ROMÁNICO

VIAJES

Jesús Herrero Marcos
Cerrar

08 Dos perros y un gato

Juana es una chica normal salvo en lo de los animales. Se queda con cualquiera que aparente abandono o segregación, sea grande o pequeño, blanco o negro, cojo o corredor. No importa su estampa.

Ahora mismo tiene dos perros: Atila es grandote, rubio y listo y ladra lo justo de vez en cuando para que se sepa que está, porque a pesar de su tamaño apenas se nota su presencia. Tiza es hembra y negra de capa, color del que proviene su nombre precisamente, porque uno de los vicios de Juana es llevarle la contraria a todos y a todo, sobre todo a Luis, su marido, al cual se le ocurrió comentar imprudentemente al adoptarla que estaría bien llamarla Tinta, como la tinta china negra. A Juana le faltó tiempo para practicar el contraste de pareceres y el resultado fue que la perrita se llamó Tiza, como la tiza blanca que se empleaba para escribir en las pizarras de los “coles” antiguamente.

Luego está Lápiz que es el gato y su nombre no se sabe de dónde viene o al menos nadie lo recuerda. Juana ya ha avisado que el próximo que se la cruce se llamará Folio, que es lo único que la falta para escribir. Lápiz es joven y juguetón y practica revolcones y carantoñas con Atila y Tiza, con quienes se lleva estupendamente, hasta el punto en que a veces les roba comida, motivo por el cual alguna vez se ha llevado un puntapié de Atila, naturalmente sin consecuencias.

 

Dibujo al pastel de Gwendoline Taylor

Dibujo al pastel de Gwendoline Taylor.

Pero un mal día se vio drásticamente interrumpida tanta armonía porque a Juana le salió un pequeño sarpullido en los brazos y el médico, después de las pruebas pertinentes, le comunicó que se trataba de una alergia al pelo de gato. Y claro, Juana lloró y se desesperó porque no estaba dispuesta a deshacerse de Lápiz tan fácilmente, ni por las buenas ni por las malas. Pero no tuvo más remedio que hacer caso a Luis y decidieron, más bien a regañadientes, llevar al gato a casa de los padres de Juana, los cuales vivían en el Escorial en un espacioso chalet ubicado en las laderas del Abantos. Los padres aceptaron encantados la idea porque ya conocían a Lápiz de otras veces y aceptaron quedarse con él. Así que un fin de semana se lo llevaron junto con Atila y Tiza, y luego se fueron unos días de vacaciones a la playa para ahogar las penas en agua salada y espumas marinas, cosa que consiguieron sin mayores dificultades, al menos aparentemente. Acabadas las vacaciones volvieron a casa, bajaron las maletas del coche, las deshicieron, se ducharon y mientras Juana preparaba la cena Luis bajó al contenedor de la calle a tirar la basura.

Con la bolsa ya en el contenedor y cuando se daba la vuelta hacia el portal oyó un “miau” lastimero, casi un SOS desgarrador. Giró la cabeza y allí, asomando la cabeza debajo de un coche aparcado, vio un gato agazapado, sucio, despeluchado y con algunas heridas que le miraba fijamente, y de pronto se le vino a la cabeza todo el problema de la alergia de Juana. Pero como estaba dispuesto a olvidarlo a toda costa se fue a casa. No se sabe muy bien porqué pero en un acto inconsciente cogió el teléfono y llamó a su suegro para preguntar por los animales. Al parecer todos bien, pero Lápiz había desaparecido hacía más de una semana y a pesar de buscarle por todas partes, incluido el monte, no había aparecido todavía. No les habían dicho nada para no preocuparles y sobre todo porque aún tenían esperanzas de encontrarle.

Entonces Luis le dijo a Juana que Lápiz había desaparecido de casa de sus padres pero que él sabía dónde estaba. Cogió el cuenco de Lápiz, lo llenó de leche y se fue de nuevo a la calle. Y cuando llegó junto al contenedor de las basuras confirmó que ese gato sucio e irreconocible era Lápiz, sobre todo porque cuando olió la leche lanzó dos “miaus” potentes que solo daba él cuando veía el cuenco lleno. Lo cogió en brazos lo acarició y se lo llevó a Juana. A Juana se le olvidó lo de su alergia en el acto, se lo arrebató a Luis y le abrazó entre lágrimas mientras juraba que nunca más se desharía de él pasara lo que pasara. Curarle las heridas, lavarle y quitarle garrapatas y demás parásitos llevó un tiempo. Digamos que no fue fácil, a excepción de los dos primeros días que Lápiz se los pasó comiendo y durmiendo y dejándose hacer o, mejor dicho, rehacer.

Lápiz recorrió al menos cincuenta kilómetros en línea recta hasta su casa; más si consideramos que la línea no debió ser muy recta. Se supone que cruzó la autopista de la Coruña al menos una vez; no se sabe lo que comió o no comió, aunque se sospecha que no mucho; debió de tener más de una reyerta en el camino a juzgar por las heridas y, por la misma razón, también se supone que debió de cruzar varias vallas o alambradas y otros obstáculos que dejaron marcas y trasquilones en su pelaje que, ahora ya, después de varios días a salvo, vuelve a relucir como siempre, negro, dorado y blanco como el sol sobre el mar.

Tampoco se sabe la razón por la que Juana no ha vuelto a tener problemas de alergia a causa del pelo de Lápiz, a pesar de que éste no se separa de ella para nada. Tal vez haya que buscar en los laberintos más recónditos del cerebro, donde se dice que residen los sentimientos y cosas por el estilo, para obtener alguna respuesta plausible. Incluso puede que Tiza y Atila lo sepan, pero se lo callan.

Hay sólo 1 comentario.

  1. Albert Pelikan dice:

    Heya! I just wanted to ask if you ever have any problems with hackers? My last blog (wordpress) was hacked and I ended up losing a few months of hard work due to no backup. Do you have any solutions to prevent hackers?

    http://www.borvestinkral.com/

Deja un comentario

Introduce tus datos para iniciar sesión.