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12 Diccionario de símbolos – M

Madre Tierra

 

Fachada oeste de la colegiata de Santa Maria de Piasca en Cantabria Dos mascaras de cuyas bocas salen los dos fustes centrales y que evocan a la Madre Tierra flanquean significativa y subsidiariamente la imagen de la Virgen con el Niño en sus brazos la otra Gran Madre adoptada por el cristianismo

Fachada oeste de la colegiata de Santa María de Piasca en Cantabria. Dos máscaras de cuyas bocas salen los dos fustes centrales y que evocan a la Madre Tierra, flanquean significativa y subsidiariamente la imagen de la Virgen con el Niño en sus brazos, la otra Gran Madre adoptada por el cristianismo.

 

La religiosidad “telúrico-mistérica” tiene su origen en la sacralización de lo agrario como resultado de la intervención de la diosa Madre Tierra y su poder fecundativo que se extenderá a todo lo que se mueva sobre la superficie de la tierra, incluido, por supuesto, el hombre. Por lo tanto es una divinidad “terrestre” con numerosas advocaciones dependiendo de cada cultura (Demeter, Isis, Cibeles, etc.).

 

Capitel sobre columnas pareadas en la fachada sur de la iglesia parroquial de San Julian y Santa Basilisa en la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre Monumento Historico Artistico desde el 3 de junio de 1931 En el capitel se representan tres mascaras de la Madre Tierra rodeadas de filamentos vegetales que salen de sus bocas

Capitel sobre columnas pareadas en la fachada sur de la iglesia parroquial de San Julián y Santa Basilisa en la localidad burgalesa de Rebolledo de la Torre (Monumento Histórico Artístico desde el 3 de junio de 1931). En el capitel se representan tres máscaras de la Madre Tierra rodeadas de filamentos vegetales que salen de sus bocas.

 

En el románico la Madre Tierra suele representarse con la forma de una máscara un tanto monstruosa, a veces con cuatro o seis filamentos vegetales que afloran de su boca en ambas direcciones, aunque también podría interpretarse que salen por un lado y regresan por el otro en clara significación de lo escatológico. Los cuatro o seis mechones de cabello, en ocasiones erizado, hacen referencia a los cuatro puntos cardinales o a los seis días genesíacos respectivamente. En ocasiones también puede representarse mordiendo con sus fauces enormes el comienzo de la columna sustituyendo al capitel.

 

Diosa de las serpientes una de las advocaciones de la Madre Tierra procedente del palacio de Minos Cnosos en Creta Actualmente se conserva en el Museo Arqueologico de Heraclion

Diosa de las serpientes, una de las advocaciones de la Madre Tierra, procedente del palacio de Minos (Cnosos) en Creta. Actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Heraclion.

 

En Creta hay numerosos ejemplos de las diferentes advocaciones de la diosa según sus funciones específicas, como por ejemplo la “diosa de las serpientes”, la “señora de las bestias”, la “madre de las montañas” y otras muchas, al estilo de las muy variadas en el cristianismo con respecto a la Virgen María.

Las religiones celestes de origen indoeuropeo y semita (con dioses masculinos), al entrar en contacto con las diosas de la Vieja Europa se ven de alguna manera obligados a aceptar el carácter telúrico femenino de su religiosidad, habida cuenta sobre todo de su potente carga cultural y cultual, de manera que con el paso del tiempo incluyen en sus estructuras teológicas la presencia de lo femenino, pero en el caso del cristianismo no como diosa, sino como “madre” de la divinidad. En otras culturas, en cambio, las divinidades se asocian de forma más natural en “familias”, formando, por ejemplo en Egipto, las famosas “tríadas”, las cuales se articulan con un padre, una madre y un hijo (Isis, Osiris y Horus).

 

Arranque de la arquivolta de la portada sur de la iglesia de Santa Maria del Azogue en Benavente Zamora

Arranque de la arquivolta de la portada sur de la iglesia de Santa María del Azogue en Benavente (Zamora).

 

El cristianismo consiguió, incluyendo a la Virgen como “Madre de Dios”, mantener sus características patriarcales, lo cual, a efectos de igualdad de género, hoy tan vigente, evitó en gran medida el problema de perder adeptos, entre otras razones. Quedan, no obstante, muchas costumbres, fiestas y folclore en general de carácter telúrico aún vigentes, como el uso de las flores como adorno particular de muchas Vírgenes, por ejemplo la del Pilar, o fiestas y romerías con origen en el mundo agrario, sobre todo para propiciar la lluvia o ahuyentar las sequías, o celebrar el inicio de la siembra o la cosecha final.

El animal representativo para la manifestación de la diosa es la serpiente, la cual posee características zoológicas paralelas al proceso vegetativo del mundo agrícola (invierno/letargo, primavera/resurgimiento y muda de piel). No obstante las representaciones teofánicas de la Madre Tierra cambian en el cristianismo drásticamente hacia lo negativo considerando a la serpiente como símbolo demoníaco que engaña a Eva en el paraíso terrenal o, en ocasiones, siendo aplastada por los pies de la Virgen y, ya de forma más contundente, incluyendo al ofidio en el patrón iconográfico de la lujuria en el que la figura de la mujer, además, es representada con características claramente repugnantes y rechazables.

 

Es corriente tambien ver en muchas ilustraciones de codices máscaras evocadoras de la diosa extendiendo sus decorativos tallos vegetales En este caso se trata del comienzo del libro IV Historia Turpini del Codex Calistinus

Es corriente también ver en muchas ilustraciones de códices, máscaras evocadoras de la diosa extendiendo sus decorativos tallos vegetales. En este caso se trata del comienzo del libro IV, Historia Turpini, del “Codex Calistinus”.

 

La serpiente es la encarnación de la Madre Tierra porque, más que ningún otro ser viviente, está en contacto permanente con la tierra de donde sale y por donde se desplaza arrastrándose. Siempre fue considerada por esta razón hija de la tierra (tellus), telúrica y, en consecuencia, venerada en representación de diosas como Hécate, hija de Júpiter, divinidad bienhechora que tiene el destino de la tierra en sus manos; o Ceres, la Demeter romana, hija de Saturno, que enseñó a los humanos a cultivar la tierra y sembrar el trigo, lo que hizo que sus cultos, de carácter mistérico, estuvieran muy arraigados culturalmente en el área mediterránea; o Cibeles, diosa de origen frigio y luego adoptada en el mundo clásico, considerada como personificación de la fertilidad de la tierra y Señora de las Bestias. Toda esta potente carga cultural influye claramente en el mantenimiento iconográfico y conceptual de la divinidad femenina por excelencia de la Vieja Europa en el románico.

 

 

 

 

Mano

 

 

Tres manos en negativo sobre fondo soplado con pigmentos rojos de la epoca Gravetiense en el Paleolitico Superior Las manos no son un motivo iconografico frecuente La mayor concentracion esta en las cuevas de Gargas y Tibiran en Francia en España en Maltravieso Caceres y en El Castillo y Altamira Cantabria

Tres manos en negativo sobre fondo soplado con pigmentos rojos de la época Gravetiense en el Paleolítico Superior. Las manos no son un motivo iconográfico frecuente. La mayor concentración está en las cuevas de Gargas y Tibiran en Francia, en España en Maltravieso (Cáceres) y en El Castillo y Altamira (Cantabria).

 

La mano, la parte más gráfica en representación del “todo”, denota una presencia real, algo que queda fuera de toda posible interpretación cuando nos enfrentamos a la conciencia de la propia identidad, como es el caso de la presencia de manos ya desde el Paleolítico Superior, sobre todo en la etapa del Gravetiense, que es cuando parece que se documentan oficialmente. Al margen de interpretaciones, que no sobrepasan la categoría de especulación, sobre la intencionalidad de estas manos pioneras como motivo iconográfico y simbólico, o de su técnica de realización, o de la simple necesidad de probar materiales y pigmentos, la mano define una clara actividad mental que manifiesta la existencia de lucidez con respecto a la conciencia de ser y estar. Y esto tan sencillo e incuestionable es la base primaria o básica sobre la que ha de asentarse la interpretación de las distintas representaciones iconográficas en la historia del arte.

En hebreo “iad” significa “mano” y “poder”, lo cual da más pistas para tener en cuenta otro de los conceptos asociados a la mano. Algo que también va asociado al de “propiedad” como se demuestra en la gran cantidad de palabras compuestas en la literatura clásica que hacen referencia a este hecho (manumisión, manípulo, manufactura, manuscrito, manutención, etc).

En Egipto el jeroglífico que expresa el concepto de “oración” o invocación es un grafismo horizontal, representando la línea de los hombros con dos manos en posición vertical en los extremos dirigidas hacia la divinidad. En Israel, para vencer a los amalecitas, Moisés se ve obligado a mantener sus brazos extendidos hacia el cielo para apelar a la intervención de Yahveh y así poder ganar la batalla (Éxodo 17, 11-12): Mientras Josué combatía contra Amalec, «Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte. Y sucedió que mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec. Se le cansaron las manos a Moisés y entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre ella mientras Aarón y Jur le sostenían las manos uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada».

 

En el santuario de las hachas dobles en el ala este del palacio de Knossos se encontraron muchas estatuillas de la diosa con los brazos alzados y un ave de caracter solar en el tocado En este caso se trata de una figura de ceramica pintada que se conserva en el Museo Arqueologico de Heraclion en Creta y esta datada entre el 1400 1500 a C

En el santuario de las hachas dobles, en el ala este del palacio de Knossos, se encontraron muchas estatuillas de la diosa con los brazos alzados y con un ave de carácter solar sobre el tocado. En este caso se trata de una figura de cerámica pintada que se conserva en el Museo Arqueológico de Heraclión, en Creta, datada entre el 1400-1500 a. C.

 

En las distintas religiones las manos son una manera fácil de conocer las características de su origen; por ejemplo, las posturas orantes de las religiones de carácter solar siempre están dirigidas hacia lo alto, es decir hacia las divinidades que habitan moradas celestes. Estas posturas orantes pueden combinarse con otras de carácter telúrico marcando una dirección terrestre, por ejemplo posicionando una rodilla en tierra, o combinando esta posición con las manos alzadas o una mano hacia la divinidad celeste y la otra dirigida hacia la tierra, como sucede en las danzas derviches.

 

Pintura reconstruida parcialmente procedente del palacio de Cnosos representando una escena con portadores oferentes de copas en procesion donde los orantes señalan con los brazos la direccion ritual hacia la divinidad solar a la que dirigen sus manifestaciones o suplicas La sacerdotisa o diosa esta en la misma postura con vestiduras rituales 1500 1400 a C

Pintura reconstruida parcialmente procedente del palacio de Cnosos representando una escena con portadores oferentes de copas en procesión donde los orantes señalan con los brazos la dirección ritual hacia la divinidad solar a la que dirigen sus manifestaciones o súplicas. La sacerdotisa o diosa está en la misma postura con vestiduras rituales. (1500 – 1400 a. C.).

 

En el románico las posturas orantes con las manos dirigidas hacia lo alto se siguen manteniendo porque aún persisten las costumbres y rituales paganos anteriores y al cristianismo le conviene mantener vigentes los puntos de referencia iconográfica reconocibles para todo el mundo, y muy particularmente si van complementados con grafismos de carácter solar, como los relacionados con el “Sol Invencible” de los romanos que hacen reconocible a Cristo como “Luz del Mundo”. Algo que no es ajeno a la apropiación de la fiesta del 25 de diciembre desde el siglo IV, fiesta en honor de la divinidad solar, desde entonces asociada a Cristo.

 

Pintura mural en el Panteon de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro de Leon con la representacion del Pantocrator y sobre el en la parte superior la Dextera Domini hacia la que se dirigen suplicantes las manos de dos personajes

Pintura mural en el Panteón de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro de León con la representación del Pantocrátor y sobre él, en la parte superior, la “Dextera Domini” hacia la que se dirigen, suplicantes, las manos de dos personajes.

 

La mano de Dios, la “dextera Domini”, habida cuenta de todo lo dicho, es la representación, a través de una de sus partes más significativas, de la propia divinidad. Con la mano Yahveh decide qué ofrendas le son agradables, como cuando elige el cordero de Abel y rechaza las espigas de Caín, determinando las características solares y patriarcales de su pueblo. Elige un modo de vida pastoril y nómada y rechaza la vida sedentaria propiciada por el mundo agrícola, más apegado a la tierra.

 

Metopas y canecillos en la fachada oeste de la iglesia de la abadia de San Quirce Burgos con la representacion del momento de las ofrendas de Cain izquierda y Abel derecha La mano de Yahveh señala sus preferencias sobre el cordero de Abel

Metopas y canecillos en la fachada oeste de la iglesia de la abadía de San Quirce (Burgos), con la representación del momento de las ofrendas de Caín (izquierda) y Abel (derecha). La mano de Yahveh señala sus preferencias sobre el cordero de Abel.

 

La mano de Dios decide, manda, impone el camino cuando sujeta con su mano el libro de la doctrina en cuya portada se lee “Ego sum lux mundi”, es la mano de la divinidad que ejerce su poder y manifiesta su trascendencia celeste y que suele aparecer en la iconografía románica en la parte superior de la escena emergiendo casi siempre entre líneas onduladas que representan las nubes o la morada celestial. Es la mano que trasmite la vida y que aparece en los extraordinarios frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano.

 

En el centro de las pinturas de Miguel Angel en la Capilla Sixtina del Vaticano la mano de Yahveh transmite la vida a la mano inerte de Adan

En el centro de las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano, la mano de Yahveh transmite la vida a la mano inerte de Adán.

 

 

 

 

Máscara

 

Raro sera el pais del mundo que no tenga o haya usado mascaras ya sea en danzas rituales o representaciones teofanicas o paganas En La Mascarada de Calpe un autentico museo monografico se conservaba una impresionante coleccion procedente de todos los paises del mundo

Raro será el país del mundo que no tenga o haya usado máscaras, ya sea en danzas rituales o representaciones teofánicas o paganas. En “La Mascarada” de Calpe, un auténtico museo monográfico, se conservaba una impresionante colección procedente de todos los países del mundo.

 

La máscara es un instrumento que ayuda a reconocer y evocar la identidad de un determinado personaje representado por un actor, ya sea en un ritual religioso, danzas sagradas sobre todo, o cualquier otro tipo de representaciones teatrales, ya sean de carácter religioso o profano.

Algunos autores añaden que la máscara, además de ayudar a distinguir la entidad interpretada por el actor, ayudaba también a amplificar el sonido de la voz, en este caso desde un punto de vista mecánico o técnico, es decir, lo que añadía a la máscara el concepto de “hacerse oír”, o “para sonar”, de donde deviene el término “persona”, una característica fundamental para definir la identidad de un individuo que emite un sonido o voz inteligible propia. Ya sea gracias a la parte mecánica o a la caracterización del personaje a través o por medio de la máscara, el término “persona” adquiere carácter metafísico.

 

Mascara de terracota cubierta con gorro frigio de finales del siglo I d C conservada en el museo romano de Merida

Máscara de terracota cubierta con gorro frigio de finales del siglo I d. C., conservada en el museo romano de Mérida.

 

La representación ritual de los grandes mitos religiosos en todas las culturas y la utilización de máscaras son constantes e ininterrumpidas en la historia, desde las culturas orientales a las occidentales y en los cinco continentes. Los actores representan la personalidad y características puntuales de dioses y demonios, vicios y virtudes, personajes buenos y malos con todos sus matices y gradaciones psicológicas, y todos estos personajes representados se ponen, a través de la máscara, en contacto directo con el espectador.

Por otro lado la máscara se coloca delante del rostro y ello oculta la verdadera faz del actor para convertirle un ente anónimo, detalle que no pasa desapercibido en su uso popular. La máscara, por tanto, al encubrir su identidad real elude la responsabilidad del actor, y esto es un ingrediente importante para entender el carnaval donde, al menos en teoría, se relajan las costumbres y la moral con el amparo del anonimato que proporciona la máscara.

 

La teorica máscara de Agamenon fue descubierta por Schliemann en 1876 en la acropolis de Micenas pero estudios posteriores la han datado alrededor del 1500 a C es decir trescientos años antes de que naciera el heroe

La teórica máscara de Agamenón fue descubierta por Schliemann en 1876 en la acrópolis de Micenas, pero estudios posteriores la han datado alrededor del 1500 a. C., es decir, trescientos años antes de que naciera el héroe.

 

Esto en el caso del carnaval, pero también en una gran cantidad de fiestas populares en las que se utilizan disfraces para caracterizar a determinados personajes, sobre todo de carácter expiatorio, en el que el clan, tribu o pueblo descarga sus culpas y cargas negativas sobre un personaje que va a recibir el castigo en nombre de la comunidad (botargas, jarramplas, vaquillas, etc.), liberando las conciencias del colectivo para predisponer a afrontar un nuevo ciclo totalmente limpio y renovado.

 

Fiestas de la Vaquilla de Pedrezuela en la sierra de Madrid a medias entre una celebracion de acceso a la mayoria de edad y un ritual de expiacion

Fiestas de la “Vaquilla” de Pedrezuela en la sierra de Madrid, a medias entre una celebración de acceso a la mayoría de edad y un ritual de expiación.

 

El origen estas celebraciones tiene su origen en el Levítico (16, 20-22), donde se explica el ritual en el que el sacerdote escoge un macho cabrío e imponiendo sus manos sobre él hará confesión de todas las iniquidades de los israelitas y de todos sus pecados, y cargándolos sobre la cabeza del chivo, lo enviará al desierto por medio de un hombre dispuesto para ello y lo abandonará a su suerte. Luego lavará sus vestiduras igual que las del hombre que condujo al desierto al chivo en señal de expiación y así podrá incorporarse sin mancha a la comunidad.

 

Mascara de la tapa del sarcofago de Khonsumose del Periodo Intermedio XXI Dinastia entre 1076 943 a C conservada en el Museo Egipcio de Turin

Máscara de la tapa del sarcófago de Khonsumose, del Período Intermedio (XXI Dinastía, entre 1076 – 943 a. C.), conservada en el Museo Egipcio de Turín.

 

También hay máscaras funerarias, las cuales suelen colocarse sobre la cabeza del difunto a modo de retrato, en parte para recordar sus rasgos vitales, pero también para perpetuar su existencia en una hipotética nueva vida y dotar de identidad a la momia, sobre todo en el caso de Egipto, donde la conservación del cuerpo y los rasgos físicos del difunto eran muy importantes para garantizar su vida en ultratumba.

 

 

 

 

Medusa

 

Cabeza de Medusa sobre un escudo conservado en el Museo Romano de Mérida Extemadura España

Cabeza de Medusa sobre un escudo conservado en el Museo Romano de Mérida (Extemadura, España).

 

La masa gelatinosa y opalescente –a veces con atractivos colores–, de la medusa es común en casi todos los mares. Los largos tentáculos que cuelgan de su cabeza tal vez hizo que los griegos la relacionaran directamente con una de las Gorgonas, tres hermanas monstruosas con sus cabezas cubiertas de agresivas serpientes y sus fauces repletas de afilados dientes. Steno, Euriale y Medusa eran sus nombres. Euriale representaba el pecado de la lujuria, Steno la que envenenaba las relaciones humanas por medio de la envidia, la mentira y la ira y Medusa, la encargada de conducir al hombre, a través de la vanidad, directamente al pecado. Todo aquel que tenía la mala suerte de ver la cabeza de Medusa quedaba petrificado inmediatamente. Medusa, la única mortal de las tres hermanas, había sido anteriormente muy hermosa, pero la diosa Atenea, en castigo por haber cohabitado con Poseidón, la convirtió en el espantoso engendro antes descrito.

Perseo, hijo de Zeus y Danae, dio muerte a Medusa mirando al monstruo reflejado en el escudo que Palas le había proporcionado a tal efecto. Una vez cortada su cabeza, Perseo se la regaló a Minerva.

En cualquier caso y a efectos simbólicos, las serpientes, seres inferiores, invaden la cabeza y substituyen al pelo, que es donde habitualmente reside la fuerza espiritual (como en el caso de Sansón), por lo que queda claro que el mal se aposenta o invade el lugar destinado a la inteligencia y a la voluntad.

 

Canecillo con una medusa bajo los aleros de la fachada sur de la colegiata de San Pedro en Cervatos Cantabria España

Canecillo con una medusa bajo los aleros de la fachada sur de la colegiata de San Pedro en Cervatos (Cantabria, España).

 

A pesar de todo lo dicho, en los primeros años del cristianismo y conocido por simple observación el hecho de que las medusas se desplazan allá donde las lleva la corriente por no tener recursos para cambiar los rumbos a voluntad, fueron circunstancialmente símbolo del alma del justo porque no se opone a los designios de la Providencia, la cual dirige el destino de los seres vivos. No duró mucho esta interpretación moralizante, pues es obvio que, con las mismas premisas, también la medusa podría haber representado al alma que se deja arrastrar por las corrientes que origina el demonio con sus asechanzas.

Por lo demás, hay que añadir que este zoófito invertebrado no es habitual en la iconografía románica. Apenas el ejemplar de la Colegiata de San Pedro de Cervatos, en Cantabria y, desde luego, ni una sola mención o representación en los bestiarios medievales. Lo cual tiene su lógica habida cuenta de la situación de su habitat, un tanto inaccesible para los zoólogos de la época. Además, su efímera duración fuera del agua imposibilitaba prácticamente cualquier estudio a posteriori, no solo físico, sino también en lo referente a sus costumbres y modos de vida que, en último caso, hubieran podido proporcionar argumentos con fines moralizantes, razón principal de la existencia de los bestiarios.

Las pocas referencias literarias que conocemos, aparte de las mencionadas, se dirigen más bien a relacionar a la medusa con el pecado a secas, por lo que su situación en el canecillo consignado.-rodeada de otras representaciones de pecados, en este caso particular el de la lujuria-, encaja perfectamente en el programa iconográfico del edificio.

 

 

 

 

Mito

 

El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli 1445 1510 obra conservada en la Galería Uffizi de Florencia Venus nacio de los genitales del dios Urano cortados por su hijo Saturno y luego arrojados al mar El cuadro no representa exactamente el momento del nacimiento sino el de la llegada de la diosa a la playa montada sobre una gran concha empujada por el soplo de los vientos entre una lluvia de flores En la orilla le espera Primavera con un manto bordado de flores para cubrirla El nacimiento de los dioses en todas las mitologias suele ser casi siempre portentoso y excepcional y tambien en muchas ocasiones un tanto extravagante

“El nacimiento de Venus” de Sandro Botticelli (1445-1510), obra conservada en la Galería Uffizi de Florencia. Venus nació de los genitales del dios Urano cortados por su hijo Saturno y luego arrojados al mar. El cuadro no representa exactamente el momento del nacimiento sino el de la llegada de la diosa a la playa, montada sobre una gran concha y empujada por el soplo de los vientos entre una lluvia de flores. En la orilla le espera Primavera con un manto bordado de flores para cubrirla. El nacimiento de los dioses en todas las mitologías suele ser casi siempre portentoso y excepcional, y también en muchas ocasiones un tanto extravagante.

 

El mito es un relato imaginario, una leyenda, según la traducción literal de la palabra griega. En definitiva una narración más o menos idealizada y fuera del tiempo histórico que es protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.

Cuando el hombre prehistórico comienza a tener conciencia del gran poder de la naturaleza y de las escasas posibilidades de dominar los fenómenos naturales que ponían en peligro su supervivencia (meteorológicos y alimentarios en todas sus variantes), se ve forzado a invocar a esos poderes desconocidos y, por lo tanto, a ritualizar mecanismos oferentes para mantener calmados y favorables a estas fuerzas que poco a poco se fueron denominando y cristalizando como “dioses”. Como consecuencia de esto, el hombre también se ve impulsado a “crear” un relato, literario o plástico, que visualice y justifique la forma, la vida y las costumbres de estos seres superiores. Entonces nace el mito, algo íntimamente ligado a la religión.

El mito es una manera de acceder a lo suprasensible, es decir, a las leyendas sobre el origen de los dioses; a la particular psique de las divinidades, casi siempre coincidente con la humana, tanto en sus aspectos positivos como negativos y a sus actividades en relación con el mundo de los mortales, capítulo en el que hay que incluir la lucha del bien contra el mal con todas sus consecuencias en forma de derrotas o victorias. De todo ello se desprenderá un doctrinario en el que se desarrollarán dogmas de carácter moral o filosófico en el ámbito de lo espiritual.

 

Perseo y Andromeda obra de Charles Andre Van Loo 1705 1765 conservada en el Palacio Madama de Turin Piamonte Italia Andromeda observa despavorida la escena en la que Perseo se enfrenta al monstruo marino al cual iba a ser sacrificada para salvar a su pueblo Andromeda tuvo la temeridad de desafiar a Juno y a las Nereidas en un concurso de belleza Neptuno para aplacar a la diosa envia a un monstruo marino para destruir Etiopia pais de donde era oriunda Andromeda El oraculo de Amon dictamina que esta debia ser entregada al monstruo para evitarlo Las propias Nereidas se encargaron de atarla con cadenas a una roca Cuando el monstruo marino se dispone a devorarla aparece Perseo montado sobre Pegaso y liquida al leviatan Luego Perseo se casara con Andrómeda y terminaran en el firmamento dando nombre a una constelacion junto con Casiopea su madre y reina de Etiopia y Pegaso montura de Perseo La lucha contra un monstruo dragon demonio serpiente hidra o lo que convenga en cada caso y la victoria del heroe o dios sobre la bestia es uno de los mitologemas mas universales y paradigmaticos

“Perseo y Andrómeda”, obra de Charles-André Van Loo (1705-1765), conservada en el Palacio Madama de Turín (Piamonte, Italia). Andrómeda observa despavorida la escena en la que Perseo se enfrenta al monstruo marino al cual iba a ser sacrificada para salvar a su pueblo. Andrómeda tuvo la temeridad de desafiar a Juno y a las Nereidas en un concurso de belleza. Neptuno, para aplacar a la diosa, envía a un monstruo marino para destruir Etiopía, país de donde era oriunda Andrómeda. El oráculo de Amón dictamina que ésta debía ser entregada al monstruo para evitarlo. Las propias Nereidas se encargaron de atarla con cadenas a una roca. Cuando el monstruo marino se dispone a devorarla aparece Perseo montado sobre Pegaso y liquida al leviatán. Luego Perseo se casará con Andrómeda y terminaran en el firmamento dando nombre a una constelación junto con Casiopea, su madre y reina de Etiopía y Pegaso, montura de Perseo. La lucha contra un monstruo (dragón, demonio, serpiente, hidra, o lo que convenga en cada caso) y la victoria del héroe o dios sobre la bestia es uno de los mitologemas más universales y paradigmáticos.

 

No hay cultura que no tenga sus mitos y leyendas y en casi todas hay un amplio temario mítico subyacente que se repite en todas las demás, aunque no coincidan ni el escenario ni el vestuario desde el punto de vista literario o plástico, ni algunas características físicas de los personajes, pero concurrentes desde el punto de vista conceptual. La historia de las artes plásticas y la literatura están llenas de ejemplos paradigmáticos reconocibles y asimilables por todas las culturas.

 

 

 

 

Mitra

 

Fresco del Mitreo de San Marino siglo II d C donde se puede ver al dios sacrificando a un toro Un perro y una serpiente se acerca a lamer la sangre del sacrificado mientras un escorpion atenaza sus testiculos En los angulos de la parte superior el sol y la luna

Fresco del Mitreo de San Marino (siglo II d. C.) donde se puede ver al dios sacrificando a un toro. Un perro y una serpiente se acerca a lamer la sangre del sacrificado mientras un escorpión atenaza sus testículos. En los ángulos de la parte superior el sol y la luna.

 

De origen persa, Mitra es un dios solar por excelencia, dios del sol y de la luz y dueño de la verdad. Como dios solar sus fieles se organizaban en sociedades patriarcales en las que los adeptos excluían a las mujeres en sus reuniones iniciáticas y cenáculos rituales, los cuales tenían un claro matiz hermético y excluyente con respecto a lo femenino. Este aspecto es probable que fuera clave para entender la amplia difusión que tuvo el mitraísmo entre las legiones romanas a partir del siglo I d.C., así como el hecho de ser un dios guerrero y vencedor, títulos que ostentaba como atributos propios.

Para Roma no había ningún problema para aceptar dioses ajenos, al contrario, solía adoptar a todas aquellas divinidades que se iba encontrando en los pueblos conquistados y asimilándolas a su propio panteón, lo cual no dejaba de ser una buena política de pacificación y normalización en la implantación de la vida y las costumbres romanas entre los vencidos, y a su vez también era una manera eficaz de cimentar y consolidar el Imperio, puesto que la nueva religión cohesionaba perfectamente las enormes diferencias étnicas y culturales de tan vasto y heterogéneo Imperio.

En el caso de Mitra la difusión entre las legiones romanas fue rápida y precisamente fueron estas legiones las que expandieron el culto al dios solar en todos los países conquistados. Las fiestas dedicadas a Mitra se celebraban el día en que la luz del sol comenzaba a crecer con respecto a las horas de oscuridad, es decir en el solsticio de invierno, lo cual es lógico sobre todo si nos atenemos a la clave de los ciclos vitales con los que se estructuran en general todas las fiestas relacionadas con las divinidades. En el caso de Mitra, dios del sol y de la luz, el equinoccio de invierno marca el comienzo de un ciclo en auge tras el cual se esconden conceptos simbólicos como renacimiento o resurrección, pues no hay que olvidar que el sol “muere” al atardecer, pero indefectiblemente siempre “renace” al amanecer, lo cual refuerza y sostiene el esperanzador concepto vital.

 

Mitra sacrificando al toro en un relieve conservado en el Museo del Louvre El patron iconografico habitual se repite siempre con apenas variantes

Mitra sacrificando al toro en un relieve conservado en el Museo del Louvre. El patrón iconográfico habitual se repite siempre con apenas variantes.

 

Por las mismas fechas también comienza a tomar cuerpo el cristianismo, el cual es deudor de muchas de las culturas mediterráneas previas como no podía ser de otra manera. Y esto es lo que sucede con el Mitraismo. Siempre se ha dicho que la fecha del 25 de diciembre fue adoptada como fecha del nacimiento de Cristo para aprovechar la inercia festiva de Mitra y de esa manera cualificar a Cristo como “Sol Invictius”, que es como le llamaban los romanos a Mitra. Era lo mejor desde un punto de vista simbólico porque Jesús nacía, como Mitra, cuando la “luz comenzaba a crecer”, y no se nos puede olvidar el “Ego sum lux mundi” que aparece machaconamente reproducido en la iconografía del Pantocrátor. Las coincidencias simbólicas relacionadas con lo solar son evidentes. Finalmente, con la decadencia de Roma también llegó la de Mitra, que poco a poco fue desapareciendo al tiempo que progresaba el mundo cristiano

 

 

 

 

Mono

 

Mono en un canecillo en el muro sur de la iglesia parroquial de la localidad de Bolmir en Cantabria

Mono en un canecillo en el muro sur de la iglesia parroquial de la localidad de Bolmir, en Cantabria.

 

Ágil, burlón, inconstante, ladrón… Por todas estas cosas se le ha tenido al mono, sobre todo en Occidente; y por todo esto, en el cristianismo, el mono terminó siendo animal poco recomendable.

Pero sus comienzos no fueron tan malos. En Egipto el dios Thot era representado habitualmente como ibis o como babuino. Parece ser que la figura del babuino o papión tiene antecedentes en uno de los dioses de las primeras dinastías que fue adorado como El Gran Sabio. Thot inventó la escritura y el lenguaje, por lo que fue patrono de los escribas. Era además el guardián del orden divino y dios de la medicina y estaba considerado como el más sabio de los dioses del panteón egipcio. También Hapi, dios del Nilo, hijo de Horus, era representado a veces como babuino. En cualquier caso era uno de los dioses protectores de las vísceras del difunto, y por eso, a partir del período ramésida, uno de los cuatro vasos canopes –concretamente el que contiene los pulmones y que se coloca orientado al norte–, lleva en su tapadera la cabeza del animal en cuestión.

La sabiduría y la misión de protector fue también común denominador en otras culturas. En Extremo Oriente, y particularmente en China y Japón, el mono representa la sabiduría por contraposición al aspecto físico del hombre que le impulsa, por su perfección, a ser engreído y, por lo tanto a alejarse del sendero del espíritu; generosidad y felicidad son atributos que también le adornan.

En el Tibet, a pesar de reconocer su alocado carácter, lo consideraban su antepasado, entonces solo desde el punto de vista de las leyendas, aunque luego se vio que no andaban lejos de la realidad científica. Nuestro mono tibetano, hijo del cielo y la tierra, acompaña a Huang-Tsang, en su búsqueda de los libros sagrados, como camarada agradable por su buen humor y sus constantes bromas, pero sobre todo para ayudar al héroe con sus potentes conjuros y hechizos, pues es un gran mago.

 

Gran estatua de Hanuman caudillo de los monos a las afueras de la ciudad de Delhi India donde tampoco puede faltar una vaga sagrada

Gran estatua de Hanuman, caudillo de los monos, a las afueras de la ciudad de Delhi (India), donde tampoco puede faltar una vaga sagrada.

 

En la India se repite la historia. Hanuman, caudillo de los monos, es de naturaleza divina, lo que le permite cambiar de aspecto y tamaño a su gusto. Además puede volar en las alas del viento, lo cual le relacionaba bastante con los fenómenos meteorológicos y por esta causa se pensaba que atrapar a un mono era como atrapar al viento y a la lluvia. En la novela de Wu-Cheng (siglo XVI) “Peregrinaje a Occidente”, Hanuman fue obligado por la diosa de la Misericordia a actuar de guía del héroe Tripitaka –en el viaje que éste hizo a la India en busca de las escrituras sagradas del budismo–, a cambio de liberarle del castigo que se le había impuesto por sus fechorías celestes. Nacido de un huevo de piedra, se alimentaba de jugo de jade y era conocido también como So Hou-tzu “el incansable, astuto e indestructible”. A Hanuman se le relaciona además con la abundancia, la felicidad y la fertilidad, razón por la que las mujeres indias, deseosas de asegurar su fecundidad en el matrimonio, se abrazaban desnudas a la estatua de piedra del rey de los monos en un antiguo ritual.

En Japón, en el templo de Nikko, sobre la entrada del Niomon o establo del Caballo Blanco, que era animal sagrado, se representan los conocidos monos en actitud de taparse los ojos, las orejas y la boca, es decir, ni ver, ni oír ni hablar, condiciones o premisas de la felicidad y la sabiduría basadas en la vida interior –que se activa desactivando los sentidos– y en el hermetismo de todo lo sagrado.

 

Mono en un canecillo en el muro sur de la Colegiata de San Pedro en la localidad de Cervatos en Cantabria

Mono en un canecillo en el muro sur de la Colegiata de San Pedro en la localidad de Cervatos, en Cantabria.

 

Pero el hasta ahora signo positivo del mono se torna negativo en una antigua leyenda según la cual los habitantes de la mediterránea isla Pitecusa, la actual Isquia, fueron castigados por Zeus, el padre de los dioses, a parecerse a los hombres pero sin embargo siendo animales a causa de sus desmanes, perjurios y latrocinios. Sus narices fueron aplastadas, llenos de arrugas sus rostros y el cuerpo cubierto de pelo, como cuenta Ovidio en sus “Metamorfosis” y luego repetirán los bestiarios, los cuales atribuyen el nombre de “simia” precisamente a su significado griego: “nariz achatada”. Por esta razón, su imagen, caricatura del ser humano que no pudo llegar a ser, fue considerada en el mundo clásico símbolo de la falsedad, la adulación y la alabanza falsa y engañosa; y en el cristianismo, símbolo del demonio que quiso alcanzar a Dios y se quedó a medias, además de su conocida relación con el pecado de la lujuria. Esta imagen de degradación y de animal caído se verá a veces subrayada cuando le vemos en nuestros capiteles románicos a cuatro patas, o en cuclillas, y con una soga al cuello que le impide incorporarse como un hombre y le obliga a permanecer en tierra, es decir, apartado de toda posibilidad de elevarse o perfeccionarse espiritualmente como el hombre, que mantiene su posición erguida, es decir, sus expectativas de elevación hacia Dios.

En el Fisiólogo se da el caso curioso de la equiparación del mono con el onagro, que habita en los palacios de los reyes. Dice el texto: «…Si el onagro rebuzna doce veces y el simio orina siete, la corte sabe que ha llegado el equinocio, es decir, el momento en que la noche, que es el pueblo pagano, se hace igual que el día, que son los creyentes y profetas…», motivo por el cual ambos animales son considerados como demonios, «…pues avisan de la igualdad de la noche y del día y se alegran…» Estos curiosos argumentos se completan con las razones por las que el mono en particular es acreditado como demonio: «…tuvo principio conocido pues sabemos que fue uno de los arcángeles, pero su fin se desconoce pues no tiene cola; carece de belleza así como de cola, es decir, no tiene fin conocido ni bueno, lo mismo que el diablo…».

San Isidoro añade en sus “Etimologías” la observación de que el mono se alegra mucho con la luna nueva pero se entristece con las siguientes fases lunares. Distingue, además, cinco clases de monos, una de las cuales, los cercopitecos, tiene rabo. Otra de las especies es la de los cinocéfalos que «…son parecidos a los perros en su cabeza y también tienen un rabo largo. Viven en Etiopía solamente y son violentos y feroces en sus saltos, no pudiéndose domesticar. Los esfinges se encuentran también entre los simios; son peludos e inofensivos. También hay otros llamados sátiros, de figura bastante graciosa, que se pasan el tiempo haciendo cosas sin sentido. Por último están los colitricios, de barba en el rostro y de larga cola. Se dejan capturar con facilidad…».

 

Mono en el capitel izquierdo de una de las ventanas absidales de la iglesia de San Martin de Tours en la localidad de Fromista Palencia

Mono en el capitel izquierdo de una de las ventanas absidales de la iglesia de San Martín de Tours en la localidad de Frómista (Palencia).

 

En los bestiarios medievales, además de lo ya dicho, se incorporan algunas notas de Solinio y Plinio, que en casi todos los casos sirven de argumento a la ilustración que acompaña habitualmente al texto. Se trata de la historia de la hembra del mono que da a luz dos crías, a una de las cuales quiere y a la otra no, por lo que es abandonada. Cuando la mona es perseguida por el cazador coge en sus brazos al hijo que ama y huye, pero el otro trepa a su espalda para no ser cazado, por lo que la madre se ve obligada a realizar un esfuerzo excesivo que la impulsa a deshacerse del hijo querido. El esfuerzo resulta inútil, pues finalmente el cazador alcanza a su víctima con una flecha (o venablo, según los bestiarios). Se extrae en ellos la conclusión moralizante de que «…cuando el diablo persigue al hombre, éste debe de optar, si no quiere ser alcanzado, por abandonar a uno de sus hijos, el querido, que es el cuerpo, y quedarse con el otro, que representa el alma, la cual no debe de caer en manos del cazador…».

Al margen del significado del nombre de simia, ya mencionado antes, algunos bestiarios añaden además que simio procede del latín, y viene a significar parecido o similar, porque «…en los monos se observa un gran parecido con el hombre, aunque esto es totalmente falso y más aún si nos referimos a su inteligencia…».

 

 

 

 

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