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Jesús Herrero Marcos
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01 La Prehistoria

Cuando hablamos de la Prehistoria siempre hemos de tener en cuenta que no disponemos de información objetiva directa (documentos escritos) para interpretar o definir las motivaciones que produjeron todo aquello que aparece en los distintos yacimientos susceptible de ser analizado, es decir, todo tipo de objetos fabricados y manipulados sobre distintos materiales (piedra, cerámica, hueso, metal, etc.) y relacionados con la actividad social, venatoria o doméstica, sin olvidarnos, por supuesto, de las representaciones artísticas en sus distintas manifestaciones y soportes.

Contamos de entrada, como hemos dicho, con la ausencia de un lenguaje escrito que nos hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza y múltiples elucubraciones, más o menos vanas, sobre éste extensísimo período de la historia del hombre. Este hecho, unido al no menos importante de la constancia fehaciente de la evolución y existencia de un lenguaje verbal cada vez más amplio y elaborado (aunque todavía insuficiente), lo que implica un desarrollo mental e intelectual capaz de producir conceptos e ideas abstractas y aplicarlos en sus relaciones con el entorno, nos impide también entender con precisión las características y el alcance de su relación con los dioses y diosas, es decir, con aquellos entes de naturaleza inmaterial que escapan a su control y, por lo tanto, producen inseguridad o miedo, o dicho de otra manera, nos impide definir las particularidades de su hipotética religión, hablando en términos generales. Salvando las distancias, es un proceso muy similar al crecimiento intelectual de un niño: A medida que va siendo capaz de incorporar palabras a su vocabulario y de expresarlas verbalmente y por escrito, también va siendo capaz de comprender y elaborar conceptos, de comunicarlos y además de sintetizarlos con dibujos o pinturas. Así pues, ¿en qué estadio evolutivo intelectual se encontraban los grupos que crearon estas imágenes y con qué intenciones lo hicieron? Tal vez la respuesta sería de gran utilidad en la búsqueda del camino correcto.

 

Vulvas grabadas en placas líticas Auriñaciense 30000 a C Abrigo Blanchard Dordoña Francia

Vulvas grabadas en placas líticas. Auriñaciense (30000 a.C.). Abrigo Blanchard, Dordoña (Francia).

 

Dibujar, pintar, grabar o tallar, es decir, expresarse artísticamente, implica una gran capacidad intelectual que, obviamente, tenían ya en el Paleolítico Superior, donde comienzan las primeras manifestaciones de este tipo, como ya vimos. Podríamos considerar, por lo tanto, que aunque no disponemos en esta época de un lenguaje escrito clarificador, sí disponemos de un lenguaje artístico magnífico, aunque éste no sea tan legible en sus significados y pretensiones.

 

Escultura de piedra con una vulva tallada colocada en el frontal de un ara en Lepenski Vir 6000 a C 20 cm Region de Puertas de Hierro Norte del Danubio Yugoslavia

Escultura de piedra con una vulva tallada colocada en el frontal de un ara, en Lepenski Vir. (6000 a.C.). 20 cm. Región de Puertas de Hierro (Norte del Danubio) Yugoslavia.

 

Muchas teorías se han vertido sobre el papel tratando de elucidar los hechos y aun no hay nada concluyente. Pocas pasan por establecer con cierto grado de objetividad parámetros de orden primario, como averiguar el estadio evolutivo psíquico o mental, más o menos aproximado, del que hemos hablado, en que se encontraban nuestros ancestros, lo que sería muy útil para establecer su dependencia, mayor o menor, de los sentimientos religiosos, o dicho de otro modo, de sus necesidades de comunicación y de control hacia los entes superiores y las características y rituales encaminados a estos fines.

Bien es cierto que para esclarecer en parte estas cuestiones disponemos de todo el utillaje antes mencionado y, sobre todo de los grafismos decorativos impresos en estos objetos, además de los grabados y producción pictórica en general que, aun siendo extensa y figurativa, es aun confusa en sus contenidos simbólicos. Todo ello no es poco, pero sí insuficiente por más que tengamos algunas cosas bastante claras.

Para centrarnos en el asunto que nos ocupa, los objetos que a nosotros nos interesan son, sobre todo, los relacionados con la figuración de lo femenino de manera total o parcial.

Lógicamente es difícil datar el comienzo de la presencia espiritual, digámoslo así, y predominancia de la ya descrita Diosa Madre entre las culturas tribales paleolíticas. Y habría que empezar puntualizando que esta presencia en las estructuras sociales se intuye en un reparto igualitario de funciones entre hombres y mujeres (ya entonces), en ese momento imprescindible para facilitar la supervivencia de la especie. Eso parecen demostrar los estudios llevados a cabo en distintos yacimientos europeos sobre los isótopos estables de huesos y dientes humanos, tanto masculinos como femeninos, en los que se aprecia un sistema alimenticio idéntico, así como un régimen de actividad física similar para ambos sexos. Lo mismo cabe decir en lo referente a enterramientos, en los que la falta de pautas rituales relacionadas con el sexo del difunto, indican claramente la ausencia de roles de género en los distintos grupos étnicos.

 

Diosa de Willendorf Paleolítico 30000 20000 a C Ocre rojo sobre caliza 11 cm de alto descubierta en un yacimiento en Krems Baja Austria en 1908 por Josef Szombathy Se conserva en el Naturhistorisches Museum de Viena

Diosa de Willendorf. Paleolítico (30000-20000 a. C. Ocre rojo sobre caliza. (11 cm. de alto); descubierta en un yacimiento en Krems (Baja Austria) en 1908 por Josef Szombathy. Se conserva en el Naturhistorisches Museum de Viena.

 

Por otro lado, podemos constatar que prácticamente desde la aparición de las primeras manifestaciones artísticas, durante el período Gravetiense-Perigordiense en Europa Occidental (28000 al 20000 a.C.), comienzan a producirse una serie de grafismos e imágenes con una evidente carga simbólica cuya lectura, no exenta de complicaciones interpretativas, como queda dicho, nos permiten entrever con cierta nitidez el paisaje cultural del área geográfica comprendida entre las orillas del Atlántico y las estepas rusas. Muchos de estos primeros grafismos, casi geométricos en la mayoría de los casos, tallados, grabados o pintados sobre las propias figuras, o sobre paredes de roca en el interior de las cuevas, o sobre huesos y astas de cuadrúpedos o sobre vasijas rituales, hacen referencia a las características femeninas de la diosa, cuya presencia interesaba entonces resaltar por lo que representaban para la supervivencia general antes mencionada.

 

Reconstruccion de la Diosa de Lespugue Gravetiense Paleolitico Superior entre 26000 y 24000 a C tallada en marfil de mamut Tiene 147 cm de altura Fue descubierta en 1922 por R y S de Saint Perier en la Cueva de las Cortinas en la localidad de Lespugue distrito de Saint Gaudens Alto Garon Francia

Reconstrucción de la Diosa de Lespugue (Gravetiense, Paleolítico Superior entre 26000 y 24000 a. C.), tallada en marfil de mamut. Tiene 14,7 cm. de altura. Fue descubierta en 1922 por R. y S. de Saint-Périer en la Cueva de las Cortinas, en la localidad de Lespugue, distrito de Saint-Gaudens (Alto Garona, Francia).

A pesar de los cambios que se produjeron con la aparición de los dioses masculinos, la cultura matriarcal dejará huellas indelebles, casi a modo de impronta, en todas las sociedades posteriores, incluso en aquellas más contrarias a todo lo relacionado con lo telúrico, donde a veces y de forma semioculta o subrepticia, aflorará en forma de pequeños objetos que, en muchos casos, se convertirán en amuletos protectores contra entidades malignas o simples objetos mágicos capaces de garantizar la fecundidad o fertilidad humana.

 

Diosa de Laussel encontrada en un abrigo rocoso en esta localidad de Dordoña en el sur de Francia Cultura Gravetiense Perigordiense Superior 25000 20000 a C

Diosa de Laussel, encontrada en un abrigo rocoso en esta localidad de Dordoña, en el sur de Francia. Cultura Gravetiense-Perigordiense Superior. (25000-20000 a. C.).

 

La diosa se manifiesta indistintamente bajo variadas apariencias físicas y conceptuales. A veces es la que proporciona la vida y sus representaciones se llevan a cabo a través de la imagen de algunos animales como pájaros, aves acuáticas, carneros, ciervos y, sobre todo, serpientes; también se vinculan a ella algunos grafismos geométricos, como ya dijimos, básicamente “uves”, triángulos y formas aovadas relacionadas con la vulva, el útero e incluso el parto.

 

Figurilla de la gran diosa hallada en la necropolis de Tell de Golemia Ostrov Durankulak Bulgaria 5000 a C

Figurilla de la gran diosa hallada en la necrópolis de Tell de Golemia Ostrov, Durankulak (Bulgaria). 5000 a.C.

 

En otras ocasiones la diosa será percibida no solo como la renovadora de la vida, o como la responsable de propiciar la regeneración del mundo vegetal, con la importancia que esto puede tener para las primitivas sociedades agrícolas, sino también como la dispensadora de muerte, con animales simbólicamente relacionados como el buitre, el búho, el jabalí y el perro; al mismo tiempo se construyen tumbas de corredor con cámaras sepulcrales en forma de útero, imitando con toda fidelidad el aparato reproductor femenino que sintoniza con la Madre Tierra, tal vez tratando de devolver al difunto la vida cuyo origen se encuentra en la tumba-útero de la Gran Madre.

 

Tumba megalitica en la villa de Carrowkeel del IV milenio a C Irlanda del Norte

Planta de una tumba megalítica en la villa de Carrowkeel del IV milenio a. C. Irlanda del Norte.

En todos los casos la diosa fue entendida y venerada no solo a través de éstos animales y signos geométricos, sino también de una gran variedad de figurillas femeninas, talladas de forma que todos los rasgos relacionados con la fertilidad (senos, glúteos, triángulo púbico e, incluso, gestos como el de tener una o las dos manos sobre el vientre), quedarán debida y suficientemente resaltados.

Una de las primeras imágenes conocidas de la diosa fue tallada por uno de los grupos étnicos asentados en la Cueva de los Arroyos de Lespugue (Alto Garona, Francia), de donde procede una magnífica talla de la diosa en marfil de mamut, actualmente conservada en el Museo de l´Homme de París y fechada alrededor del 23000 a. C. dentro del período Gravetiense-Perigordiense. No es casualidad, como ya se dijo, que los santuarios de la diosa se ubicaran en cuevas ya que, no solo eran los refugios naturales del hombre sino que también suponían, de forma inconsciente, un claro paralelismo entre la cueva y el interior de la tierra y de la Madre donde se gesta la vida. En el caso de esta figura de Lespugue, los rasgos femeninos están enormemente sobrevalorados, evidentemente para resaltar los atributos descriptivos de la fertilidad.

De la misma época es la conocida diosa de Willendorf, fechada a su vez en el 21000 a. C., actualmente conservada en el Naturhistorisches Museum de Viena, así como también la diosa de Laussel, representada en estado de gravidez, datada en las mismas fechas que la anterior y encontrada en un yacimiento de Dordoña (sur de Francia), la cual sostiene un cuerno de toro en su mano derecha, también asociado al concepto de fertilidad que, posteriormente, llegará al mundo clásico como “cuerno de la abundancia” sostenido, a su vez, por una matrona de torso descubierto recostada sobre la tierra que representa a la antigua diosa.

De similar aspecto que la anterior es la diosa de Kostienki (Ucrania), con ambas manos sobre el vientre para resaltar, más si cabe, el estado de embarazo que la identifica como diosa de la fertilidad, aspecto éste último que se repite en otra de las figurillas de la diosa hallada en Monpazier (Dordoña), datada entre el 23000 – 20000 a. C.. Está tallada sobre limonita y presenta una enorme vulva que, junto a su abultado vientre, nos induce a pensar en un parto inminente.

 

Figura de diosa de la fertilidad Kurdistan Cultura de Tell Halaf Calcolitico 4600 4400 a C Arcilla con engobe 7 cm de alto

Figura de diosa de la fertilidad. Kurdistán, Cultura de Tell Halaf. Calcolítico (4600-4400 a. C.). Arcilla con engobe, 7 cm. de alto.

 

Podríamos continuar enumerando una gran cantidad de ejemplos más que seguirán produciéndose, con las mismas formas y contenidos simbólicos, hasta bien avanzado el Neolítico, como es el caso de las figuras de diosas de la fertilidad de la cultura de Tell Halaf (Calcolítico, 4600 -4400 a, C.). Nos quedaremos tan solo con algunos de los más significativos con el fin de establecer algunas comparaciones iconográficas y simbólicas de interés en relación con otras culturas y, sobre todo, con la nuestra, de la que no podemos olvidar las expresivas representaciones femeninas del arte levantino, llenas de movimiento y en particular la llamada Venus (Diosa) de la Valltorta (4000–2000 a. C.). (Fotografía en la página 4 de la Introducción)

Es el caso de los objetos y figurillas representando vulvas y falos asociados, incluso éstos sustituyendo la cabeza de las diosas, frecuentes desde el final del período Gravetiense (20000 a. C.) al Magdaleniense (15000–13000 a. C.). La fusión de falos y vulvas en estas pequeñas tallas debieron constituir un mayor poder evocador de las fuerzas vitales implicadas en la fertilidad agraria y humana. Falos bastante habituales, por cierto, en los canecillos de muchas iglesias románicas.

 

Figura antropomorfa tallada en asta de reno en la que se representa la vulva y un largo cuello falico Magdaleniense I II 15000 13000 a C Cueva de Le Placard Charente Francia

Figura antropomorfa, tallada en asta de reno, en la que se representa la vulva y un largo cuello fálico. Magdaleniense I-II (15000-13000 a. C.). Cueva de Le Placard. Charente (Francia).

 

No faltan las escenas de partos, también usuales en el románico, incluso en algunos casos con semejanzas asombrosas, sobre todo si atendemos al hecho de que entre unas y otras median 7000 años de diferencia. Y no es menos notable la semejanza que encontramos entre canecillos románicos y algunas figuras de personajes itifálicos. En concreto una hallada en Larissa (Grecia), probablemente perteneciente a la cultura Dimini (Neolítico Tardío, 5000 a. C.), la cual representa a un personaje masculino que apoya su mano derecha en el rostro y con su izquierda sujeta el falo. Éste reiterativo patrón iconográfico neolítico fue asociado entonces con el personaje del dios Año que venía a simbolizar el renacimiento de la naturaleza o la renovación de la vida.

En cuanto a escenas en las que se representa explícitamente el momento del coito, citaremos la no menos sorprendente figurilla, tallada en caliza, encontrada en el yacimiento de Ain Sakhri (Judea) que se remonta al 11000 a. C., actualmente conservada en el British Museum de Londres.

 

Figura en caliza de una escena de coito Judea Yacimiento de Ain Sakhri 11000 a C Museo Britanico Londres

Figura en caliza de una escena de coito. Judea, Yacimiento de Ain Sakhri (11000 a. C.), Museo Británico. Londres.

 

Lo cual nos induce a constatar, ya desde el Paleolítico Superior, una realidad cultural matriarcal cuyo eje gira alrededor del concepto de fertilidad y renacimiento constante de la vida en términos generales (agraria, animal y humana), y ello produce en el arte una iconografía de la que no se desprenderán el resto de las civilizaciones históricas, y además con una persistencia casi literal en la repetición de los distintos patrones artísticos, al margen, por supuesto, de las correspondientes matizaciones necesarias a tener en cuenta en la interpretación y estudio de su evolución hasta la Edad Media.

Hay sólo 1 comentario.

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