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07 Diccionario de símbolos – G

Gilgamesh, Utnapishtim y Noé

 

Gilgamesh en un relieve conservado en el museo Pushkin de San Petersburgo

Gilgamesh en un relieve conservado en el museo Pushkin de San Petersburgo.

 

Gilgamesh, rey de Uruk, que normalmente es representado sujetando un león en cada brazo, es descrito por la mitología clásica como un rey tirano que sojuzga sin piedad a su pueblo. Anu, el dios supremo, y Aruru deciden intervenir para contrarrestar la injusticia y para ello modelan con arcilla a Enkidu, una especie de doble del rey. Enkidu, al contrario que Gilgamesh, vive en plena naturaleza dedicado a proteger los animales y librarlos de los cepos de los cazadores. El rey se entera de su existencia y decide anularle, para lo cual le envía una bella mujer con el encargo de atraerle a la ciudad de Uruk, cosa que consigue con facilidad.

 

El patron iconografico de el señor de los animales es tan universal que podemos constatar su presencia en casi todas las culturas historicas Esta representacion proviene de Nigeria y se conserva en los fondos africanos del British Museum

El patrón iconográfico de “el señor de los animales” es tan universal que podemos constatar su presencia en casi todas las culturas históricas. Esta representación proviene de Nigeria y se conserva en los fondos africanos del British Museum.

 

Durante el camino empieza a enterarse de la situación terrible que vive el pueblo y al llegar a Uruk Enkidu se enfrenta a Gilgamesh. Tras una larga lucha el combate termina en una extraordinaria amistad. Ambos deciden matar juntos a Humbaba, un peligroso gigante que habitaba un bosque desde el que lanzaba ataques a los humanos en forma de inundaciones e incendios. Tras hacer una ofrenda a los dioses acecharon al gigante y cuando éste estaba desprevenido le atacaron y le cortaron la cabeza. Para celebrarlo Gilgamesh se viste con sus mejores galas despertando con ello el deseo de la diosa Ishtar. Pero Gilgamesh la rechazó despreciativo, lo que ocasionó la ira de la diosa. En venganza le mandó el Toro Celeste con la intención de aniquilarlo, pero Enkidu se interpuso y mató a su vez al toro. Sin embargo Enkidu supo a través de un sueño que había irritado a los dioses gravemente y debía pagar la afrenta con su vida.

Gilgamesh lloró desconsoladamente la muerte de su amigo y horrorizado ante el cadáver decide buscar a toda costa el árbol de la vida que le ha de proporcionar la inmortalidad para Enkidu. Para ello va en busca de Utnapishtim que había sobrevivido al diluvio universal y conocía el secreto de la vida eterna. Lo encontró en los montes Mashu después de un complicado viaje por caminos prohibidos a los mortales. Siduri, otro de los personajes del poema épico, le aconseja disfrutar de los placeres terrenales porque nunca iba a poder alcanzar la inmortalidad. Aun así le indicó el camino que debía seguir. Encontró a finalmente a Utnapishtim y le ayudó a cruzar en su barca las aguas de la muerte, pero le impuso la prueba de no dormir durante siete días y siete noches, prueba que no superó y con ello le demostró que la inmortalidad no está al alcance de los humanos. A pesar de todo Utnapishtim le regala una planta espinosa que podría resucitar a Enkidu, pero el héroe, en su viaje de vuelta, se quedó de nuevo dormido y una serpiente le robó el tesoro. Resignado, Gilgamesh regresó, y como aun arrastraba la pena por la muerte de Enkidu, Nergal, dios de los infiernos, le permitió ver a su amigo unos breves instantes. Enkidu le describirá entonces la desolada existencia de los muertos en uno de los pasajes más bellos y profundos de la literatura mitológica universal:

– Gilgamesh: Dime amigo mío cómo son las cosas del mundo inferior que has visto.

– Enkidu: No te las diré amigo mío. Si te contara las cosas del mundo inferior que he visto te sentarías a llorar.

– G.: Está bien, me sentaré y lloraré.

– E.: Este cuerpo, amigo mío, que te gustaba tener cerca, lo roen los gusanos como a un viejo vestido. Este cuerpo, amigo mío, como una oquedad está cubierto de polvo.

 

El arca de Noe en una de las ilustraciones del Libro de horas de Carlos V conservado el la Biblioteca Nacional

El arca de Noé en una de las ilustraciones del Libro de horas de Carlos V conservado el la Biblioteca Nacional.

 

Utnapishtim le revela a Gilgamesh cómo los dioses decidieron enviar un diluvio para castigar los crímenes de los humanos. Ea, dios que dominaba sobre el abismo de las aguas, le informó de la catástrofe y le dio instrucciones para construir un arca cuadrada (“que su anchura y su longitud sean iguales”), e introducir en ella todas sus pertenencias y todas las especies vivas de animales, aconsejándole despreciar los tesoros pero guardar en cambio el vino, soplo de vida. La lluvia y la tempestad se desataron durante siete días con sus noches. Al llegar al séptimo día se apaciguó la tempestad y cesó el diluvio. Entonces Utnapishtim hizo salir una paloma del barco que regresó de nuevo, y luego una golondrina que también regresó porque tampoco había encontrado donde posarse. Finalmente soltó un cuervo que ya no volvió. Luego dejó salir a todos los animales de la nave y realizó un sacrificio a los dioses.

De este relato acerca del diluvio se conocen más de ochenta versiones autóctonas además del relato de Gilgamesh y el bíblico, y a ello habría que añadir dos versiones, una sumeria y otra acadia más o menos completas y muy parecidas en cuanto a detalles. Por todo ello es fácil deducir que los distintos relatos responden a una catástrofe real que incluso se ha llegado a datar y localizar, gracias a las estratificaciones geológicas, en una época de grandes terremotos coincidentes entre la zona norte del mar de Mármara y el mar Negro, en los límites del denominado “marco helénico”.

 

Capitel del claustro de la Real Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar Cantabria donde se representa a Daniel en el foso de los leones ambas fieras sumisas a sus pies gracias a la ayuda divina explicitada por los dos angeles situados sobre los leones

Capitel del claustro de la Real Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar (Cantabria), donde se representa a Daniel en el foso de los leones, ambas fieras sumisas a sus pies gracias a la ayuda divina explicitada por los dos ángeles situados sobre los leones.

 

La iconografía cristiana suele utilizar habitualmente símbolos procedentes de otras culturas particularmente cuando son potentes como es el caso de Gilgamesh representado, como dije, sujetando sendos leones para visibilizar su fuerza descomunal. Es el dominador de las bestias, un patrón iconográfico muy utilizado por muchas culturas (particularmente caldeas preisraelitas) para mostrar el poder de la divinidad y que en el románico lo podremos ver en ocasiones en la figura de Daniel en el episodio bíblico del foso de los leones. La referencia a Gilgamesh también es bastante directa en el parteluz del Pórtico de la Gloria, donde se simboliza el árbol de Jessé o árbol de la vida que se asienta sobre los dos leones del zócalo y que Gilgamesh fue a buscar para acceder a la inmortalidad aunque, curiosamente, fue una serpiente, símbolo de las religiones telúricas, la que le privó de devolver la vida a su amigo al robarle la planta milagrosa.

 

Noe juntando a los animales para introducirlos en el arca antes del diluvio en una ilustracion perteneciente al Bestiario de San Petersburgo

Noé congregando a los animales para introducirlos en el arca antes del diluvio en una ilustración perteneciente al Bestiario de San Petersburgo.

 

En el caso de Noé, aunque no es un patrón iconográfico habitual en la escultura románica salvo en el caso de los bestiarios medievales, donde suele representarse en las primeras páginas, puede decirse que su inclusión en el relato bíblico, procedente de culturas anteriores obviamente, tiene particularidades más que suficientes para cubrir todas las necesidades narrativas y de carácter moralista de los libros mitológicos y sagrados de muchas religiones.

 

 

Grial

 

El Templo del Santo Grial cuadro de Wilhelm Hauschild relacionado con una de las escenas de la opera de Richard Wagner Lohengrin donde el Grial representa al Espiritu Santo

“El Templo del Santo Grial”, cuadro de Wilhelm Hauschild relacionado con una de las escenas de la ópera de Richard Wagner “Lohengrin”, donde el Grial representa al Espíritu Santo.

 

En la mitología caballeresca medieval el Grial, la supuesta copa o vaso que utilizó Jesucristo en la Última Cena con la que comenzó su pasión y muerte, es un objeto que, con el paso del tiempo, ha ido adquiriendo un cierto carácter sobrenatural en los ámbitos religiosos iniciáticos. Sus especiales y asombrosas cualidades pasan por las cercanías de lo apotropaico o justiciero, según los casos, y con él se accede a la inmortalidad y a la iluminación espiritual, lo cual hace a su poseedor poco menos que invencible.

Pero evidentemente nadie lo posee o lo ha poseído nunca, por lo que la carga mística y mítica del legendario objeto se vuelca por lógica en su búsqueda denodada. En ello ha acompañado y contribuido la literatura fantástica, podríamos decir, y una no pequeña cantidad de películas, artes ambas en las que muchas veces se hace caja a costa del misterio y el morbo, conceptos y matices que tiñen evidentemente al objeto en cuestión, así como a otros muchos amuletos pretendidamente milagrosos que emanan su poder de la ignorancia generalizada, cosa que algunos listos utilizan en beneficio propio. Ingenuidad y misterio siempre han propiciado buenos negocios.

 

Capitel del claustro romanico de San Juan de la Peña con la representacion de la Ultima Cena

Capitel del claustro románico de San Juan de la Peña con la representación de la Última Cena.

 

El cáliz de la Última Cena que empleó Jesucristo, donde según la tradición el vino que contenía fue convertido simbólicamente en su propia sangre que más tarde iba a ser derramada para limpiar los pecados de la humanidad y, debido fundamentalmente a esto, pasó a convertirse en objeto de culto especial y más tarde objeto de búsqueda obsesiva por parte de los más iluminados, que daban por hecho que estaban en las mejores condiciones espirituales para encontrarlo, condiciones que obviamente no estaban al alcance de la mayoría, o eso consideraban en un alarde no exento de soberbia por su parte.

 

Caliz mozarabe de san Geraldo finales del siglo X perteneciente al tesoro de la catedral de Braga

Cáliz mozárabe de san Geraldo (finales del siglo X) perteneciente al tesoro de la catedral de Braga.

 

De la famosa copa original se pierde la pista casi inmediatamente, como es lógico tratándose de un objeto común en la vajilla de cualquier casa, sea esta pudiente o desheredada. Y ahí empieza la historia alocada de su rastreo, tanto desde un punto de vista meramente arqueológico como espiritual o místico. En cualquier caso, y desde el punto de vista de los buscadores nobles y acomodados, lo que se buscaba era un cáliz de oro puro cuajado de piedras preciosas (¡qué menos se podría pedir para tan señalado objeto!) y para los más realistas un simple vaso de cerámica o barro cocido y sin adornos como mucho, algo más plausible para cualquiera con algo de sentido común o conocimientos históricos o etnográficos, amén de un entendimiento más ajustado a la ortodoxia evangélica.

 

Pintura mural del Panteon de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro de Leon con la representacion de los apostoles Felipe y Bartolome en la Santa Cena

Pintura mural del Panteón de los Reyes en la Colegiata de San Isidoro de León con la representación de los apóstoles Felipe y Bartolomé en la Santa Cena.

 

Históricamente la búsqueda ha resultado inútil a pesar de las reivindicaciones o declaraciones más o menos interesadas relacionadas con su posesión, que no son pocas y, por supuesto, bastante comparables a las de otras reliquias no menos importantes o significativas como por ejemplo las astillas de la cruz de Cristo (el famoso “lignum crucis”) o las espinas de su corona que probablemente, si fueran reunidas todas y correctamente ensambladas, darían para recomponer varios ejemplares completos de todos estos objetos más o menos milagrosos, reduciendo el asunto a un mero objetivo comercial como se dijo

Como consecuencia del fracaso de las pesquisas y ante la imposibilidad de obtener resultados veraces sobre la existencia del Grial, los más listos o coherentes o místicos, optaron por adaptar todo a una búsqueda espiritual de la perfección, la pureza y demás cosas por el estilo, totalmente alejadas de lo material o de cualquier asomo de interés posesivo.

 

Caldero de Dagda

Caldero celta de Dagda.

 

A pesar de todo lo dicho, el Grial tiene claros antecedente culturales en algunos mitos de la religiosidad celta, como es el caso del caldero de Dagda, donde se encuentra la lanza mágica, el cual debe de estar permanentemente lleno de sangre porque de lo contrario la lanza se activaría causando la muerte a su alrededor. Es un vaso de poder de donde emana la soberanía mística. Exactamente igual que el Grial con respecto a la sangre de Cristo. Del mencionado caldero celta así como del cáliz cristiano emana la vida, sobre todo la espiritual, porque finalmente se impuso la tradición mística de que solo podían tener acceso a él, o a la sangre de Cristo en el caso del Grial, los puros de corazón, lo cual es lo que viene a reflejar toda la literatura de tendencia romántica, legendaria o mística, uno de cuyos ejemplos más conocidos se centra en la búsqueda del Grial por parte de los caballeros de Arturo, a su vez reflejada en la ópera de Lohengrin, caballero del Grial de Richard Wagner (estrenada en el año1850) y posteriormente en la de Parsifal (estrenada en el año 1882), así mismo relacionada con las aventuras de este caballero en pos del cáliz de Cristo. Chrétien de Troyes (siglo XII) fue el primer autor en mencionar por primera vez el asunto en su inacabada obra “Perceval, el Cuento del Grial”.

 

Pintura mural de San Clemente de Tahull con la Virgen sosteniendo el Grial

Pintura mural de San Clemente de Tahull con la Virgen sosteniendo el Grial.

 

En el cuadro de Wilhelm Hauschil “El templo del Santo Grial” el vaso sagrado desprende una luz intensa sobre la que levita la paloma del Espíritu Santo. Es un destello que también se refleja en algunas pinturas murales del románico, como por ejemplo la de San Clemente de Tahull, conservada actualmente en el Museo de Nacional de Arte de Cataluña. La Virgen sostiene en su mano izquierda, velada por el protocolario respeto de rigor, el Grial, del que se desprenden unos rayos de luz simbolizando la presencia en el cáliz de la sangre de Jesucristo que, centrado en el nivel iconográfico superior, proclama “Ego sum lux mundi”.

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