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Jesús Herrero Marcos
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Viajes

Hay tantas maneras de viajar como viajeros, lo cual es como repetir el tópico de que cada uno somos como somos, o sea, distintos a los demás salvo en el caso de los mellizos y derivados.

Unos viajan por placer o descanso después de una interminable temporada de duro trabajo, aunque sea mucho decir. Otros lo hacen porque son millonarios y por lo tanto viajan como signo de distinción, es decir, hoteles caros, yates si hace falta, paraísos soñados y tarjetas oro o black, depende de si el millonario es también otras cosas…

Otros lo hacen con fines culturales o para celebrar algún acontecimiento como aniversarios y cosas por el estilo. Con fines religiosos también lo hacen muchos, por ejemplo en el caso de los viajes a “Tierra Santa” o la Meca, o las peregrinaciones a Santiago, aunque en este último caso los aspectos religiosos se diluyen hacia otras geografías más psicológicas.

También los hay que viajan para huir, de sí mismos o de los demás, depende de las circunstancias de cada cual. Tampoco podemos olvidar a los que viajan para hacer miles de fotos con las que luego torturan a sus amistades en interminables sesiones. De los viajes de trabajo es mejor no hablar, más que nada por no descubrir traiciones con secretarias y otras encerronas de las que se suele salir exhausto. Y por último, no podemos pasar por alto el tipo de viaje más dramático, el de los emigrantes que huyen, ya sea de las condiciones laborales penosas de sus propios países o de las guerras, arrastrando maletas o bultos sin forma definida donde se encierran vidas, fracasos y muertes por cuenta ajena.

Aquí viajaremos para descubrir mundo, relajadamente, en busca de la gente, su cultura, sus ciudades y sus mundos. Solamente.