiempo”, una realidad dramática e inexorable que terminó plasmada en casi todos los relojes modernos (“Tempus fugit”), y que guarda estrecha relación con aquella otra sentencia penitencial que reza: “Polvo eres y en polvo te has de convertir”. En ambos casos, directa o indirectamente, se está evocando un final escatológico para el que es necesario estar preparado y para lo cual casi no hay tiempo, táctica psicológica esta del miedo, o temor al “más allá”, muy propia de algunas etapas históricas y algunos colectivos de carácter religioso.

El concepto de calendario está ligado al hecho de establecer puntos de referencia relacionados con el devenir de la naturaleza, tanto en sus ciclos diarios como estacionales y anuales. Estos ciclos comenzaron estableciéndose por la simple observación cósmica, de modo que como la luna tenía unas fases más cortas en su desarrollo, resultaba más fácil estudiar y establecer su recorrido y marcar pautas espacio-temporales. Por lo tanto los primeros calendarios fueron lunares.

 

Representacion del Invierno en un mosaico de la villa romana de la Olmeda en Saldaña Palencia

Representación del Invierno en un mosaico de la villa romana de la Olmeda en Saldaña (Palencia).

 

Los calendarios permitían organizar el tiempo en períodos racionales de actividad y descanso, ya considerados en el día a día, como en espacios más largos, normalmente destinados a fijar meses y estaciones en relación con el mundo agrario y sus correspondientes ciclos productivos y vitales.

También servía el calendario para fijar las fechas correspondientes a festividades relacionadas con la divinidad, la comunidad y el mundo de los muertos.

Establecer estos ciclos cósmicos evocaba esencialmente los ciclos vitales de nacimiento, crecimiento, muerte y de nuevo nacimiento/renacimiento/resurrección, experiencia que se objetivaba en la propia naturaleza y más concretamente en la vida vegetal. Todo ello conllevaba un cierto control y ordenamiento de la actividad con el permiso de los dioses.

El primer calendario importante, por no decir definitivo, lo establecieron los egipcios a principios del tercer milenio a. C. Tenía un año de 360 días divididos en doce meses de 30 días, a su vez divididos en tres estaciones: Inundación (Ajet), retirada de las aguas y siembra (Peret) y recolección (Shemu), todo ello relacionado con sus particulares ciclos agrarios totalmente supeditados al comportamiento del Nilo, el cual, con sus limos enriquecidos de nutrientes que se depositaban en los terrenos cultivables de las orillas, permitía mantener la tierra en un estado óptimo de fertilidad. En cuanto se retiraban las aguas se sembraban los campos y al final de la estación de Shemu se recogía la cosecha quedando en terreno listo para una nueva inundación.

Para completar adecuadamente el calendario de 360 días se añadieron cinco días más llamados “epagómenos”, justificados según la mitología: El dios Thot (Dyehuti) creó los cinco días quitándoselos a Jonsu, dios lunar, y se los dio a Nut permitiéndola, únicamente durante este período, tener relaciones sexuales, pues Ra se lo había prohibido durante el resto del año a causa de sus infidelidades. Como consecuencia de su actividad durante los epagómenos, Nut tuvo cinco hijos: Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis. Con estos cinco días queda completado el calendario egipcio.

Grecia afinará aún más los números y creará subdivisiones de sesenta minutos para cada hora de las veinticuatro de que se compone el día, de acuerdo con el sistema sexagesimal de origen babilónico.

 

Los meses de invierno en el calendario representado en las pinturas murales del Panteon de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro de Leon

Los meses de invierno en el calendario representado en las pinturas murales del panteón de los Reyes en la colegiata de San Isidoro de León.

 

Posteriormente, a lo largo de la historia de la humanidad, y gracias a sistemas de medición cada vez más sofisticados, a lo que hay que añadir el nacimiento de la nueva era digital, la medición del tiempo es algo ya totalmente automatizado, sobre todo si comparamos los relojes solares de última generación con las primeras clepsidras de la cultura egipcia, una vez más pionera, en este caso del delicado asunto de la medición del tiempo.

La iconografía relativa a los meses del año, las estaciones y el Zodíaco la heredaron los primitivos cristianos de los clásicos, así que es frecuente este tipo de representaciones en tumbas romanas e incluso también fue abundante en suelos adornados con mosaicos, como por ejemplo el de la villa romana e La Olmeda en Saldaña (Palencia), donde las representaciones de las cuatro estaciones se inscriben en las esquinas del gran mosaico central del Oecus, aunque en este caso los motivos decorativos se centran en temas relacionados con la naturaleza

Los calendarios románicos también se hacen eco de la idea del tiempo estructurado en ciclos. Los meses son representados utilizando iconos relacionados con los trabajos y actividades propios de cada mes. Ocasionalmente también se suelen representar los signos del zodíaco y la figura del año en forma de personaje envejecido que suele ir flanqueado por las imágenes del sol y la luna. Las representaciones suele ir ubicadas en las dovelas de los arcos de portadas o en el intradós de los arcos o en relieves de fachadas.

Por otro lado la división del año en doce meses o ciclos tiene un significado de “plenitud” en muchas culturas antiguas. El número “doce” es empleado en el panteón greco-romano con sus doce dioses. En Israel eran también doce las tribus, doce son los Apóstoles, doce los signos del Zodíaco y dos veces doce los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis que rodean el trono del Cordero.

Como se dijo, las representaciones de los meses en el románico describen gráficamente las tareas mensuales ya representadas previamente en la iconografía romana y desarrolladas por los escritores clásicos.

 

El dios Jano cerrando la puerta del año que termina y abriendo la del nuevo Pintura mural en el Panteon de los Reyes de San Isidoro de Leon

El dios Jano cerrando la puerta del año que termina y abriendo la del nuevo. Pintura mural en el panteón de los Reyes de San Isidoro de León.

 

El mes de enero, por ejemplo, está directamente asociado al dios Jano (Ianus bifrons), de donde proviene su nombre, dios protector de las puertas y del tránsito entre ellas y, por lo tanto, también de los inicios o comienzos de la actividad, por lo cual era invocado siempre al amanecer, y esa es la razón de que sea el primer mes del calendario. San Isidoro de Sevilla lo describe como “el umbral y la puerta del año” (unde et bifrons ídem Ianus pringitur, ut introitus anni et exitus demonstratetur). De aquí que también Jano aparezca representado con dos caras para significar la entrada y la salida del año, lo cual tiene consecuencias gráficas en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León, donde se representa como un personaje colocado entre dos casas cerrando la puerta de la de la derecha y abriendo la de la izquierda, mientras un texto le identifica con la palabra “Géminis” por la particularidad de las dos caras que le caracterizan.

 

Parte del los signos del zodiaco representados en el relieve superior sobre una de las portadas de la fachada sur de San Isidoro de Leon

Parte del los signos del zodíaco representados en el relieve superior sobre una de las portadas de la fachada sur de San Isidoro de León.

 

En cualquier caso, todas estas representaciones zodiacales y del calendario suelen rodear o estar próximas a la figura de Jesucristo que se talla en los tímpanos en clara referencia a su condición de “Cronocrator” o “Dominador del tiempo”. También en ocasiones ocupan una franja lineal o friso junto a la portada, como en San Isidoro de León, aunque en este caso la disposición es accidental y debida más bién a una reubicación de elementos decorativos originales del edificio primitivo.

 

 

Camello y dromedario

 

Capitel del portico de la ermita de Nuestra Señora de las Vegas en La Velilla Pedraza Segovia

Capitel del pórtico de la ermita de Nuestra Señora de las Vegas en La Velilla (Pedraza), Segovia.

 

Siempre ha habido entre la gente no experta una cierta confusión, podríamos decir que histórica, entre las características físicas que definen a ambos animales; los bestiarios medievales, en general, tampoco son un punto de referencia aclaratorio al respecto, aunque era sabido que uno tenía dos jorobas y el otro una. En realidad bastante tenían con saber de su existencia, pues, sin llegar a ser considerados como exóticos, tampoco eran lo que podemos llamar animales conocidos o habituales, por lo que sus nombres respectivos quedaban confundidos entre sí.

Símbolos del carácter sobrio y paciente, adquirieron esta fama por ser los animales que se usaban, por su gran resistencia al calor y a la sed -en realidad gracias a su capacidad para almacenar agua en sus jorobas-, para atravesar los grandes desiertos de Africa y Asia. Su caminar lento pero constante les llevaba a recorrer enormes distancias en las condiciones más difíciles, cosa esta imposible de realizar para el resto de las bestias. Este “atravesar el desierto” de oasis en oasis, les llevó a ser considerados como símbolo del cristiano que después de una vida de penitencia y sacrificio alcanza por fin la meta celestial, el oasis final, o lo que es lo mismo, símbolo del esfuerzo por alcanzar la vida eterna.

 

Dromedario en las pinturas murales de la ermita de San Baudelio de Berlanga en Soria Actualmente en el Museo de los Claustros de Nueva York

Dromedario en las pinturas murales de la ermita de San Baudelio de Berlanga, en Soria. Actualmente en el Museo de los Claustros de Nueva York.

 

 

A pesar de ello en la Biblia (Levítico 11,2) se les considera animales impuros …De entre todos los animales terrestres podréis comer  cualquier animal de pezuña partida, hendida en dos mitades y que rumian. Pero entre los que rumian o tienen pezuña hendida, no comeréis: camello, pues aunque rumia, no tiene partida la pezuña; será impuro para vosotros… Ninguna otra cita digna de mención se recoge en la Biblia referente a los camellos o dromedarios, pues ni siquiera aparecen estos animales mencionados en el evangelio de san Mateo, el único que habla de la Adoración de los Magos. Simplemente se dice que venían de Oriente, (casi ignota región por aquel entonces, en la que se suponía que habitaban grandes sabios astrólogos), tras la estrella de Belén; la tradición popular, que también consideraba al rumiante procedente de las mismas zonas orientales, no halló mejor medio de transporte para estos personajes que el camello.

En la Edad Media también fue paradigma de la humildad, ya que se agachaba para ser colocada la carga o la persona que había de transportar sobre su lomo.

Como su apetito sexual, según les parecía entonces, era enorme, fue considerado, en contrapartida, símbolo de la lujuria, corroborado además por el hecho de que le gustaba beber agua sucia hasta extremo de pisotear el fondo de los manantiales para enfangarlos (ensuciarlos con el pecado) y así poder beber a su gusto.

En los bestiarios medievales europeos se narran todas estas incidencias y además se especifica el origen de su nombre “camelus”, porque al ser cargados se agachan y se ponen a ras de tierra, ya que en griego “cami” significa pequeño o bajo, o también porque “camur”, significa curvo, que es como tiene el lomo. …Los oriundos de Arabia, -siguen los bestiarios-, tienen dos gibas (es el auténtico camello) y los bactrianos (el dromedario) solo una. Este último es más fuerte, aunque los árabes son más numerosos. Sus pezuñas no se desgastan nunca. El bactriano sirve para correr, pero solo soporta cargas livianas, mientras que el arábigo es más lento pero puede transportar enormes pesos.

Soportan bien la sed durante tres días, pero si tienen ocasión, beben hasta saciarse para compensar las privaciones pasadas y prevenir las futuras. Los cambios climáticos les afectan en su salud y en su carácter. Suelen vivir unos cien años….

 

Camello en una de las metopas de la iglesia de Duraton Segovia

Camello en una de las metopas de la iglesia de Duratón (Segovia).

 

San Isidoro menciona la palabra “dromedario” para definir correctamente al animal de una joroba y añade que el nombre le viene en razón de la rapidez de su carrera, pues ambas palabras se dicen “dromos” en griego. En efecto, el dromedario es capaz de recorrer cien leguas en un solo día. Es un rumiante ya que el nombre procede de “ruma”, la parte superior del estómago, desde donde la comida, una vez ingerida, es devuelta a la boca en algunos animales.

No encontraremos, sin embargo, ninguna otra referencia o comparación específica de corte moralizante, a pesar de que sus características generales, tanto buenas como malas, se prestan a dar mucho juego en este sentido.

Para Al-Durayhim, y en general para los bestiarios árabes, los camellos son rencorosos por naturaleza, son los animales que mejor visión nocturna tienen y además poseen en las diversas partes de su cuerpo -convenientemente tratadas- grandes propiedades curativas. En las miniaturas que representan al animal llamado camello en algunos de estos bestiarios, aparecen con una sola joroba, lo que demuestra que también ellos confundían las dos variedades del rumiante.

 

 

Cangrejo

 

Cuenta la leyenda que Euristeo, inducido por Juno, encargó a Hércules doce trabajos de una dureza y dificultad extremas. Uno de ellos, el segundo, consistía en eliminar a un monstruo descomunal, hijo de Tifón y Equidna, que diezmaba la población de Lerna y asolaba la tierra. Se trataba, naturalmente de una hidra, de la que más adelante se hablará.

Hércules se puso manos a la obra, pero Juno y Hera habían mandado en auxilio de la bestia un enorme cangrejo con el fin de entorpecer al héroe en su trabajo. No lo consiguió porque Hércules, irritado por las persistentes mordeduras de sus pinzas, lo aplastó con el pie y lo enterró finalmente junto con la hidra. Pero los dioses, como premio por su acción, colocaron al cangrejo en el firmamento entre los demás signos del zodíaco.

El cangrejo aparece ya en el conocido techo astronómico del templo egipcio de Dendera, construido al final del período Ptolemaico (siglo I a.C.), lógicamente con influencias griegas. En él se representan la casi totalidad de los iconos zodiacales que hoy conocemos. En la actualidad Cáncer es el cuarto signo y está situado después del solsticio de verano, cuando el día comienza a perder preponderancia con respecto a la noche.

 

Relieve con el cangrejo del zodiaco en Puerta del Cordero de la Real Colegiata de San Isidoro en Leon

Relieve con el cangrejo del zodíaco en Puerta del Cordero de la Real Colegiata de San Isidoro, en León.

 

Casi todas las culturas con conocimientos astronómicos han representado la división de sus ciclos temporales de forma circular, con doce subdivisiones representadas, a su vez, por doce iconos correspondiente a otras tantas constelaciones, y en casi todas se pretende que cada uno de estos signos tiene influencias sobre los nacidos dentro de cada período.

En el caso del cangrejo, tenido por símbolo del agua primordial y del espíritu de las aguas, se le supone poseedor y guardián de los valores internos de la persona, bien protegidos, además, por un duro caparazón externo. El silencio y la oscuridad en que se gesta todo lo que va a nacer, le asocia con la luna.

Para san Isidoro de Sevilla (Etimologías III, 71, 26) “el nombre de Cáncer se debe a que cuando el sol, en el mes de junio, llega a este signo, comienza a retroceder a la manera de un cangrejo, y empiezan a ser más cortos los días. Este animal tiene la parte delantera poco marcada y avanza en su marcha ora a un lado ora al otro, de forma que la parte anterior se convierte en la posterior y viceversa”.

Los bestiarios medievales no suelen incluir en sus páginas ilustración alguna de la imagen del cangrejo, pero sí comentan algunos aspectos zootécnicos curiosos, como el hecho de que les gustan las ostras “y procura darse grandes comilonas con su carne”. Lo malo es que la ostra no se lo suele poner fácil ya que al menor asomo de peligro, se encierra en su concha y no hay manera de abrirla porque “la naturaleza, conocedora de la voluntad del Altísimo, protege con una especie de muralla la blandura de su carne”. No obstante el cangrejo tiene que comer, así que urde una estrategia que consiste en esperar a que la ostra se confíe y, “cuando ésta abre su concha creyendo que nadie la acecha, el cangrejo lanza una piedra dentro que la impide cerrarse”. El resto es fácil de imaginar, pues el bivalvo queda completamente indefenso y a merced del comensal.

Esto último sirve de excusa al no menos tenaz moralista que hay detrás de cada bestiario, para poner verde al pecador que actúa como el cangrejo: “Pues, así mismo, hay hombres viciosos que, como el cangrejo, se introducen traicioneramente y con trampas en morada ajena y hacen uso de lo que pertenece a otros”, para acabar confesando las intenciones ya apuntadas: “Usemos los ejemplos de la fauna marina a favor de nuestra salvación y no de nuestra perdición”.

 

 

Carnero

 

Canecillo en la cabecera de la iglesia de San Martin de Tours en la villa de Fromista en Palencia

Canecillo en la cabecera de la iglesia de San Martín de Tours en la villa de Frómista, en Palencia.

 

Teniendo en cuenta de la importancia económica de este ovino, una vez domesticado, en cuanto a los aspectos relacionados con la subsistencia del hombre, no es difícil encontrar ejemplos iconográficos a partir del 7.000 a.C. bien sea en figurillas de terracota o en decoraciones esquemáticas en cerámicas, en muchos casos decoradas a su vez con grafismos reticulados, cheurones -dobles uves paralelas- o líneas serpentiformes.

Posteriormente, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, sobre todo en la zona centroeuropea, el carnero es identificado como animal sagrado de la Diosa Madre -en sus formas de Diosa Serpiente y Diosa Pájaro, como variaciones típicas de determinadas regiones-. Así encontramos figuras de carneros, o vasijas con su forma, asociada a decoraciones identificativas de la Diosa Pájaro -como cheurones y líneas paralelas triples-, en Prîstina, al sur de Yugoslavia (5.000 a.C.), o en Gradesnica, Bulgaria. Estas triples líneas parecen tener relación también con una esquemática representación de la lana, importante no sólo por ser utilizada en la confección de ropas, sino además como símbolo de abundancia.

En otros casos, como en algunas tumbas del Neolítico tardío excavadas en Ozieri, Cerdeña, el escueto grafismo que representa al animal termina en forma de pico de ave, en clara asociación con la Diosa Pájaro. A veces se representa inciso en las paredes de roca y otras en vasos de cerámica, ya en el 1.500 a.C. en Creta.

 

Canecillo en la cabecera de la iglesia parroquial de la localidad de Villanueva de Nia en Cantabria

Canecillo en la cabecera de la iglesia parroquial de la localidad de Villanueva de Nía, en Cantabria.

 

Es fácil suponer, con estos antecedentes, que el carnero fue víctima de sacrificios rituales, sobre todo a los dioses masculinos, como Zeus, que poco a poco se fueron implantando en las culturas mediterráneas, razón por la cual, pasado el tiempo -y dado que los rituales de sacrificio de este animal en particular tuvieron la suficiente importancia como para que la Biblia los recogiera en el Levítico y los Números-, se le asoció con el sacrificio del Redentor, como luego veremos.

En las tradiciones populares, el carnero es un animal mágico, capaz de trasmitir felicidad, riquezas y fecundidad a quien se alimenta de él, no en vano fue el animal preferido de la Diosa Madre donante de la vida, lo cual, posiblemente, dio lugar al origen del signo zodiacal de Aries, que corresponde a los meses de primavera, que es precisamente cuando surge la vida con toda su fuerza tras el letargo invernal. Pasó de Caldea a Fenicia y luego a Egipto y Grecia.

En Egipto el carnero es la representación de Amón Ra, el sol a lo largo del día, con el astro colocado sobre su cabeza. Al dios Knef también se le representa así, simbolizando ahora la idea de “creador de vida”. Esta asociación con el dios supremo pasó a la cultura griega, sustituyendo a Amón por Zeus, aunque en este caso el carnero se limitaba a acompañar al dios. En algunos templos egipcios, además, aparece la estatua sagrada de este animal que era considerado como propiciador de la fecundidad femenina.

 

Capitel del claustro del onasterio de San Juan de Duero en la ciudad de Soria

Capitel del claustro del monasterio de San Juan de Duero, en la ciudad de Soria.

 

Para los chinos fue vehículo propagador de la vida y eran muy populares las representaciones del animal como talismán de la felicidad y fecundidad para los matrimonios, lo cual no es nuevo como ya vimos en anteriores culturas.

La tradicional asimilación del ovino a la divinidad hizo que en el cristianismo primitivo se vieran algunos iconos del carnero con el crismón sobre su lomo, en vez del habitual cordero, que es el caso de algunas terracotas, y también como emblema y acompañante del Pastor de almas, pues el carnero solía caminar delante del rebaño como guía, motivo por el que aparece representado en el remate de algunos báculos pontificios, hecho iconográfico habitual en los pueblos mediterráneos, sobre todo en Grecia y Roma, aunque con distinto contenido simbólico pues, en este caso, la cabeza del carnero solía rematar el extremo de amuletos fálicos protectores de la capacidad reproductiva humana y algunos bastones de mando, aludiendo ahora a la fuerza del carnero.

Además de las referencias bíblicas del Levítico y Números ya comentadas, y en relación al simbolismo sacrificial del carnero, que duró hasta bien entrada la Edad Media, no podemos olvidar el episodio de Abraham en el monte Moria en el que, a punto de inmolar a su hijo Isaac, fue detenido por el ángel del Señor, el cual le proporcionó otra víctima para el sacrificio: …Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en unas zarzas por los cuernos. Luego tomó el carnero y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo… (Génesis 22, 13). Más tarde san Agustín vio en el carnero enredado en las zarzas la imagen del Salvador coronado de espinas y a punto de morir por los pecados del mundo.

 

Canecillo en la fachada sur de la Colegiata de San Martin de Elines en Cantabria

Canecillo en la fachada sur de la Colegiata de San Martín de Elines, en Cantabria.

 

Los bestiarios medievales, en general, abundan en la misma idea: …Primitivamente los paganos sacrificaban al carnero en los altares, o aras, siendo así que “aries” es lo que se coloca en ellas y de ahí viene que el carnero se degüelle en el ara…. Dan razón, además, de otros aspectos, como su fuerza, de la que deriva su nombre de vervex o vires porque es más vigoroso que el resto de los ovinos: …Su fuerza reside sobre todo en su cabeza la cual está llena de lombrices -curiosa observación- que le provocan una fuerte excitación y ganas de pelea que calman dándose violentos topetazos entre sí…, lo cual llevó a relacionar a este animal con Marte, dios de la guerra.

 

 

Centauro

 

Centauro en una de las arquivoltas de la portada sur de la iglesia parroquial de la localidad burgalesa de Moradillo de Sedano

Centauro en una de las arquivoltas de la portada sur de la iglesia parroquial de la localidad burgalesa de Moradillo de Sedano.

 

La primera imagen del centauro, en su origen, fue la de un hombre completo al que se añadieron los cuartos traseros de un equino, aunque posteriormente, alrededor del año 600 a.C., fue representado con cabeza, torso humano y cuerpo de caballo, que es como llegó hasta el románico.

Para los etruscos, se unían así las cualidades físicas del caballo (velocidad, fuerza y resistencia) a las humanas (inteligencia), aunque dicha conjunción fuera considerada en ocasiones con signo negativo, como Cirlot en su “Diccionario de símbolos”, el cual, basándose en las tradiciones míticas y legendarias, considera que en realidad es la fuerza bruta del animal la que domina a la inteligencia del hombre, como  sucederá en la época medieval.

Parece ser que el pueblo de los centauros vivía y prosperaba en los montes de Tesalia. Eran hijos del rey Ixión y Hera, transformada para la ocasión en nube. Esta rama de los centauros, pues hay otra, es la que simboliza y representa la fuerza brutal y desenfrenada. La segunda familia desciende de Filira y Cronos, uno de cuyos hijos, el centauro Quirón, representa lo contrario: la bondad y la fuerza empleada en defensa de las buenas causas.

 

Centauros afrontados uno de ellos con un escudo en un capitel del portico de la iglesia parroquial de Rebolledo de la Torre Burgos

Centauros afrontados, uno de ellos con un escudo, en un capitel del pórtico de la iglesia parroquial de Rebolledo de la Torre (Burgos).

 

En cuanto a la primera rama de los centauros, es famosa la contienda que sostuvieron con los lapitas. Dicha batalla configuró básicamente una parte importante del simbolismo que finalmente recaló en el románico: Pirítoo invitó a casi todos los dioses a su boda con Hipodamía. Entre los invitados se encontraban sus primos los centauros, los cuales, ante la masiva asistencia de invitados y el reducido espacio para colocarlos a todos, decidieron, junto con algunos príncipes tesalios, llevar sus mesas a una cueva cercana protegida del sol por un bosquecillo. Comenzó a correr el vino, pero nuestros protagonistas nunca lo habían probado, lo que produjo funestas consecuencias ya que, por añadidura, su aroma y sabor les pareció maravilloso y bebieron sin medida. En un momento dado se acercaron los novios a la cueva para saludar a sus invitados y fue entonces cuando el centauro Euritón, totalmente ebrio, se levantó de un salto volcando la mesa y, abalanzándose sobre la novia, se la llevó de allí arrastrándola del cabello. Siguiendo este lamentable ejemplo, los demás centauros -que no estaban menos ebrios-, se lanzaron desenfrenadamente sobre todas las invitadas y muchachos jóvenes que encontraron al paso, violándolos sobre el terreno. Inmediatamente, Pirítoo y Teseo, su padrino de boda, corrieron en auxilio de Hipodamía y consiguieron detener a Euritón, al que cortaron la nariz y las orejas. A continuación se desató una feroz lucha entre lapitas y centauros que duró hasta el anochecer. Como consecuencia de lo cual fueron expulsados los centauros de sus zonas de caza, ubicadas en el monte Pelión y tuvieron que huir hacia la región de los eticios. Pero reunidos y rehechos en las laderas del monte Pindo, atacaron al ejército lapita causando una espantosa carnicería. Esta legendaria enemistad fue provocada por Ares y Eride en venganza por no haber sido invitados a la boda, aunque previamente ya tenían cuentas pendientes con Pirítoo.

 

Centauros apuntando con sus flechas a una dama en el capitel toral izquierdo de la iglesia parroquial de Valdeolmillos Palencia

Centauros apuntando con sus flechas a una dama en el capitel toral izquierdo de la iglesia parroquial de Valdeolmillos (Palencia).

 

Sin embargo, este tremendo episodio no fue obstáculo para la mítica existencia de otro centauro, el mencionado Quirón, maestro de Esculapio, dios de la medicina, y de Aquiles, como se señala en la Ilíada (libro XI, 832), cuando Eurípilo, herido en el muslo por una flecha troyana, le insta a Patroclo a lavarle y curarle la herida espolvoreando sobre ésta …los calmantes remedios excelentes que dicen que aprendiste de Aquiles a quien Quirón enseñara, el más justo de los centauros… Efectivamente, no solo les instruyó en el arte de la medicina sino también en el de la música, la caza y la guerra.

Quirón, centauro inmortal al que incluso acudirá el divino Dionisos para obtener el conocimiento de la ciencia sagrada, fue herido por una flecha de Hércules. Este episodio se desarrolla en el contexto del cuarto trabajo del héroe, cuando se dirigía a Erimanto para dar caza al jabalí. En el camino, el centauro Folo le invitó a comer y beber para reponer fuerzas, pero el resto de los centauros montó en cólera y atacó tanto a Folo como a Hércules. Éste se defendió con teas encendidas, pero la nube de Hera descargó un aguacero que apagó el fuego. No obstante, el héroe lanzó sus flechas matando a varios contrincantes; una de ellas atravesó el brazo de Élato para terminar clavándose en la rodilla de Quirón. Desolado Hércules por el accidente, trató de curarle pero le fue imposible. Prometeo se ofreció a aceptar la inmortalidad pues el rey de los centauros no quería vivir con semejante herida. Zeus aceptó el acuerdo.

 

Centauro en uno de los capiteles de la portada sur de la colegiata de Santa María en el caserio de Piasca Cantabria

Centauro en uno de los capiteles de la portada sur de la colegiata de Santa María, en el caserío de Piasca (Cantabria).

 

A pesar de toda la tradición literaria que da cuenta de la existencia de los monstruosos equinos, Lucrecio, en su “De rerum natura”, tiene muy claro que el centauro es un animal que no puede existir, porque estando compuesto por una parte humana que crece más despacio y vive más años que la animal, en un momento dado sería imposible su coexistencia pues un infante de corta edad estaría en el cuerpo de un caballo adulto y, posteriormente, el caballo viejo y a punto de morir tendría que sostener a un joven.

 

Centauros afrontados uno de ellos con un escudo en un capitel de la portada sur de la Colegiata de Santa Maria en el caserio de Piasca Cantabria

Centauros afrontados, uno de ellos con un escudo, en un capitel de la portada sur de la Colegiata de Santa María, en el caserío de Piasca (Cantabria).

 

Al margen de otras muchas historias, en las ya contadas se encuentran las claves simbólicas para interpretar a los centauros de nuestras iglesias. Los hallaremos siempre a punto de disparar su arco, o agredir a cualquier persona o animal que se cruce en su camino, es decir, manifestando sus características y cualidades: Fuerza bruta desenfrenada, indiscriminada, de carácter sexual en muchos casos, sobre todo cuando vemos al animal tocado con gorro frigio; son sus víctimas mujeres principalmente, aunque también los veremos disparando sobre dragones, grifos, leones, caballos, hidras y un largo etc. Raramente encontraremos hembras, excepto en el caso del capitel del Monasterio de Santo Domingo de Silos.

En cuanto a los bestiarios medievales nada dicen del centauro en la mayor parte de los casos y en otros, tan solo para referirse al onocentauro, al que describen como animal que …tiene dos naturalezas, la superior semejante a un hombre y la inferior parecida a un asno… y aquí se sacan conclusiones para el cristiano …a él se asemejan los insensatos e hipócritas…Aunque queda claro que no se trata del mismo animal en lo referente a su significado en el templo románico.

 

Centauro atacando a un dragon en uno de los capiteles del claustro de la Colegiata de Santa Juliana en la localidad cantabra de Santillana del Mar

Centauro atacando a un dragón en uno de los capiteles del claustro de la Colegiata de Santa Juliana, en la localidad cántabra de Santillana del Mar.

 

No se nos olvida, por último, que el centauro presta su icono al Sagitario del Zodíaco, tal vez porque aquellos primitivos centauros de Tesalia tenían fama de ser muy hábiles en el manejo del arco y, además, porque el arco y la flecha era arma propia de dioses, hasta el extremo de convertirse en atributo de algunos de ellos, como Apolo -propietario de la flecha que hirió a Quirón-, Artemisa o Eros. También muchos reyes, a lo largo de todas las culturas, fueron representados con arco y flechas en actitud de combate, por lo que no es de extrañar su presencia en el firmamento.

 

 

Cerdo

 

Pintura mural del Panteon de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de Leon

Pintura mural del Panteón de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro, en la ciudad de León.

 

No es precisamente un animal al que haya tratado la bibliografía con la abundancia que sugiere su figura. En efecto, los bestiarios, en general, omiten su descripción a pesar de que no falta su imagen en el románico y, sobre todo, siendo como fue, básico en la precaria economía del pueblo medieval; tanto así que es figura habitual en los calendarios y no suele faltar en las representaciones alegóricas de los meses invernales, particularmente de octubre y noviembre, meses en los que termina de engordar para luego ser sacrificado. Ejemplo magnífico de ello lo tenemos en las pinturas murales del Panteón de los Reyes de San Isidoro de León.

No obstante, en el período que va desde el 7.000 al 3.000 a.C., en Centroeuropa, es la figura de la cerda uno de los pocos animales que simbolizan a la Madre Tierra, sobre todo en estado de ingravidez. Se la puede ver en figurillas en las que se representa a la diosa con su cabeza porcina y, a veces, con máscaras del animal exquisitamente elaboradas; o bien en vasijas con su forma y adornadas con grafismos referentes a la fertilidad; y anillos y pendientes para resaltar su asociación con la diosa, además de la femineidad, alegoría de la fecundidad. Tampoco faltan representaciones escultóricas incluso en mármol, en particular procedentes de las Cícladas (3.000 a.C.).

 

Canecillo en la fachada sur de la iglesia parroquial de la villa de Barcena en Cantabria

Canecillo en la fachada sur de la iglesia parroquial de la villa de Bárcena, en Cantabria.

 

En algunos santuarios de la antigua Grecia se encuentran relieves y pinturas representando bailarinas, tal vez sacerdotisas, llevando máscaras, en forma de cabezas de cerdo, y pezuñas. En las festividades que se llevaban a cabo en honor de la diosa Demeter, -las cuales se celebraban en la época de la siembra del grano, en otoño-, las participantes, pues sólo concurrían mujeres en los ritos, ofrecían cochinillos que, previamente sacrificados, habían permanecido algún tiempo en cuevas subterráneas (útero de la Diosa Madre) hasta su total pudrición (inicio y paso necesario para la germinación, es decir, el mismo proceso que el de una semilla cuando se siembra). Luego eran colocados en las aras rituales y mezclados en una masa, hecha de trigo, a la que se le daba la forma de los genitales masculinos con el fin de potenciar y asegurar, aún más, el florecimiento de la simiente que se iba a sembrar a continuación.

En Egipto, concretamente en el delta del Nilo, se participaba de la misma idea con respecto al cerdo pues, una vez diseminadas las semillas de la siembra, era introducido este animal en el campo con el fin de pisar y hundir los granos en la tierra, en la creencia de que así quedaba garantizada la germinación de las cosechas.

Con la misma intención de propiciar y estimular el desarrollo de las cosechas, actuaban los romanos cuando sacrificaban hembras en estado de gestación en los altares de Ceres y Tellus, la Madre Tierra, durante las fiestas de la siembra, al tiempo que  depositaban tortas hechas de cereales como ofrenda y agradecimiento anticipado de una recolección abundante.

 

Pintura mural del Panteón de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro en la ciudad de Leon con cerdos en la representación del mes de octubre

Pintura mural del Panteón de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro, en la ciudad de León con cerdos en la representación del mes de octubre.

Dicho lo cual, y a pesar de ello, es necesario añadir que el cerdo ha sido universalmente conocido como símbolo de la glotonería, pues engulle todo lo que se le pone por delante. Representa las tendencias malignas y, según las épocas, también la gula, la ignorancia y la lujuria , pues se solaza en el estiércol y en el fango como dijo san Clemente de Alejandría, para añadir que sus carnes son consumidas habitualmente por los impuros, razón que no anda lejos de ser la causa de su prohibición en el Islam, tal vez junto con otros motivos de carácter más bien profiláctico, pues sabido es que el cerdo puede provocar graves trastornos de salud si no se controla su consumo debidamente, cosa ésta difícil de llevar a cabo en épocas pasadas.

 

Cerdo en el capitel derecho de la portada sur de la iglesia de Santa Maria de la Oliva en Villaviciosa Asturias con un cerdo siendo atacado por un perro

Cerdo en el capitel derecho de la portada sur de la iglesia de Santa María de la Oliva en Villaviciosa (Asturias) con un cerdo siendo atacado por un perro.

 

Curiosamente es en el “Libro de la utilidad de los animales” de Ibn Al-Durayhim donde se encuentra, desde un punto de vista eminentemente práctico, una amplia descripción del cerdo, incluso más que en el caso de otros muchos animales, a pesar del origen árabe del bestiario. También aquí se consigna la característica de su incontinencia para aparearse, lo mismo que para buscar alimento; así como también el hecho de andar metido siempre en el lodo y la suciedad, de ahí que se le conozca además con el nombre de marrano. Se añade en el tratado que el animal tiene muchas utilidades, entre otras que su hueso, …cuando está podrido el hueso del hombre, y se pone en su lugar, no es rechazado por el cuerpo y hace crecer sobre él la carne…, apreciación que hace pensar en alguna experiencia de trasplante pionero, cuanto más cuanto que es admitido por la ciencia que el cuerpo humano y el porcino tienen muchas similitudes biológicas y menos posibilidades de rechazo orgánico, a lo que parece.

 

 

Ciervo

 

Pintura mural de la ermita de San Baudelio de Berlanga Soria Actualmente en el Museo del Prado de Madrid

Pintura mural de la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria). Actualmente en el Museo del Prado de Madrid.

 

Hablamos ahora de uno de los animales más antiguos, no sólo en cuanto a su aparición como motivo iconográfico y simbólico, sino también en lo que se refiere a su participación en rituales como ofrenda o víctima. Efectivamente, hay constancia de que algunas tribus cazadoras del norte de Europa sacrificaban ciervos jóvenes a algún tipo de Diosa Madre, tal vez con el fin de propiciar la creación de vida o potenciar sus poderes y protección. Esto se vio en los yacimientos de Stellnoor y Meiendorf, en Alemania, y cuyo origen se remonta al 16.000 a.C.

Cerca de Altamira, y más concretamente en el yacimiento de el Juyo, en pleno Magdaleniense (12.000 a.C.), se encontraron restos de ciervos enterrados en una gran oquedad, completamente artificial, junto a varios grupos de astas; y lo mismo sucedió en la cueva de Tito Bustillo, en Asturias, donde también pudieron haberse puesto en práctica rituales con participación de ciervos, ya como víctimas propiciatorias a la Diosa Madre o, incluso, representando a la propia Diosa; en esta misma cueva fue hallada una cornamenta de ciervo tallada con una figura antropomorfa y rodeada de placas con figuras de ciervos pintadas, disposición no exenta de intención.

 

Ciervos afrontados en un capitel interior de la iglesia parroquial de Castrillo de Onielo en Palencia

Ciervos afrontados en un capitel interior de la iglesia parroquial de Castrillo de Onielo, en Palencia.

 

En algunos asentamientos del Paleolítico Superior Final (7.500 a.C.) se encontraron cráneos de ciervos con su cornamenta, preparados para ser utilizados como máscaras en danzas rituales.

En el Neolítico se extiende en mayor medida la imagen, tal vez ya sacralizada, del ciervo. Sobre todo, y como ejemplo, en los magníficos vasos con la forma del animal, hallados en Anatolia y Bulgaria y decorados con grafismos geométricos relacionados con el agua dadora de vida. Lo mismo sucede desde la Edad del Bronce a la del Hierro en la zona del Egeo. En este período son destacables multitud de figurillas de ciervos y personajes femeninos con cabezas de ciervo, todos ellos con decoraciones relacionadas de nuevo con el agua y los fluidos vitales.

En épocas inmediatamente posteriores, el ciervo comienza a representar a la Diosa en estado de dar a luz, como sucede en Sumeria. En Grecia, es consagrado a Hera, diosa del amor. Artemisa es, a su vez, no sólo protectora de las ciervas jóvenes, lo mismo que de las embarazadas, sino también diosa de los alumbramientos. Cuenta la leyenda que las hembras de ciervo nadaban hacia una isla dedicada a la diosa para dar a luz, buscando así protección para sus crías. A ella le eran sacrificados, además de ciervos, osos, animal que también representa a veces a la Diosa Madre prehistórica. Artemisa es, así mismo, protectora de lo femenino y es obvio que los ritos que le eran dedicados, procedían de los de la Diosa Madre primitiva. Más tarde, Diana, asumió para Roma el mismo papel.

En Grecia, Chipre y Creta también pueden verse en vasijas, sellos y figuras de terracota, danzarines con máscaras de ciervos, ritos y tradiciones que luego se reprodujeron en las fiestas populares de muchos países del norte de Europa, donde se representaban danzas del ciervo que todavía hoy se llevan a cabo en algunas zonas de cultura anglosajona. Algunas de estas figuras de danzarines van cubiertas con pieles de ciervos, usadas casi como amuletos protectores, tradición que, como se verá más adelante, algunos bestiarios medievales y particularmente el Fisiólogo, recogerán en sus descripciones.

 

Ciervo en un canecillo de la iglesia de Teverga en Asturias

Ciervo en un canecillo de la iglesia de Teverga en Asturias.

 

En el mundo clásico, y en lo tocante a los documentos literarios, el ciervo es objeto de estudio para autores como Plinio en su “Historia Natural”, Eliano en “Historia de los Animales” o Plutarco en “Los Animales Inteligentes”, por citar algunos ejemplos significativos. Todos vienen a coincidir en señalar al ciervo como enemigo principal de las serpientes, cuyo combate tiene inmediato reflejo en la iconografía y en el arte. Esta enemistad proviene sin duda, no tanto de la observación de los hábitos y costumbres del animal, sino de leyendas acerca de especies similares o emparentadas con el ciervo, procedentes de países orientales, como la India o Afganistán. Lo cierto es que esta enemistad es la causa principal, junto a las tradicionales ya mencionadas, de que el cristianismo adopte rápidamente a este animal como figura representativa y emblemática de Jesucristo, el cual vence a la serpiente infernal simbolizando así la victoria de la Iglesia sobre el demonio, o del cristiano sobre el pecado. Primero se encargarán de recordarlo san Agustín, san Ambrosio, san Buenaventura, san Bernardo, san Bruno y un largo etc., y posteriormente la mayor parte de los bestiarios medievales. Consecuencia de lo cual es la gran cantidad de objetos que se fabricaron en forma de o con la imagen del ciervo, como fíbulas, broches, faleras, relieves, sellos y monedas que, como anteriormente vimos, fueron en muchos casos utilizados como amuletos protectores.

Habría que añadir una cantidad, no menos amplia, de relatos y leyendas sobre cacerías en las que el ciervo, a veces rodeado de una gran luz sobrenatural, se transforma en Jesucristo y convence al cazador para que abrace la verdadera fe y deje de perder el tiempo en aventuras cinegéticas de menor importancia.

Siguiendo con la Biblia, podemos encontrar aquí algunos pasajes significativos (pasando por alto el Libro del Cantar de los Cantares, donde el ciervo y la cierva son metáfora de los amantes en repetidas ocasiones). En Habacuc (3-19) se dice…Yahveh mi Señor es mi fuerza, Él me da pies como los de las ciervas y por las alturas me hace caminar…texto que dio lugar a comparar al ciervo con los Apóstoles y por extensión con todos aquellos que se dedican a predicar la palabra de Dios.

 

Canecillo de la fachada sur de la Colegiata de San Martin de Elines en Cantabria

Canecillo de la fachada sur de la Colegiata de San Martín de Elines en Cantabria.

 

Pero animal de tales bondades no podía eludir el hecho de simbolizar también al alma humana, cuanto más teniendo otro texto bíblico en el que apoyarse. Se trata del salmo 42, que comienza: …Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de tí, mi Dios… El contenido de este verso se transformó en un nuevo patrón iconográfico: El ciervo bebiendo en un manantial o riachuelo, de gran éxito sobre todo en los primeros cinco siglos del cristianismo, en los que estuvo relacionado básicamente con el bautismo, en el que el agua aplacaba la sed (espiritual) y limpiaba, al mismo tiempo, el pecado original de los catecúmenos. Este contenido simbólico-doctrinal quedó luego perfectamente rematado en el evangelio de san Juan (7-37) cuando Jesús, el último día de la fiesta, comunicó a sus seguidores: …Si alguno tiene sed venga a mi, y beba el que crea en mi… Por todo ello no es difícil encontrar la mencionada imagen del ciervo en baptisterios y pilas bautismales, incluso acompañada por cálices que relacionan además, al animal, con la eucaristía.

Obviamente, el ciervo (objetivo cinegético y al mismo tiempo alma del cristiano), suele ser atacado por las tentaciones y las asechanzas del demonio que le incita a pecar, por lo que a veces se le ve en el punto de mira de los arcos de los centauros, animales de carácter desenfrenado, procaz y muy propensos a agredir, con o sin motivo, a todo aquel que se le cruce por delante. Sin embargo es necesario añadir que para los celtas, el hecho de perseguir a una cierva, significaba perseguir la sabiduría, alegoría no muy alejada de la leyenda de Heracles, quien pretendía capturar viva a la cierva de pies de bronce (metal sagrado que aisla del mundo profano), la cual huye al lejano país de los hiperbóreos, los sabios de los orígenes, por lo que dicha cierva fue considerada como representación de la sabiduría, siempre difícil de alcanzar.

 

Ciervo en un canecillo de la iglesia parroquial de Hoyos en Cantabria

Ciervo en un canecillo de la iglesia parroquial de Hoyos, en Cantabria.

Los bestiarios medievales recogen casi todas estas antiguas tradiciones y leyendas en sus páginas. Se dice en ellos que …su nombre viene del griego “kerata”, cuernos. Son longevos, pues tanto cuando se sienten enfermos como cuando son viejos, van hasta una fuente, aspiran el agua por su nariz y luego la descargan en las hendiduras de las rocas en las que se refugian las serpientes, obligando a éstas a salir. Luego las matan y se las comen, pues con su veneno recuperan la salud…Para extraer a continuación la pertinente conclusión moralizante: …Así también Nuestro Redentor mató a la gran serpiente (en algunos bestiarios dragón) que es el diablo con el agua celestial, pues el diablo no puede soportar la palabra de Dios. Si tienes tú también, pues, cristiano, dragones y serpientes espirituales agazapados en tu corazón, invoca por la plegaria a Cristo, pues Él les dará muerte…

Se alaba la solidaridad del ciervo con sus compañeros pues …cuando tienen que atravesar corrientes de agua, el que va detrás apoya la cabeza en la grupa del que va delante, con lo cual se cansan menos, gracias a que se ayudan mutuamente a superar la dificultad…

 

Ciervo en un canecillo de la iglesia parroquial de Las Henestrosas en Cantabria

Ciervo en un canecillo de la iglesia parroquial de Las Henestrosas en Cantabria.

 

También su prudencia se pone de manifiesto porque …cuando oye el ladrido de los perros cambia de dirección su camino de tal manera que el viento no delate su olor y su presencia a los cazadores…

…De la misma manera que los ciervos nunca tienen fiebre, así tampoco los cristianos que comen su carne, pues el ciervo es símbolo de Cristo que se sacrificó por los pecadores y en la comunión su carne quita la fiebre que es el pecado… Propiedad curativa no única en la lista, …pues las lágrimas del ciervo, junto a los huesos que se encuentran cerca de su corazón, mezclados en una bebida son útiles para quienes sufren de palpitaciones. Y cuando se quema cuerno de ciervo y se esparce su humo por la casa, huyen las serpientes, lo mismo que si se conservan pelos de ciervo, de esta manera, si el cristiano guarda en su corazón las huellas y el temor de Dios, ningún espíritu inmundo penetrará jamás en su corazón…

 

 

Cigüeña

 

Cigüeña en el bestiario de San Petersburgo.

Cigüeña en el bestiario de San Petersburgo.

 

De entre las aves zancudas, tal vez sea la cigüeña una de las más respetadas en la antigüedad. Los egipcios la veneraban porque, se decía, cuidaban con esmero a sus mayores cuando éstos se veían ya imposibilitados para conseguir el alimento.

En la literatura clásica no es difícil encontrar páginas dedicadas a ella. Plutarco, entre otros muchos autores, cuenta que los tesalios la tienen en gran estima porque en determinado momento hubo una enorme plaga de serpientes venenosas y las cigüeñas acabaron con ellas, motivo por el cual el castigo por matar a una de éstas aves era la pena de muerte.

Esta depredación con respecto a las serpientes se vio confirmada por los arqueólogos que excavaron la antigua ciudad de Troya, los cuales reconocieron que, durante las estaciones de primavera y verano, habría sido imposible trabajar de no ser por los millares de cigüeñas que se concentraba en la zona, gracias a las cuales los ofidios desaparecían.

 

Canecillo de la fachada sur de la ermita de Sotosalvos en Segovia

Canecillo de la fachada sur de la ermita de Sotosalvos en Segovia.

 

La mitología tampoco se olvidó de la zancuda y la incluye en la historia de Antífona, precisamente hermana de Príamo, último rey de Troya. Se decía que Antífona se consideraba a sí misma igual a Hera y ésta, para castigarla por semejante osadía, transformó su cabellera en manojo de serpientes. Atormentada por las picaduras de los ofidios, Antígona pidió auxilio a los otros dioses y éstos la transformaron en cigüeña, de forma que pudo acabar con el castigo. A consecuencia de lo cual, y en agradecimiento a los dioses, cultivó hasta el extremo las virtudes del amor conyugal y maternal, hasta el punto de traspasar a la propia cigüeña el simbolismo de estas cualidades. Así que no es raro que en épocas pasadas se haya visto la imagen de las cigüeñas con un bebe en el pico, como a la garza en ciertas regiones de China.

 

Arquivolta de la portada de la iglesia parroquial de Navas de Riofrio en Segovia

Arquivolta de la portada de la iglesia parroquial de Navas de Riofrío en Segovia.

 

San Isidoro de Sevilla dice en sus Etimologías (XII, 7, 16-17) que “su nombre, ciconiae, lo reciben por el sonido que emiten, el cual es producido cuando baten el pico. Son heraldos de la primavera, amantes de estar en compañía y enemigas de las serpientes. Cruzan volando los mares y emigran a Asia. Es notable el cariño que sienten hacia sus hijos; calientan tanto tiempo el nido incubando a sus polluelos que pierden  gran parte de sus plumas”. Todo lo cual es recogido puntualmente y al pie de la letra por la mayor parte de los bestiarios medievales, algunos de los cuales, en su afán moralizante, matizan algunos detalles zoológicos: Odian a las serpientes porque éstas representan los malos pensamientos de los creyentes; emigran a Asia porque Asia representa los pensamientos elevados y cruzar el mar supone el esfuerzo necesario para alcanzar la vida espiritual; pierden sus plumas empollando los huevos de la misma manera que los dignatarios de la Iglesia se despojan de las plumas de la opulencia; a su vez las cigüeñas, cuando cuidan a sus padres, hacen lo mismo que los discípulos que cuidan a sus maestros y les suministran lo necesario cuando están desprovistos.

A pesar de todo lo dicho, en el Levítico  (11, 18-19) se dice: “Las siguientes de entre las aves las tendréis por impuras y no se podrán comer por ser abominación: …el cisne, el pelícano, el calamón, la cigüeña, la garza en todas sus especies, la abubilla y el murciélago”.

 

Capitel interior en la iglesia parroquial de San Salvador de Cantamuda Palencia

Capitel interior en la iglesia parroquial de San Salvador de Cantamuda (Palencia).

 

Tal vez por ello la iconografía románica no distingue al ave con abundancia de representaciones, o al menos con la suficiente precisión de atributos para diferenciarla de otras zancudas, lo que también sucede en algunas culturas, e incluso en los propios bestiarios, que la suelen representar con un sapo en el pico y no con una serpiente como se señala en los propios textos.

 

 

 

 

Cister

 

Bajo la dirección del abad Roberto, un grupo de veintiún monjes procedentes de la abadía de Molesmes deciden establecerse en los bosques de Dijon para cumplir la regla de San Benito con todo rigor, todo ello con el consiguiente escándalo ocasionado por la fuga y, como consecuencia, la pérdida de prestigio del monasterio. El grupo retoma el trabajo agrícola, que hacía tiempo había sido abandonado lo que, unido a la oración, conforma el lema “ora et labora” que era de lo que se trataba. Pero como es normal, las dificultades, sobre todo las relacionadas con la alimentación y el abrigo, a lo que habría que añadir la actitud cada vez más díscola de algunos de los monjes ante las dificultades, terminaron por derrumbar el proyecto de Roberto que regresó a Molesmes encantado de recuperar su status y la vida cómoda.

 

Claustro del monasterio de San Andres de Arroyo en Palencia con capiteles tallados con motivos vegetales

Claustro del monasterio de San Andrés de Arroyo en Palencia, con capiteles tallados con motivos vegetales.

 

La fundación de La Forgeotte se llamó “Novum Monasterium” y, según la tradición, tuvo lugar el 21 de marzo de 1098, festividad de san Benito. Para los integrantes que perseveraron, Roberto no fue más que un desertor y, aunque la orden le trata con cierto respeto, lo cierto es que le excluye de la lista de abades del Nuevo Monasterio.

Después de Alberico, sucesor de Roberto, la orden queda en manos de Esteban Harging, que se encarda de su destino en 1109. Harding proporcionó estabilidad económica y prestigio al monasterio, sobre todo después de la incorporación de Bernardo de Fontaine junto a una treintena de compañeros. Todo ello llevó a Harding a crear nuevas abadías filiales. Entre 1114 y 1118 redactó la “Carta Caritatis”, texto constitucional, aprobado por Calixto II el año 1119, que dio cohesión y uniformidad a la orden en el cumplimiento de la regla de san Benito.

Bernardo, consagrado en 1115 por Guillermo de Champeaux, obispo de Châlons-sur-Marne, es el siguiente abad de la abadía de Claraval y bajo su mandato el Cister conoció una formidable expansión. Es reconocido como el gran maestro espiritual de la Orden y su influencia, tanto política como religiosa, traspasó las fronteras de toda Europa, pues sus fundaciones, cerca de doscientas cincuenta, se extendieron por toda la cristiandad.

 

Alarde de tecnica escultorica en este capitel con vegetales exquisitamente calados en la piedra Claustro del monasterio de San Andres de Arroyo

Alarde de técnica escultórica en este capitel con vegetales exquisitamente calados en la piedra. Claustro del monasterio de San Andrés de Arroyo.

 

Su reforma de la estética arquitectónica y de las actitudes religiosas y espirituales de la época fue llevada a cabo con energía y con gran éxito gracias a la gran personalidad de Bernardo de Claraval, el cual rechaza de plano cualquier alarde estético en el adorno de los templos y monasterios que puedan distraer la atención de lo verdaderamente importante, que es la meditación sobre la divinidad. Sus ideas sobre esto fueron traducidas rápidamente a la arquitectura de las primeras abadías con una actitud minimalista tanto en volúmenes como en adornos, resumiéndose éstos exclusivamente a temas vegetales. Según sus propias palabras: “…¿Pero qué hacen en los claustros, donde los hermanos tienen sus lecturas, todos esos monstruos ridículos, esa extraña fea belleza, y esa bella fealdad? ¿Por qué allí los monos inmundos, los feroces leones, los monstruosos centauros, las figuras medio humanas, los tigres moteados, los guerreros combatientes, los cazadores que tocan la trompeta?… Tan grande y variado es el número de estas representaciones que agrada más leer en las piedras que en los códices y pasarse todo el día admirando cada pormenor o detalle que meditando la ley de Dios…”

 

Uno de esos animales grotescos que tan poco le gustaban a Bernardo de Claraval Un grifo sobre uno de los capiteles del claustro del real monasterio de Santo Domingo de Silos en Burgos

Uno de esos animales grotescos que tan poco le gustaban a Bernardo de Claraval: Un grifo sobre uno de los capiteles del claustro del real monasterio de Santo Domingo de Silos en Burgos.

 

 

Clípeo

 

Escena de caza en la que un jinete se protege con un clipeo Mosaico romano conservado en el Museo Nacional de Arte Romano de Merida

Escena de caza en la que un jinete se protege con un clípeo. Mosaico romano conservado en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

 

El clípeo es un pequeño escudo de forma circular utilizado por los soldados en la antigüedad en combates cuerpo a cuerpo. Su ligereza permitía al combatiente moverse con agilidad y sin demasiado peso.

Sobre esta forma circular del clípeo los romanos solían enmarcar las cabezas de sus dioses evocando, incluso, con esta geometría, la figura del sol y, simbólicamente la procedencia solar de determinadas religiones. En ocasiones su contorno puede ser ovoide o romboidal, dependiendo muchas veces del espacio arquitectónico disponible.

 

Cabeza del dios Júpiter conservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Merida procedente del pórtico de entrada al antiguo foro de la ciudad

Cabeza del dios Júpiter conservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, procedente del pórtico de entrada al antiguo foro de la ciudad.

 

Tradicionalmente en el románico se ha venido llamando “mandorla” a este escudo por la forma almendrada que enmarca la figura del Pantocrátor, pero como muy bien explica Manuel Guerra en su “Simbología románica”, este vocablo no se ajusta ni etimológica ni simbólicamente al verdadero origen de las figuras “clipeadas”.

El clípeo es utilizado, como se dijo, como soporte emblemático para la figura de los dioses en muchas culturas e incluso para los bustos de los emperadores romanos, con un uso muy particular en numismática, el cual se extenderá hasta nuestros días.

 

Moneda de oro con la efigie del emperador Constantino el Grande conservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Merida

Moneda de oro, con la efigie del emperador Constantino el Grande, conservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

 

El antecedente iconográfico probablemente sea el escudo de Alejandro Magno sobre el que ascendió a las regiones celestes durante siete días (número solar para los pitagóricos con amplia difusión y uso en el cristianismo). Alejandro, después de su incursión en la India, como narra el Pseudo Calístenes, y con el fin de averiguar si había ya conquistado el mundo en su totalidad, fue trasportado en su escudo por dos aves (águilas o grifos, según versiones). Su ascenso a las alturas concluyó abruptamente cuando el caudillo macedonio fue detenido por dos arpías, las cuales le increparon por su osadía y empeño en penetrar en las regiones celestes, morada exclusiva de los dioses, cuando ni siquiera conocía las terrestres.

 

Pantocrator clipeado sobre la portada de la fachada sur de la iglesia de Santiago en Carrion de los Condes Palencia

Pantocrátor clipeado sobre la portada de la fachada sur de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (Palencia).

 

Con la asimilación del clípeo al disco solar se trata de representar simbólicamente la emanación luminosa propia de la divinidad solar que luego se proyectará hacia los creyentes, en ocasiones representada en forma de rayos, y ante la que éstos se prosternan.

A esto habría que añadir la idea o concepto de “protección” que proporciona el escudo, ya sea propiedad de un héroe o un dios.

Esta misma idea de escudo o clípeo como vehículo ascensional, se emplea también en el románico para representar a las almas de los justos que ascienden tras la muerte al reino celestial, que a veces se lleva también a cabo sobre un “cellum”. En ambos casos son dos ángeles alados los que se encargan de trasportar el vehículo

 

 

Cluny

 

Alrededor del año 909 d.C., y como consecuencia de una relajación más que preocupante de la vida monástica, surge en la Iglesia la necesidad de llevar a cabo una serie de reformas encaminadas a revertir esta situación.

La orden fue creada un año más tarde a partir de la donación, por parte del duque de Aquitania, de la villa de Cluny al papado para tal fin. El convento se ubicó en Mâconnais (Saona y Loira) y fue ocupado por una docena de monjes. Esta donación no fue la única pues el enorme prestigio del papado en aquella época hizo posibles nuevas concesiones y legados,

Guillermo I el Piadoso, duque de Aquitania, nombró abad a Bernon, que fue el encargado de poner en marcha la regla de Benito de Nursia por la que se habrían de regir los monjes y que Benito de Aniane trasformó para adaptarla mejor a las nuevas necesidades.

 

Interior de la iglesia de San Martin de Tours en Fromista Palencia con todos sus capiteles tallados una de las primeras en recibir las influencias cluniacenses en España

Interior de la iglesia de San Martín de Tours, en Frómista (Palencia), con todos sus capiteles tallados, una de las primeras en recibir las influencias cluniacenses en España.

 

Odón, compañero de viaje de Bernon, fue el siguiente abad. Se dedicó sobre todo a enseñar y expandir la reforma por los distintos monasterios aunque no siempre con éxito, a pesar de lo cual la influencia y poder de Cluny va creciendo considerablemente y a la muerte de Odón, en el año 942, es ya muy importante. Aimar, su sucesor, continúa su obra, pero en el año 948 se ve obligado a nombrar como coadjutor a Majolo al quedarse ciego, el cual, posteriormente, dirigirá Cluny desde el 954 hasta el 994.

La regla cluniacense termina por ser adoptada por la mayor parte de los monasterios franceses, incluidos los más importantes. Todos ellos conservaban la autonomía del priorato pero sometidos a la autoridad del abad de Cluny que, en ese momento, ostentaba Majolo, un personaje de gran predicamento entre la nobleza por su humildad y clarividencia y que fue apodado “árbitro de reyes”. Rechazó el cargo al ser elegido Papa y posteriormente fue santificado.

Odilón fue nombrado abad de Cluny en 994 y dirigió el monasterio durante los siguientes 55 años aunque la alta aristocracia no le fuera tan favorable como a su antecesor. Ello no fue obstáculo para ampliar el número de monasterios y conventos, aunque no tan grandes y prestigiosos como los anteriores, pero sí más influyentes, por cercanos, entre el pueblo llano.

El siguiente abad es Hugo de Semur que continúa con la misma política de Odilón y consigue que se incorporen a la regla monasterios o abadías tan importantes como Moissac, Lézat o Figeac. Además de esto, la orden comienza a consolidarse en España, Italia e Inglaterra con cerca de diez mil monjes.

 

Claustro del real monasterio de Santo Domingo de Silos Burgos Todos sus capiteles se encuentran profusa y bellamente tallados muy al estilo cluniacense

Claustro del real monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos). Todos sus capiteles se encuentran profusa y bellamente tallados, muy al estilo cluniacense.

 

En 1109 es nombrado nuevo abad Pons de Melgueil, el cual continúa con la idea de expandir y engrandecer la orden. Decide construir una nueva abadía (Cluny III), esta vez gigantesca, que absorbió todas las donaciones, compromisos y legados adquiridos con el Reino de Castilla y León. A partir de ese momento comienzan las dificultades económicas de Cluny y los intereses generales empiezan a desviarse hacia una nueva organización monacal que se llamaría Cister y que acababa de ser fundada unos años antes.

En 1122 Pedro el Venerable sustituye a Pons de Melgueil, que había dimitido después de una entrevista con el Papa Calixto II. Unos años más tarde, en 1126, y después de peregrinar a Tierra Santa, Pons tratará de retomar de nuevo el poder de Cluny incluso con las armas, pero finalmente fue excomulgado y Pedro el Venerable recuperó el poder. Pero después de volver las aguas a su cauce, la situación económica no solo no mejoró, sino que empeoró considerablemente a raíz de la sustracción, por parte de unos mercenarios, del oro de la abadía. De nada sirvieron la rigurosa y honesta gestión del abad, tanto en lo económico como en lo espiritual. A partir de la muerte de Pedro en el año 1157, la orden cluniacense se va disolviendo en beneficio de la nueva y pujante cisterciense.

En el siglo XI Cluny es la herramienta más efectiva para conseguir la tan deseada “reforma gregoriana”. De hecho algunos Papas procedían de la orden de Cluny, la cual se dedica básicamente a luchar contra los vicios y pecados de la Iglesia derivados de sus afinidades con el mundo feudal, algunas de cuyas perversiones e impiedades fueron también su perdición finalmente. Por detrás llegaban ya con gran fuerza, reclamando pobreza, austeridad, oración y trabajo, los cistercienses y premonstratenses.

 

 

Codorniz

 

En el paisaje de Castilla-León es ave habitual, así como en muchas partes de Europa, por lo que no podía faltar en nuestro románico, aunque con una representación muy escasa, tal vez debido a la confusión que genera su icono, muy parecido al de la paloma, entre otros, y también al elevado deterioro de las tallas de nuestros capiteles que, en muchos casos, no permite identificar las características del ave en cuestión con total seguridad.

Tanto en Grecia como en Roma era ave de buen augurio y se empleaba masivamente con estos fines, hasta tal punto que Marco Aurelio aconseja no criarla en las casas con fines augurales.

Se cuenta en la mitología clásica  que para evitar al persistente Zeus, Asteria, hija de Ceo, fue a refugiarse en la isla Ortigia y allí fue convertida en codorniz.

En los primeros tiempos del cristianismo, la codorniz representaba al alma humana, ya que emigraba en otoño hacia países más cálidos, trasposición, un tanto forzada del alma del justo que vence los peligros del mundo para refugiarse en el reino de Dios. Es fácil localizar algunas lápidas funerarias de esta época, con el ave avanzando hacia el ancla, símbolo de Cristo crucificado. También fue símbolo de resurrección pues, según la tradición mitológica, Tifón dio muerte a Hércules y éste fue resucitado por Yolao acercándole una codorniz al rostro y devolviéndole a la vida con su olor.

 

Codorniz representada en el bestiario de Oxford

Codorniz representada en el bestiario de Oxford.

 

Fue una de las aves que Yahveh mandó a los hebreos en su peregrinación por el desierto, para saciar su hambre junto con el maná.

En oriente, más particularmente en China, es el ave del fuego y del estío y está ligada al simbolismo de los ciclos agrarios por su carácter de ave migratoria, por lo que viene a simbolizar el regreso de la primavera y del renacimiento de la naturaleza.

Para los bestiarios medievales “…su nombre le viene de su grito característico y los griegos la llaman “griega” por haber sido vista por primera vez en Delos…”, lo cual guarda estrecha relación con el relato mitológico de Asteria. “…Regresan en bandadas a ultramar con la llegada del verano. El azor, que representa al diablo y sus tentaciones, las persigue, pero ellas designan para conducirlas a otra ave, llamada “rey de codornices” que se ofrece al azor para ser inmolada, mientras el resto de la bandada huye…”

“…Su llegada con el calor del verano significa el ardor de la caridad, mientras que las tentaciones del espíritu son el frío del invierno. Así vuelve el hombre justo a Dios para beneficiarse del calor de su amor que le protege de las insidias del maligno. Esta ave sufre del mal sagrado (epilepsia) al igual que los hombres, de la misma manera que el alma de éstos cae en el pecado…”

 

 

Coelus

 

Según la mitología clásica el dios Coelus fue hijo de Éter y Dies (Aire y Día). Otra versión le hace hijo de Éter y Tierra, la cual le alumbró para que la rodease y, al mismo tiempo, proporcionar morada al resto de los dioses. Del posterior matrimonio de Coelus con su madre nacieron Rea, Océano y los Titanes. Pero Coelus, temeroso por la violencia de sus hijos los tenía encerrados para que no vieran la luz del día y la destruyeran.

A su vez, Lucio Cecilio Lactancio, apologista cristiano cuenta en sus “Instituciones divinas” que Coelus fue un príncipe poderoso que se dio a sí mismo el título de Cielo creyéndose un dios. Diodoro añade en favor de Coelus unos conocimientos astronómicos importantes, de forma que se le solía representar sosteniendo el firmamento con sus manos. Esta iconografía pasó al románico en la representación del patrón iconográfico del ascenso de las almas al cielo sobre un paño (coelum) sujeto en los extremos por dos ángeles.

 

Dos angeles trasportan sobre el cellum el alma de san Juan Bautista en uno de los capiteles izquierdos de la portada del primitivo edificio de San Zoilo en Carrion de los Condes Palencia

Dos ángeles trasportan sobre el cellum el alma de san Juan Bautista en uno de los capiteles izquierdos de la portada del primitivo edificio de San Zoilo, en Carrión de los Condes (Palencia).

 

El dios Coelus terminó por desaparecer y diluirse en la mitología pero el paño celeste se universalizó en muchas culturas y siguió manteniendo su grafismo para representar la morada de la divinidad y, en ocasiones, como sucede en las bóvedas de algunos templos y no pocas tumbas egipcias, se le añaden estrellas para identificarlo simbólicamente. Todo el mundo al contemplar el cielo observa gráficamente una cúpula delimitada por el horizonte, de manera es que todas las civilizaciones lo han representado prácticamente de la misma manera, sobre todo en su ciclo nocturno.

 

Capitel izquierdo de la portada de la iglesia de Santiago en Carrion de los Condes Palencia Dos personajes con tunicas ayudan a ascender al alma de un difunto

Capitel izquierdo de la portada de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (Palencia). Dos personajes con túnicas ayudan a ascender al alma de un difunto.

 

Por lo tanto el paño también pasa a ser el objeto que simboliza el ámbito donde las almas ascienden a presencia de Dios, normalmente representado por medio de su mano que muestra el camino y al mismo tiempo las recibe.

Este simbolismo no se queda solo en los capiteles y tímpanos románicos sino que también se trasfiere a otros objetos como el palio, que es como un “cielo portátil” que cubre a modo de bóveda al Santísimo cuando es trasportado por la autoridad eclesiástica, o los baldaquinos y por supuesto las bóvedas que cubren los cruceros, naves y presbiterios de los templos.

 

 

Color

 

Las particularidades simbólicas del color son importantes para entender el significado de las imágenes. Desde Plotino (siglo IV d. C.) tenemos más o menos claro que la “iluminación” de la materia inerte, sobre la que se plasman las escenas y los personajes, convierte la obra en algo susceptible de ponernos en contacto, o facilitar el acceso y la comunicación con la divinidad, y por lo tanto de llevarnos a un estado de comprensión de lo sagrado.

 

El Panteon de los Reyes de la Real Colegiata de San Isidoro de Leon una de las joyas del romanico en España por sus inigualables pinturas murales

El Panteón de los Reyes de la Real Colegiata de San Isidoro de León, una de las joyas del románico en España por sus inigualables pinturas murales.

 

Sin la aplicación del color sobre la obra, esculpida o dibujada, no se produce el contacto mágico que nos traslada a un plano superior de conocimiento, pues el soporte sobre el que se esculpe, modela o dibuja la forma de lo que se pretende representar, es materia muerta y sin vida y por lo tanto no causa movimiento ni interés en la inteligencia. Es el acto de “iluminar” con colores el que hace trascender al personaje u objeto representado para abrir las puertas del espíritu.

Con esta premisa podremos entender fácilmente que casi toda la escultura románica, además de los propios edificios, fueran una auténtica explosión de color de la que ya casi no quedan testimonios, ya sea por causa del paso del tiempo, de la climatología adversa, de la ignorancia, de las nuevas modas o de la falta de respeto de una parte importante de la especie humana. A pesar de todo quedan algunas muestras notables que resistieron contra viento y marea, tal vez para que seamos conscientes de lo que se perdió y podamos aprender la lección.

 

Los colores no necesariamente significan por separado algo concreto que nos despeje las dudas sobre las particularidades positivas, negativas o simplemente descriptivas de los personajes dentro de las escenas, pero es evidente que las características solares de las divinidades masculinas se expresan mejor, física y conceptualmente, con aquellos colores relacionados con la luz (blanco, amarillo y dorado) y llevan asociada la idea de “claridad”, “conocimiento” y “vida espiritual”, etc. De la misma manera, las divinidades femeninas de carácter telúrico, llevan asociado lo oscuro (cuevas, interior de la tierra, útero, etc.), tonalidades también asociadas con la ausencia de vida espiritual, oscuridad, pecado e ignorancia que definen a lo pagano por contraposición a lo “celeste” oficial, lo cual marca el territorio, todavía vigente por desgracia, de lo femenino y lo masculino. Y para recalcar los aspectos negativos de las diosas femeninas de una manera más patente, también a la oscuridad se asocian los demonios y el mal en todas sus formas. El negro, los grises y los colores metálicos, ferruginosos y oscuros serán su simbólico envoltorio por lo tanto.

 

Pintura mural en el templo de El Derr, a orillas del lago Nasser Fue construido durante el año 30 del reinado del Ramses y dedicado a los dioses Ptah y Amon

Pintura mural en el templo de El Derr, a orillas del lago Nasser. Fue construido durante el año 30 del reinado del Ramsés y dedicado a los dioses Ptah y Amón.

 

Los antecedentes de estos aspectos simbólicos de los colores habría que buscarlos no solo en la iconografía y literatura clásicas sino mucho antes, tal vez en la cultura egipcia, donde ya se consideraba importante la aplicación de la “iluminación” sobre las imágenes, acto mágico que activaba los resortes de protección de las fórmulas y ensalmos que habrían de ayudar al difunto en su viaje escatológico desde las tinieblas del inframundo hasta la luz del amanecer.

En términos generales podríamos decir que la aplicación del color sobre los objetos no escapa al concepto universal de “contraposición”, concepto, por otra parte, común en todas las culturas: El bien y el mal o las fuerzas positivas y negativas, ya sean materiales o espirituales, la evolución y la involución, en definitiva, la luz y la oscuridad. Aunque evidentemente no todas las culturas asociaban los colores oscuros con el mal o lo negativo, como es el ya mencionado caso de los egipcios por poner un ejemplo, los cuales utilizaban el negro como expresión o signo de renacimiento no solo en el ámbito funerario, sino también en el de la regeneración de mundo vegetal que representaba el dios Min. O el verde oscuro con el que se ilumina a Osiris, dios de los muertos, que es empleado con el mismo valor simbólico.

 

Pesaje del alma en el tímpano del Juicio Final de la iglesia abacial de Santa Fe de Conques San Miguel lleva tunica azul celeste y el demonio a su derecha destaca sobre un fondo rojo que evoca las llamas del Infierno

Pesaje del alma en el tímpano del Juicio Final de la iglesia abacial de Santa Fe de Conques. San Miguel lleva túnica azul celeste y el demonio a su derecha destaca sobre un fondo rojo que evoca las llamas del Infierno.

 

Para Filón de Alejandría (15 a. C. al 45 d. C.), filósofo judío, los cuatro elementos que componen el universo y los colores que los identifican son: El blanco para la tierra, el verde para el agua, el rojo para el fuego y el violeta para el aire. No es esta una asignación de colores muy aceptada en general, pero viene a demostrar la preocupación histórica de dar sentido y utilidad simbólica a los colores, cuya tendencia lógica sería más adecuada si se tuviera en cuenta que, al fin y al cabo, los colores son expresión de estados anímicos relacionados con la experiencia sensorial cotidiana que rodea al individuo, algo no ajeno a la etapa del románico.

 

Portico de la Majestad de la Colegiata de Santa Maria la Mayor de Toro Zamora la cual conserva en casi todo su esplendor la magnifica policromia original

Pórtico de la Majestad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro (Zamora), la cual conserva en casi todo su esplendor la magnífica policromía original.

 

Así por ejemplo, y con respecto a los colores básicos, el azul, que es el color del cielo, estará asociado a la divinidad y al mundo espiritual; el rojo, color de la sangre, a la pasión y a los sentimientos, sin poder sustraerse por ello a un cierto matiz negativo asociado al mundo infernal; el amarillo y el dorado de nuevo a la divinidad y el verde a la naturaleza que renace, por lo que es comprensible e innegable su asociación con el sentimiento de esperanza.

 

 

Columna

 

Es obvia la importancia arquitectónica de este elemento como sustentador de las cargas del edificio, lo cual le habilita para ser también soporte de una considerable, y también obvia, carga simbólica. Desde un punto de vista cultural la columna ha sido siempre un reflejo del “Árbol de la Vida” cuyo tronco es el fuste y el ramaje el capitel.

 

Bellisima columna en forma de palmera que extiende su ramaje para sustentar la morada divina de San Baudelio de Berlanga en un solitario paraje de Berlanga de Duero Soria A pesar del expolio a que fue sometida en gran parte porque el pueblo no valoraba entonces su patrimonio lo mismo que ahora aun conserva parte de la policromia original Ha sido restaurada no hace muchos años

Bellísima columna en forma de palmera que extiende su ramaje para sustentar la morada divina de San Baudelio de Berlanga, en un solitario paraje de Berlanga de Duero (Soria). A pesar del expolio a que fue sometida, en gran parte porque el pueblo no valoraba entonces su patrimonio lo mismo que ahora, aún conserva parte de la policromía original. Ha sido restaurada no hace muchos años.

 

Con esta intención fue utilizado este elemento arquitectónico por los egipcios para sus templos, en parte como recuerdo de sus primeras construcciones en madera o haces de tallos rematando en la parte superior que luego se trasformarían en bellos capiteles de ornamentación vegetal o figurada, evocando palmeras o papiros con sus nervaduras y crucerías desplegadas por las techumbres y solucionando, no solo estéticamente, sino también desde el punto de vista matemático, los problemas de sustentación del edificio sagrado, algo que subyace como símbolo de la doctrina y el conocimiento que descansan sobre el pilar.

 

Templo de Hathor en Dendera Egipto cuyo cielo de la sala hipostila se sustenta por un colosal bosque de columnas cuajadas de las palabras de los dioses y rematadas en la parte superior por majestuosos capiteles hathoricos

Templo de Hathor en Dendera (Egipto) cuyo cielo de la sala hipóstila se sustenta por un colosal bosque de columnas cuajadas de las “palabras de los dioses” y rematadas en la parte superior por majestuosos capiteles hathóricos.

 

Por esta razón es corriente ver columnas adornadas con todo tipo de decoraciones geométricas,  vegetales o figuradas alusivas: Desde grafismos acuáticos (agua vital, agua sagrada, agua purificadora), o florales, relacionados con lo solar, o figurados con personajes diversos como ángeles, evangelistas, apóstoles y profetas.

 

Columna izquierda de la portada de la iglesia de Santiago en Carrion de los Condes Palencia Bajo el capitel en la parte alta del fuste se encuentra un angel guardian y debajo un grafismo geometrico en Zigzag representando al elemento acuatico purificador mezclado con flores de caracter solar

Columna izquierda de la portada de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (Palencia). Bajo el capitel, en la parte alta del fuste se encuentra un ángel guardián y debajo un grafismo geométrico en Zigzag, representando al elemento acuático purificador mezclado con flores de carácter solar.

 

En el templo de Salomón, las columnas e la gran sala hipóstila se tallaron en madera de cedro, considerada incorruptible. A su vez, las dos que flanqueaban la puerta de acceso al recinto sagrado se fundieron en bronce. La columna del lado derecho fue llamada Yakin, que en hebreo quiere decir “solidez” y “estabilidad”, y la del lado derecho fue llamada Boaz, que significa “fuerza”, lo que quiere decir que Yahveh funda su Casa con solidez, estabilidad, fuerza e incorruptibilidad. Los capiteles que remataban estas dos columnas estaban adornados con doscientas granadas cada uno, símbolo de la fecundidad y feracidad. Todo ello nos da una idea de la importante intención simbólica de este elemento en particular.

La misma utilización se hace de la columna en el mundo clásico. De todos son conocidas las columnas votivas y plagadas de relieves con narraciones de batallas o hechos notables para la historia de un pueblo; o conmemoraciones y crónicas de victorias importantes, uno de cuyos ejemplos más sobresalientes es la columna de Trajano erigida en el Foro que este emperador hizo levantar en Roma. En esta columna se tallan en relieve más de un centenar de escenas que ascienden en espiral hacia el ápice y que relatan todas las contiendas y viajes de Trajano.

 

La columna de Trajano se encuentra en el foro de Trajano junto al quirinal en Roma Se levanto en el año 113 y tiene treinta y ocho metros de altura Se narran dos victorias del emperador contra los dacios En un principio la superficie estaba totalmente policromada

La columna de Trajano se encuentra en el foro de Trajano, junto al Quirinal, en Roma. Se levantó en el año 113 y tiene treinta y ocho metros de altura. Se narran dos victorias del emperador contra los dacios. En un principio la superficie estaba totalmente policromada.

 

Detalle del arranque de la columna de Trajano

Detalle del arranque de la columna de Trajano.

 

En el mundo cristiano la columna evoca también todo este simbolismo del poder de Yahveh como soporte del mundo, de la vida y de lo sagrado, como se dice en el Libro de Job (9, 6) “… Él traslada losa montes sin que se den cuenta y los zarandea en su furor. Él sacude la tierra de su sitio y se tambalean sus columnas…”

Todo ello nos recuerda el episodio de Sansón cuando la ira de Yahveh se apoderó de él y sacudió con su fuerza las columnas del palacio de los filisteos y lo derribó causando una gran mortandad de la tampoco pudo escapar.

Esta misma idea se entrevé en el Apocalipsis, y más concretamente en las Cartas a las Iglesias de Asia. En la de Filadelfia (3, VI-12) se dice: “… al vencedor (inflexible con las iniquidades de sus conciudadanos) le pondré de columna en el santuario de mi Dios y no saldrá fuera ya nunca más, y grabaré en él el nombre de mi Dios (como pago por su fidelidad) y el nombre de la Ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén que desciende del cielo, de la Casa de mi Dios y del nombre nuevo que yo llevo…”

 

Beato de Fernando I y Sancha Comienzan las cartas a las iglesias de Asia El angel de cada una de las siete iglesias de Asia es el guardian divino que vela sobre ellas El Viviente se encarga de reprobarlas si no le son fieles o de premiar a los pocos que permanecen a su lado

Beato de Fernando I y Sancha. Comienzan las cartas a las iglesias de Asia. El ángel de cada una de las siete iglesias de Asia es el guardián divino que vela sobre ellas. El Viviente se encarga de reprobarlas si no le son fieles, o de premiar a los pocos que permanecen a su lado.

 

Al contrario que en el gótico, en el que la arquitectura sugiere más bien un ascenso hacia la divinidad, en el románico es la divinidad la que desciende hacia la tierra para construir su tienda entre los hombres, como se dice en el Éxodo. En este recinto sagrado del románico destaca la cúpula (morada celestial simbólica) sostenida por columnas de base cuadrada (tierra) y a veces talladas por elementos geométricos o vegetales, como se dijo, los cuales incorporan un determinado contenido simbólico al fuste. Por lo tanto la columna puede ser también considerada como elemento de conexión entre el cielo y la tierra simbólicamente, la morada celeste de la divinidad con la de los hombres en la tierra. Paul Valery, en su “Cántico de las columnas”, dice:

 

Cantamos a la vez

que soportamos el cielo,

con una voz rara y sabia,

hecha solo para los ojos.

 

Somos hijas de la proporción, de la armonía

y somos fuertes por las leyes del cielo.

Sobre nosotras desciende y duerme

un dios de miel.

 

Incorruptibles hermanas,

casi ardiendo, casi frescas,

para bailar elegimos

brisa y hojas secas

 

Caminamos en el tiempo

y nuestros cuerpos radiantes avanzan

a un paso inadvertido

que se narra en las leyendas…

 

 Un ejemplo clásico que resumiría los aspectos programáticos y doctrinales que se pueden aplicar al simbolismo de la columna es el caso del Pórtico de la Gloria, en Santiago de Compostela: Hay doce columnas a cada lado del parteluz en las que se representan, en el grupo de la izquierda, doce profetas y algunos personajes del Antiguo Testamento y en el de la derecha once apóstoles a los que se une san Juan Bautista, en este caso personajes del Nuevo Testamento. Sobre ellos descansa significativamente el peso de la Jerusalén Celestial. En el parteluz, la columna está tallada con la imagen de Santiago y también con el árbol de Jessé, o árbol de la vida espiritual, añadiendo así al fuste un simbolismo que se repite en la primera columna a cada lado del vano, lo cual redondea un conjunto depurado no solo estéticamente, sino también doctrinalmente.

 

 

 

Condenados

 

La figura del condenado es bastante habitual en la iconografía románica e imprescindible en las escenas donde se representa el temido Juicio Final, una de las llaves con las que el cristianismo ha sujetado, en mayor o menor medida, a sus adeptos. Sobre la base del miedo a las espantosas torturas del infierno se han cimentado gran parte de los entramados morales que el sector clerical ha impuesto tradicionalmente a los fieles con el fin de consolidar su poder secular.

 

El infierno suele ser representado con una gran cabeza monstruosa que devora a los condenados En este caso se trata de la iglesia de Santiago en Sangüesa Navarra y en las fauces del leviatan se puede ver ademas una caldera puesta al fuego con algunos condenados dentro

El infierno suele ser representado con una gran cabeza monstruosa que devora a los condenados. En este caso se trata de la iglesia de Santiago en Sangüesa, Navarra, y en las fauces del leviatán se puede ver, además, una caldera puesta al fuego con algunos condenados dentro.

 

Para ello la iconografía cristiana dispone de un amplísimo repertorio de atrocidades y castigos infligidos a este colectivo de los condenados. Y para apoyar esta escenografía escatológica el clero dispone de multitud de textos que van desde la época medieval hasta casi nuestros días, algunos de los cuales, que muchos aún recuerdan, eran aquellos catecismos que se obligaba a aprender de memoria en los colegios y donde se describían las penas infernales al detalle. Todos ellos, al menos en su mayoría, vienen o proceden de textos medievales escritos por algunos clérigos que no dudaban, para dar más veracidad y crudeza a sus descripciones, en explicar cómo habían sido invitados por algunos ángeles, más o menos ociosos supongo, a visitar el infierno para contemplar en directo todas las atrocidades que se les hacían a los condenados, obviamente según el tipo de pecado y demás circunstancias agravantes. El realismo de las descripciones solía ser brutal. Abundaban los lagos de hielo o de fuego, tenazas, martillos, serruchos, calderas, hornos, cocodrilos y otras fieras terribles de afilados dientes y un largo etcétera hasta completar, hasta el más mínimo detalle, la caja de herramientas de los demonios, todo ello “ad maiorem Dei gloriam”, por supuesto.

 

Un mentiroso o perjuro es atormentado por un diablo que tira de su lengua con unas tenazas mientras otro demonio le sujeta por los brazos La escena pertenece al timpano del Juicio Final de la abadia de Santa Fe de Conques en Francia Para ver el timpano completo y su descripcion se puede encontrar en la seccion de Viajes Escatologicos Viajes al infierno cristiano

Un mentiroso o perjuro es atormentado por un diablo que tira de su lengua con unas tenazas mientras otro demonio le sujeta por los brazos. La escena pertenece al tímpano del Juicio Final de la abadía de Santa Fe de Conques en Francia. Para ver el tímpano completo y su descripción se puede encontrar en la sección de Viajes Escatológicos/ Viajes al infierno cristiano.

 

Los condenados suelen ser representados en forma de figuras humanas desnudas y de pequeño tamaño si se las compara con el volumen de sus torturadores, pero normalmente suelen tener el mismo aspecto que los propios demonios. Siempre están contorsionadas o en posturas forzadas e inverosímiles para subrayar o enfatizar la violencia y el dolor que producen los castigos, o también en posturas inestables o boca abajo. Todo en acusado contraste con la corte de los justos que han sido admitidos por sus buenas obras en la Jerusalén Celestial, siempre vestidos con túnicas impecables, cabellos ordenados y expresión relajada y beatífica.

En las descripciones de los condenados se suele especificar el tipo de pecado por el que han sido reprobados y sentenciados. Por ejemplo, los mentirosos, perjuros, falsos y maledicentes, suelen abrirse desmesuradamente la boca con las manos dibujando una grotesca y desagradable expresión.

Las figuras de los lascivos y lujuriosos suelen estar siempre acompañadas de serpientes y sapos que muerden el sexo y los pechos de la mujer y los genitales del hombre. No es de extrañar porque la serpiente fue siempre considerada paradigma del mal moral desde los lejanos y míticos tiempos de la manzana de Eva, así que suele aparecer en abundancia, sobre todo cuando se representa la emblemática figura del pecado de la lujuria.

 

Un centauro atacando a un dragon simbolos de la lujuria y del pecado o demonio respectivamente enredados en tallos vegetales en uno de los capiteles del claustro de la colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar Cantabria)

Un centauro atacando a un dragón, símbolos de la lujuria y del pecado o demonio respectivamente, enredados en tallos vegetales en uno de los capiteles del claustro de la colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar (Cantabria).

 

También los animales desde su perspectiva simbólica expresiva de vicios, pecados y virtudes, son utilizados para describir la presencia de muchas trasgresiones e impiedades y, por la misma razón, la de los pecadores y condenados. Las aves, por ejemplo, que en la escatología musulmana son consideradas como almas, cumplen también el mismo papel en la iconografía medieval. Es fácil encontrarlas enredadas en tallos vegetales, en clara alusión a la perversión o descarrío en el que se han enredado y que les impide volar, razón por la cual pueden ser interpretadas como imagen de los pecadores y condenados en general. En ocasiones luchan desesperadamente contra sus ataduras picoteando los tallos vegetales que las aprisionan y, en otras, incluso picoteando las patas de otras aves próximas en clara alusión al pecado de la ira.

 

Aves picoteandose las patas simbolo de los iracundos en uno de los capiteles del claustro del Real Monasterio de Santo Domingo en Silos Burgos

Aves picoteándose las patas, símbolo de los iracundos, en uno de los capiteles del claustro del Real Monasterio de Santo Domingo en Silos (Burgos).

 

Algunos otros animales de carácter mitológico e híbrido también son utilizados con este mismo fin, como por ejemplo los centauros disparando siempre sus flechas, alegoría de la fuerza bruta y de la lujuria; los dragones, trasposición icónica del demonio y del pecado en general; o las harpías y nereidas de claras connotaciones sexuales.

En algunos canecillos de muchas iglesias no suelen faltar tampoco personajes en posturas forzadas, contorsionadas e invertidas, todas ellas además congeladas y desprovistas de movimiento que vienen a representar, con esa inmovilidad forzada y tortuosa, el castigo que les espera para toda la eternidad.

 

 

Cordero

 

Cordero en el timpano de la portada sur de la iglesia de Santa Maria en Benavente Zamora

Cordero en el tímpano de la portada sur de la iglesia de Santa María en Benavente (Zamora).

 

La inocencia, la pureza, la obediencia, el amor filial y un sin fin de virtudes adornaron tradicionalmente la imagen del cordero por lo que, no solo ocupa un lugar privilegiado, desde el punto de vista simbólico, con respecto a otros animales, sino que por añadidura, representa de manera especial a Cristo.

Podemos empezar a rastrear su aparición en escena en la Biblia y, más concretamente, en el pasaje del Éxodo en el que Yahveh instituye y da normas para la fiesta de la Pascua (una fiesta anterior a la historia de Israel), que va a preceder a la décima y definitiva plaga en la que morirán todos los primogénitos del pueblo egipcio. La Pascua era una fiesta anual, ya arraigada desde mucho antes entre pastores nómadas, que fue adoptada por el pueblo israelí, aunque para celebrarla había que pedir permiso al faraón. La coincidencia con la última plaga es casual, aunque es evidente que la fecha quedaría fijada por Dios para siempre como punto de referencia significativo en el calendario judío, y además será el antecedente de la Pascua cristiana. Yahveh da instrucciones precisas al pueblo israelita para sacrificar …entre dos luces, un cordero sin mancha ni defecto, macho y de un año… Toda su carne habrá de consumirse esa misma noche y con su sangre se habrá de marcar la jamba y el dintel de las casas del pueblo elegido. En aquellas donde no sea visible la señal, penetrará Yahveh y herirá de muerte a todos los primogénitos. A partir de aquí, ya preparado el pueblo al efecto, se iniciará la marcha hacia la tierra prometida.

En este episodio se inicia la trayectoria del cordero como víctima propiciatoria (que habrá de salvar al pueblo del Señor) y se asocia al animal, todavía indirectamente, al Jesucristo-Cordero que salva a los pecadores y que será consumido en la eucaristía cristiana.

 

Miniatura del Beato del monasterio de San Andres de Arroyo en Palencia actualmente en la Biblioteca Nacional de Paris

Miniatura del Beato del monasterio de San Andrés de Arroyo, en Palencia (actualmente en la Biblioteca Nacional de París).

 

En el libro de los Números, donde se dan instrucciones y normas generales para la vida cotidiana del pueblo elegido, se precisa, para los sacrificios diarios a Yahveh …corderos de un año, sin defecto, dos al día como sacrificio perpetuo, uno de ellos por la mañana y el otro entre dos luces… a lo que hay que añadir siete corderos más en la fiesta de los Ázimos, fiesta carácter agrícola que se comenzó a celebrar ya en Canaan y que fue unida a la de la Pascua por Josías.

En Isaías (53, 6) comienza a asociarse al cordero-víctima con Jesucristo. El profeta anuncia la pasión de Jesús en estos términos: …Y Yahveh descargó sobre Él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado y como oveja que permanece muda ante los que la trasquilan, tampoco él abrió la boca…

En el evangelio de san Juan (1, 29), Juan el Bautista, que se encuentra cumpliendo su misión en las orillas del río Jordán, ve a Jesús acercarse hacia él y dice: …He aquí al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo… frase por demás conocida en todo el orbe cristiano, pues está incluida en el rito de la eucaristía y sirvió, en el caso que nos ocupa, para determinar con claridad la asociación Cristo-Cordero que va a originar este patrón iconográfico tan abundante en la épocas medievales y posteriores.

 

Timpano de la Puerta del Cordero de la Colegiata de San Isidoro de Leon

Tímpano de la Puerta del Cordero de la Colegiata de San Isidoro de León.

 

A partir de aquí, el resto de los libros sagrados que componen la Biblia, está lleno de referencias al Cordero Místico, como en la carta de san Pablo a los Corintios (5, 7) en la que el apóstol insta a purificarse y renovarse…de la levadura vieja para ser masa nueva, pues sois ázimos. Porque nuestro Cordero Pascual, Cristo, ha sido inmolado…

En el Apocalipsis (5, 6 y ss.) el Cordero-Víctima -título que se le dará a Cristo en el libro treinta veces- aparece de nuevo, pero aquí ya como Triunfante y vencedor de la muerte. (Como dijo Victorino de Pettán …con la fuerza del león para vencer se hizo cordero para sufrir…) Dice Juan: …Entonces ví de pie, en medio del trono y de los Cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos (símbolo del poder) y siete ojos (símbolo del conocimiento) que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra… El Cordero abrirá luego los siete sellos con los que se iniciará el derrumbamiento del Imperio Romano.

 

La Nueva Jerusalen en una miniatura del Beato de Fernando y Sancha ilustrado por Facundo

La Nueva Jerusalén en una miniatura del Beato de Fernando y Sancha ilustrado por Facundo.

 

Más tarde (17, 14) se anuncia la victoria del Cordero que …es Señor de Señores y Rey de Reyes… en unión con los elegidos y los fieles sobre la Bestia (Roma), para concluir con una descripción de la Jerusalén Mesiánica que le enseña a Juan uno de los siete ángeles, y en la que le fue mostrado …el río de agua de Vida (símbolo del Espíritu) brillante como el cristal que brota del trono de Dios y del Cordero… quedando claro, a efectos prácticos, que el agua, asociada tradicionalmente con la Madre Tierra desde tiempos muy antiguos, y cuyos rituales, en aquel momento muy presentes en conmemoraciones festivas, eran considerados paganos, y estando como estaban muy arraigados en el pueblo, no tuvieron más remedio estos primeros núcleos cristianos -coetáneos del Apocalipsis- que asumirlos como propios, reconduciendo así los cauces del agua hacia el propio molino, de tal manera que pudieran servir de punto de referencia y lugar común para todos aquellos posibles adeptos más reticentes a aceptar el cristianismo y favoreciendo así su integración más confiada en las comunidades cristianas. Por eso esta referencia al agua, al río de la Vida, tal vez esté un poco traída por los pelos en este pasaje.

Sin salirnos de la Biblia encontraremos el origen de otro patrón iconográfico no menos importante. Se trata del Buen Pastor. Efectivamente, en Isaías de nuevo, en el libro de “La Consolación de Israel”, se dice: …Ahí viene el Señor Yahveh con poder…como pastor pastorea su rebaño, recoge en sus brazos los corderitos, en el seno los lleva y trata con cuidado a las paridas…

Jeremías (23, 1) insiste de nuevo en el mismo asunto: …¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse a las ovejas de mis pastos…Yo recogeré el resto de mis corderos de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar a sus estancias, criarán y se multiplicarán. Y pondré frente a ellas pastores que las apacienten y nunca más estarán asustadas ni se perderán…

Ezequiel repite casi textualmente las mismas palabras, en este caso más amenazantes para los malos pastores, para concluir: …(Yo, Yahveh) …buscaré a la oveja perdida, encontraré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma …las pastorearé con justicia. Toda una declaración de intenciones que se reflejará no solo en otros profetas, sino también en otros textos a todo lo largo del Antiguo Testamento.

 

Cordero de la arqueta de los Marfiles en el museo de la Colegiata de San Isidoro de Leon

Cordero de la arqueta de los Marfiles en el museo de la Colegiata de San Isidoro de León.

 

Ya en el Nuevo, en san Mateo (18, 12) Jesús les dice a sus discípulos asumiendo su papel de pastor y recordando los textos de los profetas: …Si un pastor tiene cien ovejas y se le pierde una ¿no dejará en el monte a las noventa y nueve restantes para buscar a la descarriada? Y si la encuentra se alegrará más por ella que por el resto del rebaño. De la misma manera no es voluntad del Padre que se pierda uno solo de estos pequeños…

En san Lucas (10, 3) y dirigiéndose a sus discípulos: …Mirad que os envío como corderos en medio de lobos… Luego (en 15, 7) …Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador arrepentido que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión… Aunque aquí se hace más incapié en el cordero descarriado (pecador) que en el Buen Pastor que trata de recuperarlo.

En el evangelio de Juan (10, 11) Jesús se refiere nuevamente, y con amplitud, al comportamiento del pastor ejemplar que cuida sus ovejas, para añadir con claridad: …Yo soy el Buen Pastor, el Pastor que da su vida por su rebaño… uniendo los dos temas referentes al cordero: el de víctima, visto más arriba y el de pastor, misiones que descargará sobre Simón Pedro (21, 16): …apacienta mis corderos… después de preguntarle repetidamente si le ama, declarando al apóstol, de esta manera, la confianza que deposita en él para continuar su papel de Pastor Supremo.

 

Cordero en la boveda del presbiterio de la iglesia de Santa Maria de Tahull Lleida

Cordero en la bóveda del presbiterio de la iglesia de Santa María de Tahull (Lleida).

 

Para san Isidoro, el nombre agnus define las características más importantes que, a su modo de ver, tiene el cordero, que son la pureza y su amor filial. Esto hace que el animal reconozca rápidamente el balido de la madre cuando se pierde. Ambas características, pero sobre todo la pureza e inocencia, identifican, en las Etimologías, al cordero con Cristo. Todo ello se refleja en los bestiarios medievales, que vienen a traducir la palabra agnus por piadoso y porque reconoce a su madre por su balido (agnoscat: reconocer, identificar), incluso dentro de un rebaño numeroso: …oye la voz de la que le dio a luz, corre hacia ella y busca las fuentes de la leche materna, tan conocidas para él. Su madre también es capaz de reconocer la voz del corderito entre todos los demás y le dedica a él solo su cariño.

No se encuentran, en general, en los bestiarios, otras referencias de tipo moralizante, tal vez por la obviedad de las descripciones en las que todos parecen coincidir y, además, por el hecho de que no es posible encontrar con respecto al cordero descripciones negativas en ningún texto o tradición como ya hemos visto, antes al contrario, ningún otro animal puede presumir de esto, y por eso es el único capaz de representar a Jesucristo de una manera perfecta y total.

 

 

Crismón

 

Crismon en el interior de la iglesia de San Martin de Tours en Fromista Palencia

Crismón en el interior de la iglesia de San Martín de Tours en Frómista (Palencia).

 

En su origen el crismón es el esquema simbólico de la observación ritual del sol, algo común en todas las culturas solares centroeuropeas o indoeuropeas a partir del Neolítico. El grafismo inicial encierra un simbolismo cósmico en la utilización de algunos elementos arquitectónicos derivados de esta observación, la cual se realizaba desde un punto fijo desde el que se marcaba la salida del sol en el horizonte en los solsticios de invierno y verano con sendas columnas, la proyección de cuya sombra en el suelo dibujaba el grafismo completo de la X.

Con el tiempo dicho grafismo fue evolucionando hacia la cristalización de un cuadrante solar destinado en principio a fijar conmemoraciones litúrgicas de carácter estacional y agrícola y luego religiosas.

 

Crismon sobre el arco de entrada de la iglesia de Santa Maria de la Cabeza en Avila un tanto barroco y al que no le falta un bonito y decorativo cable de la luz algo bastante comun en nuestras iglesias Tal vez algun dia algun responsable de este tipo de desaguisados adquiera un poco de gusto y respeto al patrimonio de todos

Crismón sobre el arco de entrada de la iglesia de Santa María de la Cabeza en Ávila, un tanto barroco y al que no le falta un bonito y decorativo cable de la luz, algo bastante común en nuestras iglesias. Tal vez algún día algún responsable de este tipo de desaguisados adquiera un poco de gusto y respeto al patrimonio de todos.

 

En el caso del mundo cristiano el monograma que conocemos como crismón está compuesto por las letras griegas X (J) y P (Rho), iniciales de Cristo, acompañadas de las también griegas alfa y omega, primera y última letra del alfabeto griego respectivamente, aludiendo a Cristo como principio y fin de todas las cosas.

El crismón comienza a utilizarse en época precristiana como signo protector mágico extraído del Apocalipsis. También fue utilizado este crismón por los primeros cristianos para identificar la presencia o los lugares de reunión de estas primeras comunidades marcando las entradas a las catacumbas en los dinteles junto con el pez.

 

 

Uno de los crismones del Castillo de Loarre Huesca En este caso lleva la S incorporada

Uno de los crismones del Castillo de Loarre (Huesca). En este caso lleva la “S” incorporada que imprime un carácter trinitario al simbolismo.

 

En ocasiones la P griega fue confundida con la latina e interpretada como “Pater” y además fue complementada con una S relacionada con el Spiritus Sanctus en la parte inferior del trazo vertical, como se puede ver en el crismón de la portada de la catedral de Jaca o en uno de los de Loarre, imprimiendo así un simbolismo trinitario. En ocasiones debajo del bucle de la P también se añade un brazo del que resulta una cruz latina, como por ejemplo en la portada sur de la basílica de San Vicente de Ávila, e incluso las letras DNIHR (Dominus Noster IHEsus Xpistus Regnantibus).

En cuanto al signo de la X cruzada en su parte central por una línea horizontal en cuyos extremos penden las letras “alfa” y “omega”, cuyo conjunto grafico evidencia un simbolismo claramente solar, convendría tener en cuenta la posibilidad de establecer un origen de carácter esotérico cuya presencia puede ser constatada en los alfabetos rúnico e ibérico. Probablemente podríamos estar hablando de la cristianización de un grafismo de una cultura no cristiana, pero con la característica común de lo solar o celeste ya apuntada, y cuya raíz simbólica hizo posible la incorporación casi perfecta al diseño del crismón cristiano.

El círculo de carácter solar que enmarca el grafismo central es evidentemente una referencia gráfica de carácter indoeuropeo que no debemos olvidar ya que, además, validaba, para los cristianos, ciertas correspondencias simbólicas con otras culturas dominantes, como es el caso de la romana, también de características solares (Sole Invictus), lo que facilitaba un cierto grado de aceptación o legalidad ante la intransigente religiosidad oficial.

 

 

El crismón de Jaca

 

Crismon de la portada de la catedral de Jaca Huesca

Crismón de la portada de la catedral de Jaca (Huesca).

 

El crismón que se encuentra sobre la portada de acceso a la catedral de Jaca es uno de los más significativos y completos de románico español. Está compuesto por la “X” mencionada más arriba y una cruz latina en cuyo extremo superior lleva la “P” y en el centro del brazo inferior la “S”. El “Alfa y Omega” cuelgan de ambos extremos del brazo horizontal. Inscritas en el centro de cada segmento del círculo se incriben flores de diez pétalos de evidente carácter solar. Los leones situados a cada lado del círculo central con el anagrama trinitario, lo tocan con su boca, casi cerrada el derecho y abierta y amenazante el izquierdo. El primero tiene debajo una figura humana vestida con una túnica y con una serpiente entre las manos. Una inscripción aclaratoria no deja lugar a dudas: “PARCERE STERNENTI, LEO SCIT,XTVSQVE PETENTI”:El león (Cristo) sabe perdonar al prosternado (suplicante), que obviamente es un pecador (lleva una serpiente en las manos) pero está arrepentido y solicita el perdón (túnica con pliegues ordenados).

El león del lado contrario tiene debajo, entre las patas delanteras, un oso y un basilisco en el centro. Otra inscripción aclara la escena: “IMPERIVM MORTIS CONCVLCANS LEO PORTIS”: El león fuerte (Cristo) aniquila el poder de la muerte, representada por el basilisco, la cual es causada por el pecado inducido por el demonio identificado con el oso. Cristo es representado en este caso por las dos vertientes aparentemente contrapuestas: Misericordioso con el pecador arrepentido e implacable con el pecado.

El conjunto de “alfa”, “omega”, “P” (Cristo) y “S” es una unidad simbólica integrada en el círculo que expresan la Trinidad y el carácter escatológico del conjunto.

 

 

 

Cruz

 

La cruz es el símbolo por excelencia del mundo cristiano. Fue el instrumento de tortura y muerte empleado por el Imperio Romano para ajusticiar a los reos de determinados delitos entre los que se encontraba el hecho de ser seguidor de Jesús, un individuo que trataba de subvertir el orden social y religioso con una nueva práctica religiosa. Jesús fue ajusticiado en la cruz y por lo tanto la cruz se convirtió en seña de identidad física y metafísica del nuevo modo de vida preconizado por el autodenominado hijo de Dios.

 

Crucifijo de la nave central de la basilica dominicana de Santa Maria de Novella el Florencia Italia Se trata de una obra de juventud firmada hacia 1290 por Giotto en la que se representa un Christus patiens muy caracteristico del Duecento e inspirado en la espiritualidad franciscana que prefiere la imagen de la Pasion a la de la Gloria

Crucifijo de la nave central de la basílica dominicana de Santa María de Novella el Florencia (Italia). Se trata de una obra de juventud firmada hacia 1290 por Giotto en la que se representa un Christus patiens muy característico del Duecento e inspirado en la espiritualidad franciscana que prefiere la imagen de la Pasión a la de la Gloria.

 

Pero en realidad casi todas las culturas utilizan el grafismo de la cruz con diversos simbolismos más o menos paralelos y divergentes o convergentes. El simbolismo básico y primario que encierra una cruz es la representación de los cuatro puntos cardinales, algo evidentemente basado en la experiencia cotidiana, es decir, es un elemento orientador que define cuatro direcciones opuestas o coincidentes en un centro que han sido denominados coloquialmente como “los cuatro puntos cardinales” que, por supuesto, también son utilizados en el cristianismo y la mayor parte de las religiones de manera simbólica para definir caminos contrapuestos hacia el bien o el mal.

El movimiento espacial de la cruz origina a su vez el círculo y la esfera, dos elementos geométricos con densos contenidos simbólicos como representación de lo solar, la bóveda celeste y la morada divina, que tienen su plasmación en la arquitectura de las iglesias. También se deriva de su grafismo la concepción del cuadrado que encierra la alegoría de lo terrestre y todo lo concerniente a lo que se mueve por su superficie y que, básicamente es lo opuesto a lo celeste. Es decir, todo lo referente a los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua), los cuatro puntos cardinales ya mencionados y sus cuatro vientos correlativos (Noto o viento del sur, Bóreas o viento del norte, Argéstes o viento del este y Céfiro o viento del oeste) y los cuatro períodos estacionales (primavera, verano, otoño e invierno) que definen o simbolizan la vida a través de las edades del hombre (infancia, juventud, madurez y muerte).

 

 

Torre de los Vientos en Atenas Grecia En la imagen se representa a Boreas el inhospito gelido y violento soplo del norte en uno de los ocho paramentos de la parte superior del edificio

Torre de los Vientos en Atenas (Grecia). En la imagen se representa a Bóreas, el inhóspito, gélido y violento soplo del norte en uno de los ocho paramentos de la parte superior del edificio.

 

 

En lo referente a la religiosidad podríamos mencionar las cuatro virtudes cardinales de carácter moral (prudencia, justicia, fortaleza y templanza); los cuatro grupos de patriarcas, profetas, apóstoles y mártires que conforman la iglesia militante; los cuatro evangelistas y su derivación hacia el Tetramorfos.

 

La concepción cuadrada de la tierra es, por lo tanto, antigua y solía ser representada como un polígono suspendido en el espacio por sus cuatro esquinas o apoyada por cuatro animales simbólicos, como por ejemplo, en la India, Elefantes.

En Egipto se utilizaba la cruz en forma de tau como símbolo de sabiduría. El “ank” era como la tau pero rematado en la parte superior con un bucle o asa. Era llamada “cruz de vida”. Algunas teorías apuntan a que esta cruz fuera un instrumento de siembra que se hundía en la tierra hasta la cruceta, sujetándolo por el asa, para colocar luego las semillas en el hueco a una profundidad determinada. De ser cierto tendría un cierto sentido su simbolismo de impulsor de vida. En cualquier caso su origen no está documentado suficientemente e incluso los textos teóricamente relacionados con el ank (capítulo 46 del Libro de los muertos) son lo suficientemente confusos como para dudar de su sentido real.

 

La diosa Isis acerca a la boca de Ramses II el ank para infundirle vida en el más allá El relieve se conserva en el Museo del Louvre de Paris

La diosa Isis acerca a la boca de Ramsés II el ank para infundirle vida en el “más allá”. El relieve se conserva en el Museo del Louvre de París.

 

En la antigüedad clásica era corriente construir las ciudades a partir de una planta cuadrada que, en el caso concreto de Roma, fue trazada por Rómulo con un arado. Luego se completaría trazando en su interior los caminos o deambulatorios decumanus maximus (de este a oeste) y cardus maximus (de norte a sur). En la intersección de ambas vías se colocaba el ara como eje del conjunto. Este esquema se puede rastrear ya en el Génesis 2, 20: «Del Edén salía un río que regaba el jardín y desde allí se repartía en cuatro brazos. El uno se llamaba Pisón y es el que rodea todo el país de Javilá…». Es decir, los cuatro ríos fluyen marcando los cuatro puntos cardinales.

En la arquitectura sagrada la cruz suele emplearse para marcar la planta con connotaciones simbólicas evidentes: No solo la cruz del calvario que representa la redención sino también la morada terrestre de la divinidad. Y así como los edificios sagrados del Islam se señalan con una media luna, los cristianos lo hacen con una cruz símbolo de la victoria de Cristo sobre la muerte y además Árbol de la Vida (sacramentum ligni vitae) y símbolo del rescate de Cristo para los cristianos.

 

Crucifixion en la parte central de la arquivolta superior de la portada del monasterio de Santo Domingo de Soria

Crucifixión en la parte central de la arquivolta superior de la portada del monasterio de Santo Domingo de Soria.

 

La cruz también ha sido objeto de muchas variantes gráficas en función de su uso por multitud de asociaciones civiles y religiosas, cofradías, órdenes militares, ciudades y villas, además de muchas culturas históricas que la utilizaron con contenidos simbólicos similares, sobre todo en su concepción como grafismo básico del cuaternario arcano.

 

 

 

Cuaternario

 

El cuaternario es la organización básica y material de lo terrestre que, lógicamente, se fundamenta en el número cuatro conceptualmente. «Así como el ternario es el número de la idea, el cuaternario sería la cristalización o materialización de esa idea» según Platón, para el cual el ternario es el orden.

El ternario expresado gráficamente, sitúa en una hipotética vertical tres mundos o niveles sobre los que se articula el conocimiento. En el plano superior estaría lo relacionado con la divinidad y lo espiritual; en el intermedio todo lo material o terrestre y en el inferior el submundo, el subconsciente y el mundo infernal.

 

Los cuatro jinetes del Apocalipsis sobre caballos con cabeza de leon que escupen fuego en el folio 174 del Beato de Fernando y Sancha de la Biblioteca Nacional de España en Madrid

Los cuatro jinetes del Apocalipsis sobre caballos con cabeza de león que escupen fuego en el folio 174 del Beato de Fernando y Sancha de la Biblioteca Nacional de España en Madrid.

 

Básicamente el cuaternario ordena dinámicamente todo lo terrestre y lo hace sobre un hipotético plano cuadrado donde desarrolla la organización material de las cosas. Por lo tanto el cuatro simboliza y representa lo terrestre y sobre esa idea se aglutinan todas las cosas, como por ejemplo los cuatro puntos cardinales, los cuatro ríos del paraíso, los cuatro jinetes del Apocalipsis, los cuatro elementos, los cuatro vientos principales, las cuatro estaciones del año y un largo etcétera. Podemos establecer un sistema de correspondencias simbólicas relacionadas con el sistema cuaternario estructuradas sobre el soporte del plano marcado sobre los cuatro puntos cardinales con amplia incidencia iconográfica:

 

  ESTE SUR OESTE NORTE
ESTACIÓN Primavera Verano Otoño Invierno
ELEMENTO Aire Fuego Agua Tierra
EDAD Infancia Juventud Madurez Vejez
DÍA Amanecer Mediodía Atardecer Noche
LUNA Creciente Llena Menguante Nueva
ANIMAL León Águila Pavo real Toro

 

En lo referente al mundo oriental, no ajeno a esta organización, podríamos poner el ejemplo de algunos emperadores chinos que, identificándose con el sol, habitaban alternativamente en las estancias de sus palacios (de planta cuadrada o rectangular) que en cada momento estacional estaban orientadas a los puntos cardinales protegidos y vigilados por cuatro animales místicos: En el este el dragón azul, en el sur el pájaro rojo, en el oeste el tigre blanco y en el norte la tortuga negra.

Para los indúes el número cuatro está ligado al concepto de totalidad o plenitud. Lo perfecto se asienta sobre cuatro ángulos y cuatro apoyos en cada uno.

En el mundo de la psicología, y más concretamente para Jung, también el carácter de las personas se articula en cuatro apartados: Alma, cuerpo, sombra y personalidad. También establece cuatro funciones en la actividad mental: Percibir, intuir, sentir y pensar, todas ellas colocadas en los extremos de una cruz. Las tres funciones situadas arriba y a los lados son acciones conscientes y la ubicada en el extremo inferior, inconsciente. Según los arquetipos las funciones varían de posición dando lugar a diversas tipologías caracterológicas.

Podemos concluir diciendo que es más que evidente que el sistema cuaternario ayuda a entender en abstracto el trasfondo organizativo de mucha de la escenografía iconográfica que se representa en los espacios sagrados, sobre todo en los del románico, objeto de este epígrafe.

 

 

Cuervo

 

Los cuervos alimentan al profeta Elias en el torrente de Kerit por orden de Yahveh Detalle de una miniatura de la Biblia Legionensis de San Isidoro de Leon

Los cuervos alimentan al profeta Elías en el torrente de Kerit por orden de Yahveh. Detalle de una miniatura de la Biblia Legionensis de San Isidoro de León.

 

El color negro de su plumaje nos hace pensar instintivamente en pájaro de mal agüero y más si tenemos en cuenta su graznido de lúgubre sonido y la costumbre de alimentarse de carroñas.

Sin embargo, el hecho de que procure comida a sus padres cuando éstos no pueden, le convierte en símbolo del amor filial en las culturas orientales, particularmente en China y Japón. Casi por extensión, pasa a convertirse en mensajero divino y luego emblema de los emperadores como ave solar, en este caso dotada de tres patas para significar, posada sobre el sol, la salida, el cénit y el ocaso del astro.

En Grecia fue empleada para señalar la ubicación del Omphalos de Delfos, siendo además consagrada a Apolo y posteriormente a Mitra, dios del sol en la mitología persa, donde era ahuyentadora de la mala suerte.

Su cualidad como ave adivinatoria y profética tiene su origen en la cultura celta, donde también se la utiliza para señalar el emplazamiento de las ciudades, además de representar el papel de protectora y guía del pueblo.

En general puede decirse que en casi todas las culturas, el cuervo desempeña funciones simbólicas contradictorias, en gran medida debido a sus propias características físicas, ya que el negro de su plumaje tiene connotaciones lúgubres, así como su grito, pero también significa la oscuridad del vientre materno o terrestre donde se gesta la vida, idea en la que abundan muchos de los pueblos primitivos americanos, para los que el cuervo es el origen creador del mundo, asimismo sentimiento común en las culturas celtas y germanas.

Para los bestiarios medievales, al cuervo le viene su nombre del chillido de su garganta porque grazna. …De esta ave se sabe que no da de comer a sus polluelos hasta que no aparecen en ellos las primeras plumas, pero luego los reconoce como sus hijos y les alimenta suficientemente. De los cadáveres busca en primer lugar los ojos para comer, pues así elimina el discernimiento de la visión que es la inteligencia del alma, para extraer por allí los sesos….

…Por el cuervo se entiende al pecador que se cubre con las plumas negras del pecado que provoca la desesperación de la misericordia del Señor, pero también a los que piden oraciones a los hombres piadosos para su redención, como los polluelos del ave piden su comida.

 

Capitel con la fabula de la zorra y el cuervo en la iglesia de San Martin de Tours en Fromista Palencia

Capitel con la fábula de la zorra y el cuervo en la iglesia de San Martín de Tours en Frómista (Palencia).

 

De los cuervos también se dice que distraen a las almas piadosas mostrándoles sus riquezas, y que temieron a Elías, que fue a esconderse de sus perseguidores en el torrente de Kerit, cuando Dios les mandó alimentar al profeta con pan y carne, pues su piedad se oculta a las miradas de los hombres mientras otros ansían los bienes de la tierra y los buscan, cuando deberían ansiar los bienes del espíritu…

El cuervo no volvió al arca de Noé porque eligió dedicarse a comer los cadáveres que había encontrado, así como el pecador prefiere entretenerse en los deseos de la carne antes que volver al arca… En este caso san Isidoro, origen del texto que después pasó a los bestiarios, olvida las palabras textuales del Génesis, tal vez con ánimo de aplicar su doctrina más adecuadamente, pues según el libro del Génesis (8-6): …Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra…

Para san Gregorio, el cuervo es como el sabio que difunde la palabra de Dios en alta voz mientras recuerda la negrura de sus pecados. …Como las crías del cuervo, los que siguen al predicador representado en el cuervo, tienen fe al nacer pero no recuerdan su debilidad ni sus pecados para poder luchar mejor contra las tentaciones de este mundo. Como el cuervo no alimenta a sus polluelos hasta que no ve su plumaje negro, cuando éstos reconocen la negrura de sus pecados, sus padres les alimentan, esto es, les instruyen en las enseñanzas del Señor como hace el predicador al tiempo que reconoce sus pecados, de lo contrario el predicador no les inculca la palabra de Dios. Mientras no es así se abstienen del alimento espiritual y el maestro guarda para sí la palabra, como el cuervo retiene en su pico el alimento destinado a sus crías. Cuanto más reconocen las crías su plumaje negro, es decir, son más conscientes de sus pecados, más alto podrán volar, pues su arrepentimiento será mayor…

El cuervo también representa a los prelados de la Iglesia que hacen ostentación de bienes y dan mal ejemplo a los fieles con una vida relajada. Esto hace que muchas almas busquen los bienes terrenales como las crías del cuervo, cuando ya vuelan, vayan en busca de carroñas. Los magnates poderosos y los eclesiásticos que predican al pueblo y le hacen ayunar mientras ellos comen desmesuradamente, sirviendo de escándalo para las almas inocentes, son los cuervos más grandes e indeseables…

 

Ilustracion del cuervo en el bestiario de Oxford

Ilustración del cuervo en el bestiario de Oxford.

 

En general, y como ave solitaria, el cristianismo hace al cuervo representante del predicador que enseña la palabra de Dios, para lo cual necesita el aislamiento espiritual que supone la meditación previa en los misterios divinos que va a difundir.

Aunque no por ello el pueblo llano, con más experiencia agraria y visual del ave que esquilmaba sus sementeras, dejara de ver en su icono imágenes más desagradables y agoreras, y tal vez más ajustadas a interpretaciones menos forzadas que las estrictamente moralizantes de los bestiarios medievales. Es posible que ésta sea la razón de su escasa presencia iconográfica en nuestras iglesias, al margen de que algunas de sus representaciones se hayan perdido o desdibujado con el paso del tiempo y no podamos ya reconocerlas.

 

 

 

Cuerda (lazo, atadura)

 

San Pedro de Tejada Burgos Detalle de la cuerda que rodea el tejaroz de portada bajo el alero Los canecillos estan tallados con el Tetramorfos con el Pantocrator en el centro

San Pedro de Tejada (Burgos). Detalle de la cuerda que rodea el tejaroz de portada bajo el alero. Los canecillos están tallados con el Tetramorfos con el Pantocrator en el centro.

 

La cuerda representa o simboliza lo que une básicamente, sobre todo si los dos extremos están anudados. Lo que está dentro del lazo permanece unido y por lo tanto no es difícil asociar mentalmente los conceptos de identidad o entidad de los que se derivan la seguridad de un grupo social, religioso o espiritual. Todo lo que permanece dentro del nudo tiene cohesión formal y se muestra como algo definido y materializado.

 

Iglesia de Becerril del Carpio Palencia con dos cenefas ajedrezada envolventes a distintas alturas alrededor del tambor absidal

Iglesia de Becerril del Carpio (Palencia) con dos cenefas ajedrezada envolventes a distintas alturas alrededor del tambor absidal.

 

En cuchos casos veremos cuerdas trenzadas talladas rodeando un templo a diversas alturas, o bien cenefas recorriendo todo el perímetro del edificio aunque no reproduzcan un trenzado específico de cuerda o soga sino cualquier grafismo de carácter vegetal o geométrico.

 

Lista Real del templo de Abidos obra de Sethy I situada en la sala de los antecesores En la parte superior izquierda y de izquierda a derecha se pueden ver dentro de los cartuchos correspondientes los nombres de Mentuhotep III de la dinastia XI y a continuacion dinastia XII Amenemhat I Sesostris I Amenemhat II Sesostris II Sesostris III Amenemhat III y Amenemhat IV

Lista Real del templo de Abidos obra de Sethy I situada en la sala de los antecesores. En la parte superior izquierda y de izquierda a derecha se pueden ver dentro de los cartuchos correspondientes los nombres de Mentuhotep III de la dinastía XI y a continuación (dinastía XII) Amenemhat I, Sesostris I, Amenemhat II, Sesostris II, Sesostris III, Amenemhat III y Amenemhat IV.

 

Históricamente podemos constatar el hecho desde las primeras civilizaciones. Así por ejemplo, en Egipto el nombre de un individuo, lo que le diferencia y le da entidad como persona, se inscribe dentro de una cuerda anudada en sus extremos, como sucede en los llamados “cartuchos” en los que se incluye el nombre del faraón.

En el Sintoísmo se colocan cuerdas sagradas trenzadas con paja en las puertas de los templos para impedir la entrada de los malos espíritus y evitar todo tipo de accidentes y desgracias.

En la cultura hindú Varuna es representado con una cuerda en la mano para simbolizar su poder de unir y desunir cosas y personas.

En el Nuevo Testamento (Mateo 16, 19) podemos leer como Jesús se dirige a Pedro: «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Los términos “atar” y “desatar” eran aplicados en el mundo rabínico para objetivar la excomunión a la que se condena o de la que se absuelve a alguien y, por extensión, a los conceptos de prohibir o permitir hacer en todo lo relacionado con la doctrina o con la ley.

En cualquier caso el que abraza la religión voluntariamente se sujeta a las normas pero al tiempo se ve protegido por la comunidad representada simbólicamente por el lazo envolvente que se anuda en los extremos, algo que también utilizan los masones y que suelen representar físicamente formando un círculo uniéndose por las manos para aludir al concepto de “solidaridad”.

Por otro lado es reseñable el uso constante de la expresión “estrechar lazos” para significar unión, compenetración, acuerdo, conformidad o fraternidad, por no mencionar la clásica “enlace” para referirse a la unión ritual o boda de una pareja de novios.

 

Detalle de un capitel del claustro del monasterio de Santa Maria la Real de Aguilar de Campoo Palencia donde se representan algunos cuadrupedos enredados en tallos vegetales

Detalle de un capitel del claustro del monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo (Palencia) donde se representan algunos cuadrúpedos enredados en tallos vegetales.

 

Se utilizan también los lazos, en este caso casi siempre vegetales, para evidenciar las ataduras del pecado, representado normalmente por medio de animales envueltos y atrapados por auténticas marañas vegetales que les impiden caminar o volar y les inmovilizan como el pecado encadena el alma del creyente. Los ejemplos más notables se encuentran en el claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) y también en el claustro de Santa María en Aguilar de Campoo (Palencia), aunque este tipo de escenas abundan en general en todo el románico europeo.

 

 

 

Cueva (caverna, cripta)

 

La asociación de la cueva por simple experiencia empírica con el útero materno se remonta a los tiempos más lejanos de la Prehistoria. Por lo tanto desde siempre la tradición cultural ha vinculado el concepto de lo femenino/útero a las cuevas o cavernas que, para mayor abundamiento, proporcionaban cobijo y seguridad a los distintos grupos sociales o étnicos en su interior. Dentro de la cueva (que si no disponía de manantial propio en su interior, cosa relativamente frecuente, solía buscarse o elegirse, en su defecto, en la cercanía de cauces fluviales para cubrir con cierta comodidad las necesidades primarias) solían utilizarse determinados espacios como sagrados o mágicos y en ellos se realizaban pinturas de animales, escenas de caza y también algunos grafismos específicos y descriptivos de la vulva femenina plasmados con clara intencionalidad ritual en relación con la fertilidad y vitalidad de lo circundante ya fuera persona, animal o cosa, con el fin de garantizar la conservación de la vida.

 

Cueva de Tito Bustillo en Ribadesella Asturias en cuyo interior se encuentra una oquedad con pinturas de vulvas femeninas

Cueva de Tito Bustillo en Ribadesella (Asturias) en cuyo interior se encuentra una oquedad con pinturas de vulvas femeninas.

 

Por pura lógica todo lo relacionado con lo femenino como la cueva, el agua (imprescindible para la generación y desarrollo de la vida), la oscuridad (interior de la cueva asociado a la oscuridad de la noche, a la luna y a los animales nocturnos), etc., va manifestándose a través de grafismos descriptivos relacionados con el objeto hasta imprimirle entidad y contenido simbólico. Todo lo cual, como sabemos, no pasó desapercibido para Freud.

Así pues, la cueva, o al menos una parte de ella, se erige como morada natural o templo de las diosas de la Vieja Europa de religiosidad telúrica/mistérica.

En los rituales relacionados con esta religiosidad, con más o menos variantes según regiones o culturas, la esencia o lo común era la presencia de una virgen desnuda que se introducía en una cueva o se internaba en lo más profundo del bosque y depositaba una ofrenda a una serpiente, representante y manifestación de la diosa Madre Tierra. Si la ofrenda era aceptada y consumida por el ofidio ese año habría buenas cosechas. El ritual en cuestión, como siempre, trataba de propiciar y favorecer la fertilidad tanto humana como animal y vegetal.

Con la llegada del Cristianismo solo se mantuvo el sustrato iconográfico de la mujer y la serpiente pero ya reconvertidos o bautizados simbólica y hagiográficamente. Surgen leyendas de caballeros que salvan damas prisioneras en cavernas custodiadas por serpientes/dragones (san Jorge, etc. aunque con antecedentes nórdicos) y la mujer, en este caso se convierte metafóricamente en la personificación del alma que es liberada del demonio (serpiente/dragón) gracias a la intervención del caballero cristiano. En el caso de Eva ella es la que acepta el fruto que la serpiente/demonio le regala y que, a su vez, traspasa a Adán, con lo que ambos trasgreden la prohibición de tocar los frutos del árbol mítico. Así que la mujer, en tanto en cuanto puede representar el lado oscuro y pagano por sus inquietantes relaciones con las sociedades matriarcales y la religiosidad telúrica, es mal vista. Tendrá que venir a arreglar el problema la Virgen María, que no es diosa sino madre circunstancial (para redimir lo femenino) de Dios, un dios masculino/solar, pero bendecida por éste. Y por eso vence a la serpiente/demonio (teofanía de la diosa Madre Tierra) aplastándole la cabeza con el pie.

Con esto se completa la inversión de la leyenda y de los mitos, tanto desde el punto de vista ritual como simbólico e iconográfico, para adaptarlos al Cristianismo.

 

Iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor en la localidad Palentina de Olleros de Pisuerga enteramente excavada en la roca

Iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor en la localidad Palentina de Olleros de Pisuerga, enteramente excavada en la roca.

 

Otra de las utilizaciones que se le ha dado a la cueva es la de habitación de ermitaños que se retiraban o apartaban del mundo para meditar. Solían aprovechar oquedades en las rocas de tal manera que el refugio no tuviera que ser modificado o, en cualquier caso, solo lo imprescindible. Con el paso del tiempo si el ermitaño decía misa o llegaba a tener contacto con los fieles, se solían añadir a la cueva los espacios necesarios para tales fines incluidos, por supuesto, pequeñas necrópolis tanto en el exterior como en el interior de la gruta. Actualmente se conservan una buena cantidad de este tipo de templos rupestres, sobre todo en la zona norte de la provincia de Palencia (Olleros de Pisuerga), Burgos (Ojo de Guareña) y sur de Cantabria (Valderredible) por poner tres ejemplos.

 

Cripta de la iglesia catedral de San Antolin en Palencia

Cripta de la iglesia catedral de San Antolín en Palencia.

 

La utilización de una parte del espacio sagrado para enterramientos llevó a habilitar dentro del templo una nueva zona perfectamente justificada si se excavaba en la parte inferior o bajo tierra del inmueble, dando lugar a las llamadas criptas, en las cuales se inhumaban los restos de algunos personajes importantes, sobre todo si tenían alguna relevancia desde el punto de vista hagiográfico o espiritual. Y casualmente encontraremos en ellas con frecuencia, como se dijo, algunos pozos de agua con cierta fama de milagrosa, aunque con el paso del tiempo este tipo de creencias cercanas a la superstición van decayendo, a pesar de las potentes raíces culturales desarrolladas durante milenios en los que el manantial o fuente que surgía del interior de la tierra era considerado como lugar de purificación a través del agua y objeto de peregrinaciones y romerías, alguna de las cuales aún se celebran

2 comentarios.

  1. Bablofil dice:

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  2. Christi Reliford dice:

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