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12 Diccionario de símbolos – M

Madre Tierra

 

Fachada oeste de la colegiata de Santa Maria de Piasca en Cantabria Dos mascaras de cuyas bocas salen los dos fustes centrales y que evocan a la Madre Tierra flanquean significativa y subsidiariamente la imagen de la Virgen con el Niño en sus brazos la otra Gran Madre adoptada por el cristianismo

Fachada oeste de la colegiata de Santa María de Piasca en Cantabria. Dos máscaras de cuyas bocas salen los dos fustes centrales y que evocan a la Madre Tierra, flanquean significativa y subsidiariamente la imagen de la Virgen con el Niño en sus brazos, la otra Gran Madre adoptada por el cristianismo.

 

La religiosidad “telúrico-mistérica” tiene su origen en la sacralización de lo agrario como resultado de la intervención de la diosa Madre Tierra y su poder fecundativo que se extenderá a todo lo que se mueva sobre la superficie de la tierra, incluido, por supuesto, el hombre. Por lo tanto es una divinidad “terrestre” con numerosas advocaciones dependiendo de cada cultura (Demeter, Isis, Cibeles, etc.).

 

Capitel sobre columnas pareadas en la fachada sur de la iglesia parroquial de San Julian y Santa Basilisa en la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre Monumento Historico Artistico desde el 3 de junio de 1931 En el capitel se representan tres mascaras de la Madre Tierra rodeadas de filamentos vegetales que salen de sus bocas

Capitel sobre columnas pareadas en la fachada sur de la iglesia parroquial de San Julián y Santa Basilisa en la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre (Monumento Histórico Artístico desde el 3 de junio de 1931). En el capitel se representan tres máscaras de la Madre Tierra rodeadas de filamentos vegetales que salen de sus bocas.

 

En el románico la Madre Tierra suele representarse con la forma de una máscara un tanto monstruosa, a veces con cuatro o seis filamentos vegetales que afloran de su boca en ambas direcciones, aunque también podría interpretarse que salen por un lado y regresan por el otro en clara significación de lo escatológico. Los cuatro o seis mechones de cabello, en ocasiones erizado, hacen referencia a los cuatro puntos cardinales o a los seis días genesíacos respectivamente. En ocasiones también puede representarse mordiendo con sus fauces enormes el comienzo de la columna sustituyendo al capitel.

 

Diosa de las serpientes una de las advocaciones de la Madre Tierra procedente del palacio de Minos Cnosos en Creta Actualmente se conserva en el Museo Arqueologico de Heraclion

Diosa de las serpientes, una de las advocaciones de la Madre Tierra, procedente del palacio de Minos (Cnosos) en Creta. Actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Heraclion.

 

En Creta hay numerosos ejemplos de las diferentes advocaciones de la diosa según sus funciones específicas, como por ejemplo la “diosa de las serpientes”, la “señora de las bestias”, la “madre de las montañas” y otras muchas, al estilo de las muy variadas en el cristianismo con respecto a la Virgen María.

Las religiones celestes de origen indoeuropeo y semita (con dioses masculinos), al entrar en contacto con las diosas de la Vieja Europa se ven de alguna manera obligados a aceptar el carácter telúrico femenino de su religiosidad, habida cuenta sobre todo de su potente carga cultural y cultual, de manera que con el paso del tiempo incluyen en sus estructuras teológicas la presencia de lo femenino, pero en el caso del cristianismo no como diosa, sino como “madre” de la divinidad. En otras culturas, en cambio, las divinidades se asocian de forma más natural en “familias”, formando, por ejemplo en Egipto, las famosas “tríadas”, las cuales se articulan con un padre, una madre y un hijo (Isis, Osiris y Horus).

 

Arranque de la arquivolta de la portada sur de la iglesia de Santa Maria del Azogue en Benavente Zamora

Arranque de la arquivolta de la portada sur de la iglesia de Santa María del Azogue en Benavente (Zamora).

 

El cristianismo consiguió, incluyendo a la Virgen como “Madre de Dios”, mantener sus características patriarcales, lo cual, a efectos de igualdad de género, hoy tan vigente, evitó en gran medida el problema de perder adeptos, entre otras razones. Quedan, no obstante, muchas costumbres, fiestas y folclore en general de carácter telúrico aún vigentes, como el uso de las flores como adorno particular de muchas Vírgenes, por ejemplo la del Pilar, o fiestas y romerías con origen en el mundo agrario, sobre todo para propiciar la lluvia o ahuyentar las sequías, o celebrar el inicio de la siembra o la cosecha final.

El animal representativo para la manifestación de la diosa es la serpiente, la cual posee características zoológicas paralelas al proceso vegetativo del mundo agrícola (invierno/letargo, primavera/resurgimiento y muda de piel). No obstante las representaciones teofánicas de la Madre Tierra cambian en el cristianismo drásticamente hacia lo negativo considerando a la serpiente como símbolo demoníaco que engaña a Eva en el paraíso terrenal o, en ocasiones, siendo aplastada por los pies de la Virgen y, ya de forma más contundente, incluyendo al ofidio en el patrón iconográfico de la lujuria en el que la figura de la mujer, además, es representada con características claramente repugnantes y rechazables.

 

Es corriente tambien ver en muchas ilustraciones de codices máscaras evocadoras de la diosa extendiendo sus decorativos tallos vegetales En este caso se trata del comienzo del libro IV Historia Turpini del Codex Calistinus

Es corriente también ver en muchas ilustraciones de códices, máscaras evocadoras de la diosa extendiendo sus decorativos tallos vegetales. En este caso se trata del comienzo del libro IV, Historia Turpini, del “Codex Calistinus”.

 

La serpiente es la encarnación de la Madre Tierra porque, más que ningún otro ser viviente, está en contacto permanente con la tierra de donde sale y por donde se desplaza arrastrándose. Siempre fue considerada por esta razón hija de la tierra (tellus), telúrica y, en consecuencia, venerada en representación de diosas como Hécate, hija de Júpiter, divinidad bienhechora que tiene el destino de la tierra en sus manos; o Ceres, la Demeter romana, hija de Saturno, que enseñó a los humanos a cultivar la tierra y sembrar el trigo, lo que hizo que sus cultos, de carácter mistérico, estuvieran muy arraigados culturalmente en el área mediterránea; o Cibeles, diosa de origen frigio y luego adoptada en el mundo clásico, considerada como personificación de la fertilidad de la tierra y Señora de las Bestias. Toda esta potente carga cultural influye claramente en el mantenimiento iconográfico y conceptual de la divinidad femenina por excelencia de la Vieja Europa en el románico.

 

 

 

 

Mano

 

 

Tres manos en negativo sobre fondo soplado con pigmentos rojos de la epoca Gravetiense en el Paleolitico Superior Las manos no son un motivo iconografico frecuente La mayor concentracion esta en las cuevas de Gargas y Tibiran en Francia en España en Maltravieso Caceres y en El Castillo y Altamira Cantabria

Tres manos en negativo sobre fondo soplado con pigmentos rojos de la época Gravetiense en el Paleolítico Superior. Las manos no son un motivo iconográfico frecuente. La mayor concentración está en las cuevas de Gargas y Tibiran en Francia, en España en Maltravieso (Cáceres) y en El Castillo y Altamira (Cantabria).

 

La mano, la parte más gráfica en representación del “todo”, denota una presencia real, algo que queda fuera de toda posible interpretación cuando nos enfrentamos a la conciencia de la propia identidad, como es el caso de la presencia de manos ya desde el Paleolítico Superior, sobre todo en la etapa del Gravetiense, que es cuando parece que se documentan oficialmente. Al margen de interpretaciones, que no sobrepasan la categoría de especulación, sobre la intencionalidad de estas manos pioneras como motivo iconográfico y simbólico, o de su técnica de realización, o de la simple necesidad de probar materiales y pigmentos, la mano define una clara actividad mental que manifiesta la existencia de lucidez con respecto a la conciencia de ser y estar. Y esto tan sencillo e incuestionable es la base primaria o básica sobre la que ha de asentarse la interpretación de las distintas representaciones iconográficas en la historia del arte.

En hebreo “iad” significa “mano” y “poder”, lo cual da más pistas para tener en cuenta otro de los conceptos asociados a la mano. Algo que también va asociado al de “propiedad” como se demuestra en la gran cantidad de palabras compuestas en la literatura clásica que hacen referencia a este hecho (manumisión, manípulo, manufactura, manuscrito, manutención, etc).

En Egipto el jeroglífico que expresa el concepto de “oración” o invocación es un grafismo horizontal, representando la línea de los hombros con dos manos en posición vertical en los extremos dirigidas hacia la divinidad. En Israel, para vencer a los amalecitas, Moisés se ve obligado a mantener sus brazos extendidos hacia el cielo para apelar a la intervención de Yahveh y sí poder ganar la batalla (Éxodo 17, 11-12): Mientras Josué combatía contra Amalec, «Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte. Y sucedió que mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec. Se le cansaron las manos a Moisés y entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre ella mientras Aarón y Jur le sostenían las manos uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada».

 

En el santuario de las hachas dobles en el ala este del palacio de Knossos se encontraron muchas estatuillas de la diosa con los brazos alzados y un ave de caracter solar en el tocado En este caso se trata de una figura de ceramica pintada que se conserva en el Museo Arqueologico de Heraclion en Creta y esta datada entre el 1400 1500 a C

En el santuario de las hachas dobles, en el ala este del palacio de Knossos, se encontraron muchas estatuillas de la diosa con los brazos alzados. y un ave de carácter solar en el tocado. En este caso se trata de una figura de cerámica pintada que se conserva en el Museo Arqueológico de Heraclión en Creta y está datada entre el 1400-1500 a. C.

 

En las distintas religiones las manos son una manera fácil de conocer las características de su origen; por ejemplo, las posturas orantes de las religiones de carácter solar siempre están dirigidas hacia lo alto, es decir hacia las divinidades que habitan moradas celestes. Estas posturas orantes pueden combinarse con otras de carácter telúrico marcando una dirección terrestre, por ejemplo posicionando una rodilla en tierra, o combinando esta posición con las manos alzadas o una mano hacia la divinidad celeste y la otra dirigida hacia la tierra, como sucede en las danzas derviches.

 

Pintura reconstruida parcialmente procedente del palacio de Cnosos representando una escena con portadores oferentes de copas en procesion donde los orantes señalan con los brazos la direccion ritual hacia la divinidad solar a la que dirigen sus manifestaciones o suplicas La sacerdotisa o diosa esta en la misma postura con vestiduras rituales 1500 1400 a C

Pintura reconstruida parcialmente procedente del palacio de Cnosos representando una escena con portadores oferentes de copas en procesión donde los orantes señalan con los brazos la dirección ritual hacia la divinidad solar a la que dirigen sus manifestaciones o súplicas. La sacerdotisa o diosa está en la misma postura con vestiduras rituales. (1500 – 1400 a. C.).

 

En el románico las posturas orantes con las manos dirigidas hacia lo alto se siguen manteniendo porque aún persisten las costumbres y rituales paganos anteriores y al cristianismo le conviene mantener vigentes los puntos de referencia iconográfica reconocibles para todo el mundo, y muy particularmente si van complementados con grafismos de carácter solar, como los relacionados con el “Sol Invencible” de los romanos que hacen reconocible a Cristo como “Luz del Mundo”. Algo que no es ajeno a la apropiación de la fiesta del 25 de diciembre desde el siglo IV, fiesta en honor de la divinidad solar, desde entonces asociada a Cristo.

 

Pintura mural en el Panteon de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro de Leon con la representacion del Pantocrator y sobre el en la parte superior la Dextera Domini hacia la que se dirigen suplicantes las manos de dos personajes

Pintura mural en el Panteón de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro de León con la representación del Pantocrátor y sobre él, en la parte superior, la “Dextera Domini” hacia la que se dirigen, suplicantes, las manos de dos personajes.

 

La mano de Dios, la “dextera Domini”, habida cuenta de todo lo dicho, es la representación, a través de una de sus partes más significativas, de la propia divinidad. Con la mano Yahveh decide qué ofrendas le son agradables, como cuando elige el cordero de Abel y rechaza las espigas de Caín, determinando las características solares y patriarcales de su pueblo. Elige un modo de vida pastoril y nómada y rechaza la vida sedentaria propiciada por el mundo agrícola, más apegado a la tierra.

 

Metopas y canecillos en la fachada oeste de la iglesia de la abadia de San Quirce Burgos con la representacion del momento de las ofrendas de Cain izquierda y Abel derecha La mano de Yahveh señala sus preferencias sobre el cordero de Abel

Metopas y canecillos en la fachada oeste de la iglesia de la abadía de San Quirce (Burgos), con la representación del momento de las ofrendas de Caín (izquierda) y Abel (derecha). La mano de Yahveh señala sus preferencias sobre el cordero de Abel.

 

La mano de Dios decide, manda, impone el camino cuando sujeta con su mano el libro de la doctrina en cuya portada se lee “Ego sum lux mundi”, es la mano de la divinidad que ejerce su poder y manifiesta su trascendencia celeste y que suele aparecer en la iconografía románica en la parte superior de la escena emergiendo casi siempre entre líneas onduladas que representan las nubes o la morada celestial. Es la mano que trasmite la vida y que aparece en los extraordinarios frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano.

 

En el centro de las pinturas de Miguel Angel en la Capilla Sixtina del Vaticano la mano de Yahveh transmite la vida a la mano inerte de Adan

En el centro de las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano, la mano de Yahveh transmite la vida a la mano inerte de Adán.

 

 

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