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06 Diccionario de símbolos F

Fecundidad, fertilidad

 

Colegiata de San Pedro de Cervatos Cantabria Capitel de la ventana izquierda del abside con la representacion de sendos personajes masculino y femenino mostrando sus genitales

Colegiata de San Pedro de Cervatos (Cantabria). Capitel de la ventana izquierda del ábside con la representación de sendos personajes masculino y femenino, mostrando sus genitales.

 

En una religión como la cristiana en la que se ensalza y valora sobremanera como virtud la castidad y la pureza, y que además alardea de una legión de vírgenes sin fin en sus filas, no se podía pasar por alto toda la tradición de la Vieja Europa en relación con la fecundidad y la fertilidad, dos conceptos enraizados en el hecho natural de estar íntimamente ligados a la supervivencia de la especie humana desde los reinos animal y vegetal que representan las bases de la manutención pues los humanos se alimentan de vegetales y animales, lo cual permite sobrevivir a la especie.

 

El simbolo tradicional de la lujuria con dos serpientes en este caso particular convertidos en dragones succionando sus pechos en un capitel del claustro de la concatedral de San Pedro de Soria

El símbolo tradicional de la lujuria con dos serpientes, en este caso particular convertidos en dragones, succionando sus pechos en un capitel del claustro de la concatedral de San Pedro de Soria.

 

Los símbolos y grafismos primordiales de la diosa Madre Tierra y demás objetos asociados a ella (serpientes, agua, luna, vulvas, falos, etc.) comienzan a producirse ya desde el Paleolítico y siempre fueron utilizados como objetos mágicos y protectores o propiciadores de los favores de la divinidad con respecto a la fecundidad, incluso después de la llegada de los indoeuropeos –de organización social patriarcal–, con quienes conviven más o menos pacíficamente desde el punto de vista cultural y se mezclan o intercambian sin excesivos problemas, pero a partir de la irrupción del cristianismo la cosa empezó a cambiar drásticamente y empezaron a reivindicarse conceptos como fertilidad o fecundidad desde un punto de vista más espiritual en menoscabo de los aspectos materiales o físicos. Como una religión como la cristiana, de corte fundamentalista en aquellos tiempos y posteriores, no admitía competencias ni doctrinas paganas de ningún tipo y menos la iconografía mencionada, comenzó la campaña de demolición. Pero los verdaderos problemas venían del hecho de que los símbolos que evocaban a la diosa estaban demasiado enraizados en la cultura popular desde algunos milenios antes, así que no hubo más remedio que ir cambiando de signo con calculada suavidad todas estas imágenes o representaciones simbólicas. Por ejemplo, la serpiente, representante zoomórfico por excelencia de la diosa Madre Tierra, pasó a convertirse en el símbolo de la lujuria. Normalmente se la puede ver succionando los pechos de una mujer de aspecto repulsivo y procaz en muchos capiteles románicos. En cambio, en el caso de este patrón iconográfico relacionado con la fertilidad de la diosa, en el mundo clásico suele tener los mismos elementos pero considerados de manera muy distinta: Una mujer recostada de aspecto joven pero maduro y senos descubiertos de los que se alimentan dos serpientes, o en ocasiones dos ciervos o dos niños, como puede verse en algunos sarcófagos. La serpiente o el sapo muerden también los genitales de un hombre, otro de los patrones iconográficos habituales de la lujuria; la luna, reina de la noche, período mágico propicio para la recolección o plantación de algunos vegetales tanto de carácter terapéutico como alimentario, pasa a convertirse en la oscuridad reinante en el alma del pecador; las fuentes, manantiales y cuevas de donde surge el agua imprescindible para la vida, se tergiversan y se trocan en lugares de reunión de ninfas, brujas, trasgos y demonios de diversa especie y los animales nocturnos, volátiles o cuadrúpedos, quedan encuadrados en el área del pecado nefando. A pesar de todo ello el agua sobrevive como imprescindible por sus propiedades purificadoras, pasando a ocupar las pilas bautismales donde se lava el pecado original.

 

Capitel del claustro de la concatedral de San Pedro de Soria con un caballero cristiano san Miguel luchando contra el dragon infernal

Capitel del claustro de la concatedral de San Pedro de Soria con un caballero cristiano (san Miguel) luchando contra el dragón infernal.

 

En el mundo de la mitología, de los ritos y de las leyendas también hay antecedentes culturales importantes, sobre todo en el área mediterránea, como en el caso de las serpientes moradoras de cuevas o bosques, lugares a los que asistían las sacerdotisas y doncellas jóvenes desnudas para entregar ofrendas que aseguraran su fecundidad y que el cristianismo reconvierte y trasforma en cautivas de la serpiente o dragón (por supuesto infernal), del que las liberará un valeroso caballero, san Jorge o san Teodoro, a los que la leyenda (de antecedentes nórdicos) adorna con grandes alardes narrativos de carácter épico que luego degenerarán en el cristianismo para mudarse simbólicamente en una lucha de la virtud contra el pecado, de la castidad contra la lujuria, del caballero guerrero virtuoso contra la serpiente o dragón demoníaco.

 

Gabinete secreto del Museo Arqueologico de Napoles Italia Lucernas de terracota representando satiros barbudos con falos desmesurados que probablemente fueran utilizados para espantar las sombras que ellos mismos producian

Gabinete secreto del Museo Arqueológico de Nápoles, Italia. Lucernas de terracota representando sátiros barbudos con falos desmesurados que probablemente fueran utilizados para espantar las sombras que ellos mismos producían.

 

En lo que se refiere al falo hemos de considerar el hecho de ser sin duda la representación gráfica de la potencia generadora de vida en casi todas las religiones históricas, en las que tiene siempre un papel importante, sobre todo en el aspecto ritual. Como consecuencia de todo esto se convierte con el tiempo en amuleto protector que se reproduce en colgantes, tintinábulos, lucernas y un sinfín de objetos siempre presentes en la vida cotidiana, hasta el punto de que en muchos establecimientos comerciales de la antigüedad clásica, por ejemplo en Pompeya, se utilizaba un falo colocado a la entrada del inmueble como protección del negocio contra todo tipo de hechizos o agresiones, y esto no solo en los lupanares, donde aparentemente tendría clara justificación como seña de identidad de su actividad, sino en muchos establecimientos de otro tipo, e incluso en casas y villas particulares.

 

Una de las multiples escenas de coito en el templo de Laksmana de Khajuraho India

Una de las múltiples escenas de coito en el templo de Laksmana de Khajuraho (India).

 

La vulva en cambio, aun teniendo la misma importancia histórica y cultural en cuanto a sus representaciones gráficas y valores apotropáicos o protectores, no suele representarse con la misma abundancia en bulto redondo habida cuenta de las características de su proyección volumétrica. Sin embargo ello no es obstáculo para verla representada bastante a menudo en capiteles románicos, en lo que se refiere al cristianismo aunque, dicho sea de paso, con otras connotaciones más negativas como las ya apuntadas anteriormente y relacionadas siempre con el pecado de la lujuria. Por el contrario, en otras culturas (India, Grecia, Roma, etc.) no sucede así y podemos ver infinidad de ejemplos en los propios templos, necrópolis y yacimientos arqueológicos, donde estos paradigmas gráficos de la fertilidad se tienen por objetos mágicos o sagrados sin ningún tipo de problema.

Tanto en el caso del falo como de la vulva, ambos considerados como generadores de vida, la capacidad protectora les viene dada por la idea genérica de que aquello que es capaz de producir vida se sitúa en el lado opuesto de lo que solo puede generar muerte (la del alma), es decir, el demonio y el pecado. En el enfrentamiento de ambas fuerzas opuestas la primera está amparada por la fuerza omnipotente del Creador y la segunda con la fuerza impotente del diablo.

 

 

 

Fénix

Dentro de las aves que pueblan los bestiarios medievales, el fénix es una de las más importantes, a pesar de lo cual no es una de las más representadas en el románico, en parte por la falta de datos de carácter zoológico en estos códices que más bien centraban su atención sobre el hecho portentoso de sus actividades características y vitales. Por lo que se ve el fénix cuando envejece se auto inmola en una pira encendida por el sol y tres días más tarde renace de las cenizas para comenzar un nuevo ciclo.

 

El ave fenix en una miniatura del bestiario de San Petersburgo finales del siglo XIII Biblioteca Nacional de Rusia

El ave fénix en una miniatura del bestiario de San Petersburgo (finales del siglo XIII). Biblioteca Nacional de Rusia.

 

 

Cada bestiario medieval cuenta la historia casi de idéntica manera aunque luego cada uno añade detalles con ciertos simbolismos determinados que pudieran acoplarse mejor a la doctrina que se pretende trasmitir. En este caso esa doctrina consiste en que el fénix es símbolo de Jesucristo que también resucitó al tercer día. Todo encaja. Los detalles que se añaden al hecho principal son variados: Algunos apuntan al hecho de que el fénix recoge él mismo las ramas para formar la pira; otros que en realidad la pira se la encarga a un sacerdote del templo; en otros casos el ave mítica revolotea entre los cedros del Líbano y se impregna de aromas y resinas las alas de manera que luego arderá todo mejor en la hoguera y se esparcirán fragancias agradables; a veces el ave sube hasta las cercanías del sol en busca del fuego que necesita para encender la hoguera y que la consumirá luego y en otros en el hecho de que el fuego lo engendra ella misma desde su interior.

En lo que suelen coincidir la mayoría es en las palabras de Jesús en el evangelio: «Tengo poder para dejar mi vida y tomarla de nuevo» sacadas directamente del Fisiólogo, o las profecías referentes a la resurrección de Jesús al tercer día después de su muerte, que es el mensaje principal.

Del aspecto exterior del fénix se encuentran pocos detalles, tan solo que se parece al águila y que tiene ciertos rasgos del faisán, aunque el Fisiólogo, de donde procede casi toda la información de los bestiarios medievales solo dice que de las cenizas surge el primer día un pequeño gusano, el segundo se ha convertido ya en una tímida avecilla y el tercero es una gran águila que alza el vuelo para regresar a su lugar de origen.

Tanto Plutarco como Herodoto fijan el origen del ave fénix en Etiopía y su aspecto es de un gran esplendor y belleza, aunque se siguen eludiendo otro tipo de características o particularidades zoológicas.

 

Ave bennu en el papiro de Meshaq redui sekeb cantora de Amon En este caso se trata de una version reducida del Libros de los Muertos perteneciente al Tercer Periodo Intermedio XXI Dinastia 1076 943 a C Tebas

Ave bennu en el papiro de Meshaq-redui-sekeb, cantora de Amón. En este caso se trata de una versión reducida del Libros de los Muertos perteneciente al Tercer Período Intermedio, XXI Dinastía (1076-943 a. C.), Tebas.

 

 

En el antiguo Egipto el ave “bennu” es el que más relación guarda con el fénix medieval. Estaba asociado al sol y a sus ciclos de orto y ocaso, así como también al concepto de regeneración derivado de este ciclo vital muy similar a los del propio río Nilo. Desde el punto de vista escatológico el fénix o bennu es trasposición del difunto que renace después de los complejos rituales de momificación e inhumación. Su representación en forma de garza real cenicienta y con cabeza coronada suele verse en muchas tumbas por su directa relación con el renacimiento de la vida, pues solían volar sobre el Nilo a la salida del sol.

En casi todas las culturas orientales y mediterráneas el fénix tiene un papel importante en el simbolismo por sus características más o menos redefinidas o adaptadas dependiendo de factores geográficos y culturales, aunque siempre con la misma premisa conceptual de renacimiento o resurgimiento en el ciclo de la muerte y la vida.

 

 

 

Flecha

 

Centauros apuntando sus flechas contra una dama de tunica azul relacionada con la virtud en uno de los capiteles torales de la iglesia parroquial de Valdeolmillos Palencia

Centauros apuntando sus flechas contra una dama de túnica azul relacionada con la virtud en uno de los capiteles torales de la iglesia parroquial de Valdeolmillos (Palencia).

 

Se ha visto en las flechas del arte rupestre y más tarde en las del románico una representación simbólica del falo, aunque más bien hacen referencia a un arma arrojadiza; en el primer caso se describe simplemente una escena de caza y en el del románico una actitud agresiva, sobre todo cuando el portador habitual es un centauro, animal que simboliza la violencia y ataque contra el alma, normalmente representada por un ciervo, o contra todo lo que se cruza en su camino.

No se puede eludir, sin embargo, el hecho de considerar la flecha como algo que se dispara contra una persona no solo físicamente sino también espiritualmente, y así como el centauro dispara flechas malignas contra el espíritu o el alma del creyente, el amante dispara flechas benignas contra la persona amada, lo cual ha dado el resultado mitológico, desde el punto de vista gráfico, de todos conocido, en el que un corazón amado sirve de diana a la saeta del dios Cupido que une con su trayectoria de partida y de llegada, y suscita el amor entre ambos extremos.

 

Centauro con su arco ya disparada la flecha entre la escena de la matanza de los Inocentes a la izquierda y un personaje a lomos de un leon en una de las arquivoltas de portada de la iglesia parroquial de Moradillo de Sedano Burgos

Centauro con su arco, ya disparada la flecha, entre la escena de la matanza de los Inocentes a la izquierda y un personaje a lomos de un león en una de las arquivoltas de portada de la iglesia parroquial de Moradillo de Sedano (Burgos).

 

Por otro lado Sagitario es el noveno signo del Zodíaco, ubicado justo antes del solsticio de invierno, momento en el que acabadas las labores agrícolas en los campos comienza la época de caza. Para Cirlot representa la naturaleza humana con su parte animal representada por el caballo y la espiritual descrita por el torso y cabeza humanos. La flecha viene a significar la actividad racional que apunta hacia lo alto consciente y voluntariamente.

El origen del signo del Zodíaco hay que buscarlo en Plutarco cuando habla del sabio Quirón, centauro nacido de los amores de Saturno con la diosa Filgre. Cazando con Diana en los bosques adquirió el conocimiento que luego desarrolló en su caverna del monte Pelión donde vivía, la cual pasó a convertirse en la escuela más importante de Grecia. En ella estudiaron, según Jenofonte, personajes tan importantes como Esculapio, Nestor, Peleo, Telamón, Teseo, Diomedes, Ulises, Cástor, Polux, Eneas y Aquiles, éste último nieto de Quirón. Según Plutarco también Hércules estudió en su escuela. A todos ellos les enseñó medicina, cirugía, astronomía, leyes y música, disciplina ésta que utilizó también con fines terapeúticos consiguiendo sanar muchas enfermedades con los sonidos de su lira. Compuso además el calendario que utilizaron los Argonautas en su expedición.

 

Dos centauros uno de ellos con escudo en los capiteles del lado izquierdo de la portada de la colegiata de Santa Maria de Piasca en Cantabria

Dos centauros, uno de ellos con escudo, en los capiteles del lado izquierdo de la portada de la colegiata de Santa María de Piasca en Cantabria.

 

Pero en la lucha que Hércules sostuvo con el salvaje pueblo de los centauros, una de sus flechas fue a clavarse casualmente en la rodilla de Quirón, y como la punta había sido envenenada con la sangre de la hidra de Lerna que el héroe había matado en uno de sus trabajos, terminó con la vida del noble centauro sin remedio. En vano Hércules trató de aplicar todos los remedios que había aprendido de su maestro pero la sangre de la hidra era mortal de necesidad y no tenía antídoto conocido. Apenado por la desgracia de la pérdida de Quirón, Zeus, el padre de los dioses, lo colocó en el firmamento donde instituyó la constelación de Sagitario.

 

Imagen de un onocentauro segun el bestiario de San Petersburgo donde es definido como un animal monstruoso mitad asno y mitad hombre En cualquier caso las caracteristicas biopsiquicas de su comportamiento son las mismas que las del centauro En su mano sujeta una serpiente representante de la lujuria y de lo femenino para el cristianismo medieval y su actitud no parece particularmente violenta

Imagen de un onocentauro según el bestiario de San Petersburgo donde es definido como un animal monstruoso mitad asno y mitad hombre. En cualquier caso las características biopsíquicas de su comportamiento son las mismas que las del centauro. En su mano sujeta una serpiente, representante de la lujuria y de lo femenino para el cristianismo medieval, y su actitud no parece particularmente violenta.

 

Sin embargo debemos distinguir entre el Sagitario zodiacal y los centauros que habitualmente vemos en el románico, cuyo origen es la mitología griega y donde eran tenidos por seres de raza primitiva y brutal, amantes del vino y las mujeres, al contrario que el caballero medieval que domina sus instintos con la fuerza del espíritu. Así pues, el cristianismo utiliza iconográficamente al centauro como símbolo del desenfreno y las pasiones, el adulterio, la venganza, la fuerza bruta y las tentaciones en general.

 

 

 

Flor

 

Las flores evocan el inicio de un nuevo ciclo de vida vegetal al inicio de la primavera, algo que está siempre presente en todas las culturas. Por analogía es fácil deducir de este hecho constatable y cotidiano que lo material evoca un mundo espiritual con las mismas connotaciones de “renacimiento” a la vida que, en el caso de las distintas religiones y sin excepción, suelen aplicar a sus representaciones artísticas que solemos ver en los templos. La simbología de la flor evoca, por lo tanto, un renacimiento o despertar espiritual para todo tipo de creyentes.

 

 

Canes bajo el alero de la iglesia prerromanica de Santa María de Lebeña en Cillorigo de Liebana Cantabria adornados con flores compuestas de seis petalos alternando con grafismos helicoidales tambien de seis aspas reforzando de esta manera su simbolismo solar

Canes bajo el alero de la iglesia prerrománica de Santa María de Lebeña en Cillorigo de Liébana (Cantabria), adornados con flores compuestas de seis pétalos alternando con grafismos helicoidales también de seis aspas, reforzando de esta manera su simbolismo solar.

 

Es evidente también el uso ornamental de las flores para decorar y embellecer las moradas de los dioses en la tierra que, por lo que respecta al románico, suelen ocupar arcos de puertas y ventanas, cimacios, capiteles, y en ocasiones columnas y basamentos además de cenefas murales.

 

Arquivoltas de la portada de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueba en Cangas de Onis Asturias adornadas con cuatripetalas

Arquivoltas de la portada de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueba en Cangas de Onís (Asturias), adornadas con cuatripétalas.

 

En este sentido ornamental podemos reseñar el “ikebana”, el arte japonés de disponer las flores de tal manera que sus composiciones sean capaces de evocar determinados estados espirituales inducidos por la meditación y atendiendo a un sofisticado esquema ternario en el que la parte superior de la composición corresponde al cielo, la intermedia a los seres vivos, y en particular al hombre, y la inferior a la tierra de donde procede y desde donde se proyecta el mundo vegetal. Los tallos descendentes que se inclinan por el peso de las flores manifiestan la tendencia de la vida que declina, mientras que los ascendentes simbolizan la pujanza vital y la confianza en la divinidad. Con esta estructura básica se desarrolla una inmensa variedad de composiciones complementa con los colores y tamaños correspondientes a cada especie, capaces de provocar estados de ánimo concretos en función de las circunstancias de cada individuo.

 

Composicion floral caracterizada por la distribucion de formas y colores capaces de evocar y modificar estados de animo.

Composición floral caracterizada por la distribución de formas y colores capaces de evocar y modificar estados de ánimo.

 

Subyace en todo ello la constatación de lo efímero e inestable de la belleza que puede expresar una flor y que, por supuesto, es aplicable al ser humano, algo que Lan Ts´ai-ho, la mítica cantora hermafrodita, sexta de los Ocho Inmortales, simbolizaba con una canastilla de flores que llevaba siempre colgada del brazo para contraponer la fugacidad y caducidad intrínseca a los placeres, la belleza y la vida, algo de lo que también se ocupó de forma magistral y contundente Jorge Manrique en las coplas que dedicó a la muerte de su padre.

Algunas flores han tenido significación concreta en muchas culturas. Por ejemplo, la Plumeria rubra o Franchipana era tenida por los mayas como símbolo de la unión sexual y también como grafismo solar en su unión con la luna. El lirio en las culturas occidentales simbolizaba la pureza, la inocencia o la virginidad. También el abandono en las manos de la Providencia, como recuerda Mateo en su discurso evangélico (6, 28-29): “Y del vestido porqué preocuparos. Observad los lirios del campo cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos”. El loto, invulnerable a la suciedad y podredumbre que le rodea, flor que representa el nirvana en el budismo y que es además emblema del sabio, como apunta Tcheu Tuen-yi, maestro del neoconfucionismo, para el que también representa la pureza y al mismo tiempo la firmeza por la rigidez de su tallo, a lo que añade la prosperidad por la abundancia de semillas que produce.

 

Pintura mural de la pared derecha norte de la camara interior de la tumba de Menna, en las necropolis de la orilla oeste de Tebas en la se pueden ver los ramos de loto que recogen entre los marjales las hijas del faraon

Detalle de la pintura mural de la pared derecha norte de la cámara interior de la tumba de Menna, en las necrópolis de la orilla oeste de Tebas, en la se pueden ver los ramos de loto que recogen entre los marjales las hijas del faraón.

 

En la iconografía egipcia el loto abierto significa el renacimiento por lo que su representación abunda en las tumbas tebanas, sobre todo en escenas en las que el dios acerca la flor al rostro del difunto para infundirle nueva vida. En ello subyace un fuerte simbolismo solar y creacional basado en el hecho de que la flor se cierra y se sumerge bajo la superficie de las aguas durante la noche para emerger y volverse a abrir a la salida del sol.

 

Flor de loto ente las ofrendas del faraon en la capilla de Amon Ra en el templo de Seti I el Abydos Egipto

Flor de loto ente las ofrendas del faraón en la capilla de Amón-Ra en el templo de Seti I en Abydos (Egipto).

 

En el capitulo 81 del Libro de los Muertos, que se titula “Fórmula para tomar el aspecto de un loto” se dice: «Palabras dichas por el difunto: Soy el loto puro que emerge llevando al luminoso, el que está unido a la nariz de Ra. Me he sumergido bajo el agua para buscar el ojo de Horus y salgo a la superficie con él. Soy el puro que sale de la pradera pantanosa». Este símbolo invocador de la resurrección está implícito en la perdurable costumbre de depositar flores en las tumbas que, en su origen, sobre todo en la cultura egipcia, no tenía tanto una intención oferente u ornamental, sino que se empleaba más bien como una llamada o apelación a la activación de un nuevo ciclo vital que, en el caso del difunto, se iba a desarrollar en el mundo de ultratumba.

 

Capitel del templo de Isis en la isla de Filae junto a la presa de Asuan Egipto con una magnifica representacion de lotos y papiros

Capitel del templo de Isis en la isla de Filae, junto a la presa de Asuán (Egipto), con una magnífica representación de lotos y papiros.

 

Este simbolismo, propio de religiones solares de dioses masculinos de origen indoeuropeo, perdura en gran medida asentado en la semejanza del disco solar que expande sus rayos en todas las direcciones, como una flor, sobre todo las relacionadas con algunas rosáceas y compuestas, que expanden sus pétalos desde el ovario central de forma radial, modelo iconográfico que será el más empleado con diferencia en el románico.

 

El inicio de la primavera esta marcado por el nacimiento de las flores simbolo del comienzo de un nuevo ciclo vital o espiritual y objeto de regalo tendente a estrechar lazos afectivos

El inicio de la primavera está marcado por el nacimiento de las flores, símbolo del comienzo de un nuevo ciclo vital o espiritual y objeto de regalo tendente a estrechar lazos afectivos.

 

No puedo cerrar este epígrafe sin una alusión al hecho de regalar flores, lo que conlleva una demostración de afecto y que probablemente tiene su origen en la diosa romana Flora, protectora de la naturaleza y de las flores, las cuales utilizaba sobre todo para calmar los ánimos exaltados.

 

 

Frutos

La función del fruto es proteger las semillas y contribuir o ayudar a su dispersión llegado el momento, para lo cual utilizan variados mecanismos dentro del medio ambiente, ya sean aéreos o por intervención animal, el cual deglute el fruto y esparce las semillas en la tierra propiciando su activación. Esto dará lugar a un denso simbolismo que se recoge en la Biblia a lo largo de numerosas citas.

 

Frutos compuestos globosos del tipo de la mora en uno de los capiteles del claustro del Real Monasterio de Santo Domingo de Silos Burgos

Frutos compuestos globosos del tipo de la mora en uno de los capiteles del claustro del Real Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

 

Desde un principio el fruto se convierte en símbolo de la abundancia en todas las culturas. Suele ser representada la Abundancia como una matrona de verde túnica y llevando un cuerno lleno de flores y frutos. Algunos atribuyen el origen de este atributo a la cabra Amaltea, nodriza de Júpiter, y otros a uno de los cuernos arrancados por Hércules de la cabeza de Aquelao que, previamente y para combatir ventajosamente con el héroe, se habría convertido en toro. Hércules arrojó el cuerno lo más lejos que pudo yendo a parar a las manos de las ninfas acuáticas, las cuales se lo ofrecieron a la diosa Copia, protectora de la abundancia y la fertilidad. Finalmente, y por esta razón, el preciado tributo cargado de flores y frutos, pasó a denominarse “cornucopia”, objeto desde entonces muy utilizado como elemento decorativo por etruscos, romanos y demás culturas mediterráneas y con especial relevancia en el Barroco y Renacimiento.

 

Adan y Eva despues de comer el fruto prohibido como lo demuestra el hecho de llevarse la mano a la garganta en uno de los capiteles interiores de Santa Maria de Siones Burgos

Adán y Eva después de comer el fruto prohibido, como lo demuestra el hecho de llevarse la mano a la garganta, en uno de los capiteles interiores de Santa María de Siones (Burgos).

 

También desde la literatura clásica y de manera genérica, los frutos han simbolizado los deseos sensuales y terrestres, y desde un punto de vista más individualizado, algunos de ellos se han convertido en símbolos de vicios y pecados o virtudes, según los casos, como por ejemplo la mítica manzana, famosa por su protagonismo en el episodio del Paraíso terrenal donde le fue ofrecida a Eva por la serpiente para desgracia general, aunque la Biblia no llega a especificar el tipo de fruto, pero su aspecto redondo o esférico muy parecido al fruto mencionado hizo decantar la tradición en esa dirección. A ello hay que añadir los antecedentes mitológicos de la no menos conocida “manzana de Discordia”, diosa que no fue invitada a las bodas de Tetis y Peleo, motivo por el que se enfadó bastante, también debido en parte a su mal carácter. Discordia lanzó una manzana entre las divinidades invitadas al banquete con la inscripción “para la más hermosa” lo cual ocasionó una disputa terrible entre Juno, Minerva y Venus. Para que la cosa no pasara a mayores Zeus las mandó, acompañadas de Júpiter, a visitar a Paris, famoso por su equidad y neutralidad, y éste decidió que Venus era la más hermosa y por lo tanto dueña de la manzana. Juno y Minerva juraron vengarse de Paris y entonces se organizó la de Troya, pero esta es otra historia.

Además la manzana es símbolo de la inmortalidad cuando crece en el jardín de las Hespérides y es de oro puro. La manzana del Cantar de los Cantares, en cambio, representa el alimento espiritual y rejuvenecedor. Pero finalmente prevalecerán las consecuencias nefastas de este fruto ambivalente, uno de cuyos lados representa el predominio de los valores terrenales y el otro los espirituales, razón por la cual se obliga a la primera pareja a elegir después de conocer el bien y el mal, peligro que Yahveh no está dispuesto a consentir.

 

De nuevo frutos compuestos en este caso protegidos por hojas en otro de los capiteles del claustro de Silos Burgos

De nuevo frutos compuestos, en este caso protegidos por hojas, en otro de los capiteles del claustro de Silos (Burgos).

 

También la granada es fruto de doble dirección. En la Grecia antigua era atributo de Hera y Afrodita, así que no es difícil adivinar su relación con la fecundidad de los seres vivos. Pero también con el sentimiento de culpa por abuso de los placeres terrenales, como en el caso de Perséfone, hija de Ceres y Júpiter, seducida por el dulzor de una granada que un efebo, probablemente Plutón (pero nadie se atreve a asegurarlo habida cuenta de la larga lista de pretendientes de la diosa), le dio a paladear en los mismos infiernos. Pero allí no se podía probar bocado porque el castigo consistía en la imposibilidad de volver al mundo de los vivos, así que Perséfone se vio obligada a llorar en el hombro de su madre y ésta intercedió ante el mismísimo Zeus que, ablandado por la exuberancia de Ceres, consintió en dejarla salir de allí vez en cuando.

En cuanto al cristianismo, el simbolismo de la fecundidad es trasladado al terreno de lo espiritual por los padres de la Iglesia para hacer de la granada trasposición mística de la propia Iglesia y así, del mismo modo que la dura corteza de este fruto protege los granos en su interior, así también la Iglesia protege a sus creyentes.

Según regiones y culturas, el higo representa alternativamente la ciencia religiosa, razón por la que muchos eremitas lo tenían como alimento preferente; para los chinos la higuera representa la inmortalidad; es el árbol de Vishnu y Shiva en la India y está asociado con el culto a la serpiente –fuerza creadora y fecundante–. Con las hojas de la higuera, casualmente, se hacen Adán y Eva, pudorosos y contritos, unos taparrabos después de comer el fruto prohibido inducidos por la pérfida serpiente que, en las culturas matriarcales de la Vieja Europa, representa a la Madre Tierra.

 

Cenefa con racimos de uvas decorando la fachada exterior de la ermita prerromanica de Quintanilla de las Viñas Burgos

Cenefa con racimos de uvas decorando la fachada exterior de la ermita prerrománica de Quintanilla de las Viñas (Burgos).

 

En cuanto a las uvas, que es el fruto de la vid, suelen predominar los aspectos positivos. No es necesario recordar que el vino va terminar convirtiéndose en la sangre de Cristo, y en otras culturas símbolo de la vida eterna, e incluso hay tradiciones que hacen de la vid el auténtico árbol del paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva. No obstante, las connotaciones negativas o etílicas también son de todos conocidas: Hacen perder el control de la mente, parte sustancial que nos diferencia de los animales. Por lo tanto y como siempre, los frutos son buenos o malos según su posición dentro del contexto iconográfico que les rodea, aunque a veces se erigen en protagonistas en las cestas de un capitel, cenefa, cimacio o arquivolta como protagonista único.

 

Dos arboles en sendos capiteles del lado derecho de la portada de la iglesia de Santa Maria de Siones Burgos Las piñas evocan la eternidad no solo por su dureza sino tambien por ser el fruto de un arbol de hoja perenne

Dos árboles en sendos capiteles del lado derecho de la portada de la iglesia de Santa María de Siones (Burgos). Las piñas evocan la eternidad no solo por su dureza sino también por ser el fruto de un árbol de hoja perenne.

 

 

Fuego

 

Ilustracion de la Biblia Legionensis de la Real Colegiata de San Isidoro de Leon  Un personaje igneo sopla para separar las aguas y permitir el paso del pueblo hebreo

Ilustración de la Biblia Legionensis de la Real Colegiata de San Isidoro de León. Un personaje ígneo sopla para separar las aguas y permitir el paso del pueblo hebreo.

 

El fuego, uno de los cuatro elementos del sistema cuaternario, suele ser en muchas religiones una manifestación de la divinidad. Por ejemplo en el caso del hinduismo y como se dice en la Gita (4,25): “Brahma es idéntico al fuego”. Lo mismo ocurre en el mazdeísmo. En el cristianismo todo el mundo recuerda el pasaje del Éxodo (14, 24) cuando “llegada la vigilia matutina miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró la confusión entre sus filas”. También es de todos conocida la liturgia del fuego en la víspera de Pascua, o las lenguas de fuego de Pentecostés, fuego espiritual que da vida además de purificar.

La purificación del alma consiste básicamente en separarla lo más posible del cuerpo de manera que sea despojada totalmente de las impurezas inherentes a lo físico o material, cosa que es imposible durante la vida en la tierra. Si el alma quiere conseguir una purificación eficaz y efectiva debe de someterse a un proceso.

Con esta finalidad cada religión, ya sea en Oriente como en Occidente, tiene sus formas y maneras características. Por ejemplo en el brahamanismo y en el orfismo el alma debe de someterse a la reencarnación permanente buscando en sucesivas etapas el nirvana definitivo. En Egipto y otras muchas culturas el proceso purificatorio actúa a través de una serie de estadios concéntricos ocupados indistintamente por tres de los cuatro elementos, a saber: aire, agua y fuego. A ello habría que añadir el simbólico jeroglífico egipcio del fuego, que viene a expresar el concepto de vida, salud y calor corporal, trasposición de energía espiritual.

 

Estela funeraria de Quinto Minicius Faber procedente de Fossano y conservada en el Museo Arqueologico de Turin Dos animales marinos representan el elemento agua donde habra de purificarse el alma de Minicius

Estela funeraria de Quinto Minicius Faber procedente de Fossano y conservada en el Museo Arqueológico de Turín. Dos animales marinos representan el elemento agua donde habrá de purificarse el alma de Minicius.

 

Desde el punto de vista iconográfico el proceso purificatorio se puede comprobar, por ejemplo, en muchas lápidas funerarias romanas en las que el alma, normalmente representada por un ave, sale del cuerpo del difunto dispuesta a elevarse en el aire (representado por dos vientos que soplan); o a sumergirse en el agua (representada por dos tritones marinos, o delfines; o a introducirse en el fuego (simbolizado por dos leones afrontados).

 

Detalle del timpano de la portada de la abadia de Santa Fe de Conques Un condenado es expuesto en el infierno a la accion del fuego por un demonio que lo sujeta firmemente

Detalle del tímpano de la portada de la abadía de Santa Fé de Conques. Un condenado es expuesto en el infierno a la acción del fuego por un demonio que lo sujeta firmemente.

 

Pero no hay que olvidar al fuego como agente destructor en la escatología cristiana, sobre todo en el infierno tradicional, donde arde, pero sin destruir o regenerar, para extender eternamente el tormento, que es aplicado sin contemplaciones a los condenados con el fin de aumentar cualitativamente el castigo.

Y no solamente en el infierno, también el fuego es empleado por Yahveh para destruir o castigar a su pueblo, como proclama el profeta Jeremías en su cuarta lamentación l (4, 11): “Yahveh ha apurado su furor, ha derramado el ardor de su cólera, dio fuego a Sión y ha devorado sus cimientos”.

 

Ilustracion de la Biblia Legionensis ilustrando la cuarta lamentacion del profeta Jeremias en la que se describe la ciudad de Sion arrasada por Yahveh con fuego devorador

Ilustración de la Biblia Legionensis ilustrando la cuarta lamentación del profeta Jeremías en la que se describe la ciudad de Sión arrasada por Yahveh con fuego. devorador.

 

Del conjunto de todo este contenido simbólico se nutre todo el folklore y los rituales relacionados con el fuego (hogueras de san Juan, iluminación de los árboles de navidad, fuegos de artificio que inauguran o clausuran fiestas populares, por no hablar de las popularmente conocidas fallas valencianas). Todo ello tiene que ver con la evocación del calor y la luz del sol no solo como iluminación espiritual sino también como fuerza purificadora o destructora de las fuerzas del mal que podríamos sintetizar en la contraposición de la luz con la oscuridad y en el hecho de trascender o sublimar o exaltar la condición humana.

Hay sólo 1 comentario.

  1. Cecilia Pietras dice:

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