ROMÁNICO

VIAJES

Jesús Herrero Marcos
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07 Bonka, una perrita de la ONCE

Clara tiene una amiga inglesa. Se llama Alice y fue una de las primeras personas en España que tuvo un perro de la Organización Nacional de Ciegos, en este caso una hembra dedicada a la reproducción.

Como eran amigas se veían a menudo y congeniaban totalmente, a pesar de que Alice era más bien de manga ancha en todo y Clara más bien espartana. Pero tenían una cosa en común y es que ambas sentían debilidad por todo lo relacionado con la ecología, lo natural y la solidaridad con el prójimo.

Alice pinta animales maravillosamente bien y da clases de inglés, y de eso vive, y Clara es escultora y, además, educadora de disminuidos psíquicos en un centro de la Comunidad de Madrid.

Un buen día Clara fue a ver a Alice y se encontró la casa llena de cachorros saltando por el sofá y haciendo pises por el parquet, así que, apoyada sobre la puerta de la cocina, tenía a mano la fregona en evitación de males mayores. A Clara aquello le hizo gracia y le preguntó a su amiga que le explicase cómo funcionaba eso de los perros de la ONCE. Naturalmente recibió en el acto un aluvión de información, pero con tal pasión que Clara empezó a pensar en tener uno de esos cachorritos durante un año para educarlo y, posteriormente devolverlo a la Fundación ONCE del Perro Guía para luego, después de un período determinado, dedicarlo a guiar a un invidente.

Cuando se decidió a aceptar el compromiso, que fue rápidamente, Alice le ayudó a conseguir un cachorrito, entre otras cosas porque tenía muchas amigas en la ONCE, lo cual facilitó mucho la operación. En apenas unos días, un joven trabajador de la organización, se presentó en su casa con Bonka, una cachorrita Labradora de pelaje entre blanco y dorado, una colchoneta, un saco de comida, dos cuencos para el agua y el pienso, un collar, una correa y un flamante peto amarillo en el que podía leerse “Futuro perro guía” con letras negras y gracias al cual Bonka podría entrar en todas partes sin excepción. No es necesario decir que la perrita era guapa y provocaba los instintos de protección de cualquiera, porque precisamente esa frágil belleza es la contribución de la naturaleza para proteger a sus criaturas, sean animales o humanos, de los humanos animales, aunque no siempre lo consigue.

 

Dibujo al pastel de Gwendoline Taylor

Dibujo al pastel de Gwendoline Taylor.

 

Como Clara era organizada en sus costumbres, enseguida enseñó a Bonka la principal, o sea, a bajar al parque para hacer sus cosas, y luego a comer a la hora exacta en el sitio indicado y a dormir en la cocina, aunque en esto último se saltó las recomendaciones del instructor y le puso la colchoneta al lado de su cama. No se puede dejar a semejante criatura sola en medio de la oscuridad de la noche y separada de su madre desde su primer mes de vida, pensó Clara.

Como Bonka era más lista que el hambre aprendió todo enseguida y, con lo importante ya dominado, empezó a ir a todos los sitios con Clara. Al principio el peto amarillo le venía un poco grande y le quedaba incluso cómico, pero eso mismo era lo que despertaba aún más el interés de la gente.

Bonka fue rápidamente enseñada a viajar en autobús, en metro y en tren, a subir las escaleras mecánicas de los grandes almacenes y tiendas, a pasear entre multitudes, para lo cual fue llevada expresamente por Clara a varias manifestaciones multitudinarias, sobre todo la que se organizó cuando los animales de Eta asesinaron a Miguel Ángel Blanco con absoluta frialdad. También entró Bonka en varios conciertos de la RTVE, cosa que le costó algún mosqueo por parte de algún conserje ignorante, lo cual se solucionó rápidamente con la exhibición que Clara hizo de la legislación vigente que siempre llevaba a mano en el bolso debidamente fotocopiada. Algo parecido a lo que le pasó en algún que otro museo nacional. En cambio en el Museo del Prado, una vigilante solícita que vio entrar a Clara con Bonka, salió corriendo por una puerta para reaparecer, unos segundos más tarde, con un cuenco de agua para la perrita porque hacía mucho calor y la pobre iba con la lengua fuera, según dijo. En el Thyssen un vigilante se acercó a Clara por detrás y le dijo al oído que “si todos los visitantes se portaran como el perro él perdería su empleo”, lo cual dejó a Clara más ancha que un ocho y correspondió con una sonrisa. La verdad es que era admirable ver a Bonka con su pelo reluciente sentada delante de los cuadros sin perder detalle, casi con interés de experta, y luego, al más mínimo movimiento de Clara, desplazarse hacia la siguiente obra para volver a repetir la operación.

Lo que más le costó a Bonka fue eso de no comer todo lo que se encontraba por el suelo en la calle, sobre todo en el parque en el que, de vez en cuando, había trozos de pan de las meriendas de algunos niños que se habían cansado del bocadillo. Pero eso se acabó un día en que Clara le pegó una bronca monumental por hacer caso omiso de las normas. Agachó las orejas, gimió levemente y no hubo más.

Fue dramático el día en que Clara y Bonka tuvieron que separarse porque se había cumplido ya el tiempo asignado y la perrita tuvo que iniciar su período de adiestramiento para ser entregada a un usuario unos meses más tarde.

Hay sólo 1 comentario.

  1. Floyd Fermo dice:

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